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¿Una nueva Constitución?


Al tema constitucional y las posiciones de los defensores de la Constituyente, no se le ha dado el tratamiento debido y se le ha salpicado de ribetes políticos; o bien, cargando argumentos de la bilis rabiosa a todo lo que haya sido producto de los militares, como si el hecho de haber tenido su génesis o haber nacido en este lapso histórico, en el cual me incluyo por mi edad, reviste al acto de carácter dictatorial o inicuo. Pero, no he visto razonamiento que exprese las conveniencias o beneficios a obtener con una nueva Constitución o cuáles serían los tópicos e instituciones a crear o incorporar a la nueva Carta Magna. No hace ningún provecho utilizar, políticamente, este asunto tratando de vender, tal como fenicios, la idea de la constituyente como la tabla de salvación ante la maltrecha situación panameña.
Lo importante no es la Constitución, sino la actitud de los que gobiernan y administran el Estado, así como de los encargados de crear las leyes, quienes están obligados a darle dinámica a las instituciones jurídicas ya existentes y que son suficientes para resolver los problemas que tenemos; pero que, por razones de apatía y desinterés gubernamental, simplemente se convierten en un elemento retractor del desarrollo del país. Basta ver a países desarrollados, tipo Estados Unidos, en donde no se han hecho cambios constitucionales sustanciales, manteniendo una sola constitución, y se ha dejado en manos de las leyes el desarrollo de las normas generales consagradas en la ley suprema. Otro ejemplo es la Constitución de Venezuela que en sus pininos no ha resuelto la situación de ese país.
Señores, la fiebre no está en la sabanas, como dice el dicho. No es la Constitución la que ocasiona la pobreza, el desempleo, la delincuencia, la mora judicial y otros males que nos aquejan; es la falta de ejecución de las leyes existentes, que son muchas, las cuales quedan en letra muerta a la espera de que las pongamos en vigencia y, además, la forma como se proyectan los representantes de los distintos estratos que sólo piensan en servirse y no servir.
Estamos gastando ideas, y posiblemente nuestro dinero recaudado en los impuestos si se aprueba la Constituyente, en la quijotesca empresa de la nueva constitución de Panamá.

101 años de Panamá América

 
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