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Una nueva misión para la diplomacia


Los grandes países tienen grandes estrategas militares, los países chicos tienen la grandeza de sus diplomáticos. La diplomacia nació de la guerra, pero pronto se convirtió en un mecanismo estabilizador de la paz mundial y se integró al engranaje institucional del mundo moderno.
Panamá debe su éxito como nación, entre otras cosas, a una gestión diplomática hábil, que supo ganar espacios en una época difícil y complicada como fue la guerra fría y logró una negociación exitosa con (y a veces contra) una de las primeras potencias de la era contemporánea. Pero hoy, ese capítulo se encuentra superado y la diplomacia panameña no puede seguir pensando en revivir las pasadas glorias del Grupo Contadora y el Movimiento de los No-Alineados.
Con la entrega del Canal a manos panameñas, el ciclo de la diplomacia política se cerró. Ahora se necesita que nuestro servicio diplomático tenga como misión servir de enlace a empresas nacionales con el mundo exterior para que éstas puedan colocar sus productos en el extranjero. El servicio exterior que el país necesita, debe estar preparado y entrenado para servir de aliado al capital nacional en el competitivo mercado internacional.
¿Cuánto de lo que se gasta en planilla y alquileres de consulados y embajadas revierte a Panamá? ¿Ha hecho el Gobierno las matemáticas sobre los dineros gastados en el servicio diplomático? ¿O seguimos conformes con el viejo modelo clientelista de embajadas para amigos y "donaciones" por "puestos consulares"? ¿Hasta cuándo seguiremos botando la plata por compromisos políticos y negándosela al pobre?

101 años de Panamá América

 
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