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¿Una nueva agenda internacional?


EL POSIBLE ascenso y descenso de nuevas fuerzas políticas en los ejes del poder mundial, y la designación por diez años de un nuevo secretario general de la ONU, constituyen oportunidades inéditas, no sólo para intentar una reforma integral de la composición del Consejo de Seguridad de esa organización, pero también para tratar de adelantar un enfoque distinto a los problemas globales, sin sustituir las principales funciones a las que hoy se dedica la Organización.
Si bien, -y así es como debe ser-, la consecución y el mantenimiento de la paz y de la seguridad global seguirán consumiendo una parte considerable del trabajo que haga la ONU y los países miembros, la organización debe tratar de mirar con un nuevo enfoque más sistemático y científico y menos empírico y casual, todo lo relacionado con el mantenimiento del medio ambiente, la conservación de los recursos hídricos y el desarrollo sustentable y sostenible, antes de que un escenario apocalíptico sea la consecuencia de la falta de previsión con la que los humanos tratamos a la naturaleza.
Me refiero a temas ya conocidos y poco considerados a escala global, como los niveles de calentamiento global, el aumento en los niveles de los mares, los peligros del descongelamiento del arco polar, los fenómenos climáticos radicales, como intensas calores, huracanes, fenómeno del niño, tsunamis, terremotos y otros, que golpean la naturaleza con mayor fuerza, la deforestación, la extinción de la selva tropical y sus fuentes medicinales para curar nuevos virus y bacterias, y un largo etcétera vinculado con el alto grado de desprecio con el que el hombre trata a la naturaleza y a su medio ambiente.
Ya no se trata de que nos convenga económicamente, ni de que es necesario a largo plazo para el mantenimiento de los ecosistemas. De lo que se trata es de la aplicación de una ecuación sencilla de sentido común, que nos lleve a la reflexión de que el ser humano se ha constituido en el principal depredador del medio en el que sostiene el desarrollo de su vida y la de sus congéneres.
Para llevar adelante el reposicionamiento de estos temas a escala global, no sólo es necesaria su sistematización, sino también su priorización.
Las cosas de la naturaleza no pasan porque sí, y hay mucho de lo que el hombre puede hacer para evitar las cada vez más destructivas llamadas catástrofes naturales.
No obstante, ello no ocurrirá hasta que los cambios políticos oportunos no ocurran en los espacios de poder correspondientes.
Si los demócratas se constituyen en la fuerza ascendente norteamericana, y una simpática socialista revitaliza la política francesa y con la ayuda de la izquierda italiana hoy en el poder; sobre estas perspectivas políticas, y con el silencio cómplice de las fuerzas conservadoras instaladas en Inglaterra y Alemania, puede ser la ONU el escenario no sólo de una reagrupación formal de fuerzas en su Consejo de Seguridad y un organismo destinado a apagar los fuegos que los problemas de paz y seguridad conllevan, pero también, una organización con vocación para promover esa paz preventivamente con calidad de vida.
Las causas de los incendios son quemas agrícolas, de pastos, de basura, fumadores, prácticas de explosivos, venganzas y vandalismo, entre otras.
La Ley No.1 del 3 de febrero de 1994, por la cual se establece la legislación forestal de la República de Panamá, en su artículo 94 establece multas de hasta B/.50 mil para quienes incumplan las normas sobre incendios forestales.
Mientras que el Código Penal en su artículo 403 señala que aquellas personas que se dediquen a incendiar masas vegetales serán sancionadas con multas de 1 a 3 años de prisión y con 50 a 150 días multa, pena que podrá aumentar de acuerdo con las circunstancias en las que se produjo el incendio y el área afectada.
La resolución de la Junta Directiva No. 05-98 define incendio forestal como aquel provocado por el hombre o por los procesos natuales, que se desarrolla de manera descontrolada y que ocasiona grandes daños a los bosques, ya sean naturales o plantados.
Según la página web de la ANAM, en 1996 se detectaron en Panamá 513 casos de incendios; en 1997, 399; en 1998, 2, 974 y en 1999, 563. Lo que significa que en esos años hubo 4, 449 casos.
Como quiera que sea, lo que las autoridades han solicitado a los ciudadanos que reporten los casos lo más pronto que puedan para evitar desastres.
Esto ocurrió a las 3: 00 de la tarde en Ojo de Agua.

101 años de Panamá América

 
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