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Una nueva Corte


El ingreso a la Corte Suprema de dos profesionales del derecho de reconocida trayectoria, Oydén Ortega y Jerónimo Mejía, genera alta expectativa. Además, se ha producido la renovación completa de su directiva: A Harley Mitchell le toca ahora presidir los destinos de la institución y para ello contará con la integridad y la sapiencia de Esmeralda Arosemena de Troitiño como presidenta de la Sala Penal, y de Víctor Benavides en la Sala de lo Contencioso-Administrativo. Estos cinco juristas han sido nombrados por Martín Torrijos entre el 2005 y el 2007, y tienen a su cargo todas las tareas de dirección administrativa de ese Poder del Estado.

No hay excusas: la ciudadanía espera muestras inconfundibles de integridad e independencia que debe caracterizar a tan alto cargo. No más transacciones, ni rodeos. El país espera una sacudida contra la corrupción judicial, pues la calidad de la justicia está en sus fallos, y no tiene que ver con la pintura de los edificios, los salarios de los funcionarios, o las computadoras sobre el escritorio. Si esta nueva mayoría judicial no logra causar un impacto favorable en estos primeros meses, comenzará a cerrarse la ventanita en esta oportunidad, y empezarán lógicas sospechas de que la podredumbre contaminó a los que entraron con virgen plumaje. Los magistrados nuevos y los que asumen nuevas funciones directivas deben comprender que el respeto, la confianza y la credibilidad se gana en el campo de las acciones y no en el de la publicidad y relaciones públicas.

101 años de Panamá América

 
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