Una nueva Asamblea Legislativa
Entré a trabajar en la Asamblea Legislativa, por primera vez en 1991 como asistente del legislador Marco Ameglio, en ese entonces, presidente de la Asamblea Legislativa. Luego, fui electo como Primer Suplente de Legislador para el período 1994-1999, y ahora soy Legislador desde el ‘99 y hasta el 2004, con aspiraciones a serlo nuevamente por el período 2004-2009. En total, hasta la fecha, he estado vinculado a la Asamblea por más de diez años, en una forma u otra. Le conozco lo bueno, lo malo y lo feo. Y pienso que, con todos sus defectos, la Asamblea panameña es un órgano de representación popular que, a menudo, es menospreciado e injustamente valorado por la opinión pública. Más bien, me parece que algunos de sus problemas tienen más que ver con un marco constitucional y legal deficiente que con la calidad de sus integrantes.
Estoy convencido de la necesidad de dotarnos de una nueva Constitución. Igualmente, considero que uno de los temas que debe ser revisado profundamente y modificado es lo relativo al Organo Legislativo. Desde la conformación del mismo con legisladores nacionales o provinciales hasta la eliminación de los suplentes, pasando por la revisión de sus atribuciones para fortalecer su capacidad fiscalizadora del Ejecutivo, son asuntos todos que merecen una amplia reflexión ciudadana.
En lo que se refiere al Reglamento Interno del Régimen Orgánico de la Asamblea Legislativa, justo es señalar que la última vez que se hizo una revisión integral del mismo fue durante la presidencia del legislador Ameglio.
En la actual coyuntura, el recién electo presidente de este Organo, Don Jacobo Salas, manifestó en su discurso de toma de posesión, su interés en hacer una reforma total de dicho reglamento. En lo personal, me tocará ser presidente de la Comisión de Credenciales durante este período y por ende, me corresponderá, junto a los demás miembros de esta comisión, llevar adelante el Primer Debate a esta iniciativa. Y acojo con entusiasmo la encomienda hecha por el presidente Salas, para lo cual tomaré como base una propuesta elaborada por la Asesoría Técnica Legislativa, que me comprometo a someter a la más amplia consulta posible con la ciudadanía.
A mi juicio, aún dentro del actual marco constitucional, es posible hacer cambios legales al Reglamento que nos permitan un mejor funcionamiento parlamentario. Entre otras cosas, debe revisarse el número de las comisiones permanentes, condicionar el pago de emolumentos a la asistencia de las sesiones del pleno o de las comisiones, eliminar la nefasta figura del quórum deliberativo, definir mejor el papel de la Directiva Ampliada, apuntalar al máximo las atribuciones fiscalizadores de la Asamblea y eliminar algunas prerrogativas que son innecesarias y ofensivas para la ciudadanía.
El propósito debe ser aprobar un nuevo Reglamento Interno para que establezca nuevas reglas de juego a la Asamblea que tome posesión el próximo 1º de septiembre del año 2004, para que quienes vayan como candidatos o candidatas en estas elecciones sepan a qué atenerse. Esa puede ser una de las principales aportaciones que dejemos para futuro el grupo de 71 panameños y panameñas que fuimos electos para legislar en beneficio del país durante el presente quinquenio. Y no se equivoca el actual presidente de este Organo del Estado, cuando considera que un nuevo Reglamento es un requisito indispensable para dar una nueva y mejor imagen al parlamento panameño, por el cual compartimos el mismo respeto y el mismo aprecio, convencidos del rol importante que ha jugado, juega y seguirá jugando en el fortalecimiento de la democracia en nuestro país.
Estoy convencido de la necesidad de dotarnos de una nueva Constitución. Igualmente, considero que uno de los temas que debe ser revisado profundamente y modificado es lo relativo al Organo Legislativo. Desde la conformación del mismo con legisladores nacionales o provinciales hasta la eliminación de los suplentes, pasando por la revisión de sus atribuciones para fortalecer su capacidad fiscalizadora del Ejecutivo, son asuntos todos que merecen una amplia reflexión ciudadana.
En lo que se refiere al Reglamento Interno del Régimen Orgánico de la Asamblea Legislativa, justo es señalar que la última vez que se hizo una revisión integral del mismo fue durante la presidencia del legislador Ameglio.
En la actual coyuntura, el recién electo presidente de este Organo, Don Jacobo Salas, manifestó en su discurso de toma de posesión, su interés en hacer una reforma total de dicho reglamento. En lo personal, me tocará ser presidente de la Comisión de Credenciales durante este período y por ende, me corresponderá, junto a los demás miembros de esta comisión, llevar adelante el Primer Debate a esta iniciativa. Y acojo con entusiasmo la encomienda hecha por el presidente Salas, para lo cual tomaré como base una propuesta elaborada por la Asesoría Técnica Legislativa, que me comprometo a someter a la más amplia consulta posible con la ciudadanía.
A mi juicio, aún dentro del actual marco constitucional, es posible hacer cambios legales al Reglamento que nos permitan un mejor funcionamiento parlamentario. Entre otras cosas, debe revisarse el número de las comisiones permanentes, condicionar el pago de emolumentos a la asistencia de las sesiones del pleno o de las comisiones, eliminar la nefasta figura del quórum deliberativo, definir mejor el papel de la Directiva Ampliada, apuntalar al máximo las atribuciones fiscalizadores de la Asamblea y eliminar algunas prerrogativas que son innecesarias y ofensivas para la ciudadanía.
El propósito debe ser aprobar un nuevo Reglamento Interno para que establezca nuevas reglas de juego a la Asamblea que tome posesión el próximo 1º de septiembre del año 2004, para que quienes vayan como candidatos o candidatas en estas elecciones sepan a qué atenerse. Esa puede ser una de las principales aportaciones que dejemos para futuro el grupo de 71 panameños y panameñas que fuimos electos para legislar en beneficio del país durante el presente quinquenio. Y no se equivoca el actual presidente de este Organo del Estado, cuando considera que un nuevo Reglamento es un requisito indispensable para dar una nueva y mejor imagen al parlamento panameño, por el cual compartimos el mismo respeto y el mismo aprecio, convencidos del rol importante que ha jugado, juega y seguirá jugando en el fortalecimiento de la democracia en nuestro país.