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Una nación en fiesta


Arrancó el carnaval, el evento que motiva más que ningún otro a los panameños. Esta fecha viene con toda su carga de migraciones internas, de auge económico en regiones que el resto de año viven reprimidas, y de aglomeraciones en las ciudades y en muchos pueblos del interior.
Es una fiesta con mucho de leyenda. Se dice que los istmeños para este tiempo empeñan lo que sea, incluso hasta fluidos corporales, con tal de conseguir algo del dinero extra que se requiere para financiar la celebración. Según monsergas por mucho tiempo sostenidas, muchos embarazos no deseados tienen como telón de fondo el carnaval.
Más allá del mito, la fiesta de Momo es motor de la economía. Es una ocasión más que especial en el año, pues familias enteras se movilizan y consumen. Sólo en la región de Azuero podrían cambiar de manos no menos de cinco millones de balboas en estos cuatro días de julepe y mojadera.
También es uno de los largos paréntesis que muchas veces termina en tragedia. El alcohol y la velocidad se mezclan, y dan como resultado el luto que se toma las vidas de decenas de hogares. Este año, en inédita decisión, la Autoridad del Tránsito promete que confiscará los vehículos a aquellos conductores que se pasen de copas. Esta es una medida que busca reducir al máximo el número de muertes y heridos que, aunque las autoridades jueguen con las cifras como el año pasado, no baja de la decena.
Hay dos puntos que se tornan icónicos para estas fiestas: la ciudad capital y Las Tablas. Es en estos sitios donde se concentra más gente, y las autoridades ponen más esfuerzo para garantizar seguridad y respuestas rápidas en caso de emergencias. Sin embargo, no se debe perder de vista el resto del país, donde también se le rinde culto a Momo, y es necesario estar ojo avizor para que Panamá no pierda a ninguno de los suyos.

101 años de Panamá América

 
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