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Una nueva era


Después del 9/11, el estado del mundo empeoró. La preferencia de los intermediarios financieros por el riesgo extremo promovida por una desregulación deliberada en Estados Unidos (EE.UU.) desató la crisis. Pero la inclinación del pueblo estadounidense por el consumo y por el endeudamiento se ha debilitado, agravando la crisis. El aumento del gasto público es la solución. Todos estos endeudamientos del gobierno y del pueblo de EE.UU. han alimentado el crecimiento y la riqueza del planeta, porque el resto del mundo ha producido las mercancías y los servicios que el pueblo y el gobierno estadounidense ha demandado y ha pagado en dólares.

Estos fondos en manos del resto del mundo, se han degradado a medida que el dólar se devaluó. Como así también se siguen degradando los rendimientos de todas las inversiones globales que están denominadas en dólares. Y continúan degradándose los precios de mercado de los inmuebles hipotecados por bancos y financieras. Por lo que los inversionistas han liquidado, principalmente, activos muebles. Esto ha afectado, en primer lugar, a todas las bolsas del mundo de una manera nunca vista. Además, hay que añadir que el aparato productivo del planeta se está frenando puntualmente al ritmo de la disminución del consumo del pueblo de EE.UU.

Las bolsas especulativas podrían no ser un buen mercado en algún momento. Y quizá las convertibilidades podrían ser limitadas o suspendidas. Sería el fin de una era monetaria. Y el inicio de otra. Si la enorme capacidad de compra y de consumo del pueblo americano no puede ser financiada por las autoridades monetarias de EE.UU. y por la de todos los países suplidores de EE.UU.; entonces el colapso global sería algo nunca visto.

Ambos candidatos, MaCain y Obama no hablan todavía del consumo que hay que salvar, ni de las tremendas medidas de gasto público adicional que requiere dicha salvación. Quienquiera que gane tendrá que hacerlo.  

Ya este régimen republicano ha mostrado que la estatización y el control reglamentario de las finanzas privadas puede ser un componente estratégico esencial de su agenda política; como tendrá que hacerlo eventualmente, si ganan, en relación con las empresas productivas.

Por otra parte, estoy convencido que cualquier gobierno de Washington como los del resto del mundo no van a permitir jamás que EE.UU. sufra un colapso fatal.

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101 años de Panamá América

 
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