¡Una opción seductora!
A cuatro meses para la celebración de las elecciones generales del 2 de mayo de 2004, no existe opción política apegada a las necesidades de la población y a la satisfacción de sus aspiraciones comunes e individuales. Sólo se escucha la retahíla de promesas, que buscan conquistar el caudal de indecisos, mejor dicho decepcionados, de la clase política tradicional y del sistema de inequidad en el que vivimos, el cual representa el caldo de cultivo para mantener vicios como la corrupción, pobreza y la profunda crisis de valores en que nos vemos sumergidos los panameños.
Tanto Martinelli, Endara, Alemán y Torrijos se erigen como los salvadores de la dignidad nacional, uno por ser un "exitoso empresario", otro por haber "salvado al país de la bancarrota", otro por ser el "más democrático" y el otro por estar "más cerca de la gente". Estos son vagos argumentos carentes de fondo real y hasta de cierta forma ridículos, ya que no soportarían la lupa crítica y equilibrada del análisis de sus ejecutorias públicas, las cuales se apegan -al dedillo- a las directrices de las políticas macroeconómicas extranjerizantes de las IFI"s -distanciadas de los intereses nacionales-, cuyas negativas consecuencias son criticadas por estos personajes, como son el alto costo de los servicios públicos privatizados, aumento del desempleo, delincuencia y eterna crisis, secuelas de un sistema económico excluyente.
Lo anterior ha quedado en evidencia al observar algunos rasgos del ejercicio público de los aspirantes a la Presidencia: Martinelli en la CSS, Endara con la firma de la carta de compromiso para llevar a cabo las privatizaciones; ejecutadas por su sucesor con la colaboración, precisamente, de Martín Torrijos y por último, el candidato oficialista José Miguel Alemán, quien ha respaldado todas las acciones del presente gobierno, ahogado en escándalos de corrupción e inestabilidad permanente.
¿Son estos los adalides de la Patria?, ¿los Mesías?, ¿ o, acaso, los ungidos para liberarnos de los enredos hechos por sus antecesores? Francamente no. Cada uno representa un poco más de lo mismo: sólo observemos a quienes los acompañan y reconoceremos, casi sin excepción, los personajes que año tras año hacen de la politiquería su mejor profesión. Ninguna de estas figuras han planteado hasta ahora modificaciones, menos la reestructuración del mal diseñado sistema económico y social panameño, el cual cobija en su seno la acumulación de riquezas por parte de minorías, la asfixia de las capas medias profesionales y la reproducción cotidiana de la marginalidad entre las mayorías.
Las consignas triunfadoras: "El Pueblo al Poder" de 1994, y "El Cambio Va" de 1999, están muy presentes en las memoria colectiva de los electores, quienes -lamentablemente- se encuentran atrapados en el contubernio electorero de los que han ajustado el uniforme democrático para sí mismos, subsidiándose con los fondos públicos, exonerándose del pago de impuestos y llegando a acuerdos legislativos lesivos a los intereses de la colectividad.
Ninguno de estos políticos ha tocado fondo en su discurso, al contrario, tal como un pandero veraniego, se han elevado sobre las coyunturas nacionales sin aportar y menos comprometerse con proyectos de desarrollo sostenibles alternos al neoliberalismo -bacteria patógena para los países subdesarrollados-, el cual no se debe confundir con la globalización que representa el desarrollo técnico y científico global, sino el descarnado sistema que retoma los virulentos principios liberales y cuya punta de lanza es la privatización -corporatización, concesión, etc.- saboreadas amargamente por los panameños y que no ha resuelto el problema económico-fiscal del Estado.
Nuestros cuatro aspirantes a la Presidencia de la República critican y hacen campaña sobre los estragos causados por el neoliberalismo en los hogares de los panameños, generando además: inseguridad social, desempleo, perjuicios contra la ecología e instituciones pilares de nuestra sociedad. Por lo que me atrevo a afirmar que todos son neoliberales, tanto en la práctica como en la teoría, aunque lo traten de ocultar insertándose esporádicamente en barrios populares y empleando un lenguaje coloquial. Recordemos que sus campañas políticas costarán millones de dólares, costeadas por los bolsillos de todos los ciudadanos pero, principalmente, por donaciones de particulares y consorcios nacionales y extranjeros, que apuestan a ganador, y cuyos intereses deberán ser atendidos por sus receptores, tanto desde el gobierno como desde la oposición, en los espacios de toma de decisiones.
Es hora de que los mejores hijos e hijas de la patria, junto a toda la sociedad civil y política, comprometida con el futuro próspero de la República, erijan una nueva opción electoral para el año 2009 -alejada de los tradicionales esquemas excluyentes y clientelistas de los partidos de hoy- con representación de todos los sectores sociales con miras a construir un Panamá mucho más justo y dar inicio de esta forma, al segundo centenario, con creatividad, unidad y sobre todo, concertación nacional.
Tanto Martinelli, Endara, Alemán y Torrijos se erigen como los salvadores de la dignidad nacional, uno por ser un "exitoso empresario", otro por haber "salvado al país de la bancarrota", otro por ser el "más democrático" y el otro por estar "más cerca de la gente". Estos son vagos argumentos carentes de fondo real y hasta de cierta forma ridículos, ya que no soportarían la lupa crítica y equilibrada del análisis de sus ejecutorias públicas, las cuales se apegan -al dedillo- a las directrices de las políticas macroeconómicas extranjerizantes de las IFI"s -distanciadas de los intereses nacionales-, cuyas negativas consecuencias son criticadas por estos personajes, como son el alto costo de los servicios públicos privatizados, aumento del desempleo, delincuencia y eterna crisis, secuelas de un sistema económico excluyente.
Lo anterior ha quedado en evidencia al observar algunos rasgos del ejercicio público de los aspirantes a la Presidencia: Martinelli en la CSS, Endara con la firma de la carta de compromiso para llevar a cabo las privatizaciones; ejecutadas por su sucesor con la colaboración, precisamente, de Martín Torrijos y por último, el candidato oficialista José Miguel Alemán, quien ha respaldado todas las acciones del presente gobierno, ahogado en escándalos de corrupción e inestabilidad permanente.
¿Son estos los adalides de la Patria?, ¿los Mesías?, ¿ o, acaso, los ungidos para liberarnos de los enredos hechos por sus antecesores? Francamente no. Cada uno representa un poco más de lo mismo: sólo observemos a quienes los acompañan y reconoceremos, casi sin excepción, los personajes que año tras año hacen de la politiquería su mejor profesión. Ninguna de estas figuras han planteado hasta ahora modificaciones, menos la reestructuración del mal diseñado sistema económico y social panameño, el cual cobija en su seno la acumulación de riquezas por parte de minorías, la asfixia de las capas medias profesionales y la reproducción cotidiana de la marginalidad entre las mayorías.
Las consignas triunfadoras: "El Pueblo al Poder" de 1994, y "El Cambio Va" de 1999, están muy presentes en las memoria colectiva de los electores, quienes -lamentablemente- se encuentran atrapados en el contubernio electorero de los que han ajustado el uniforme democrático para sí mismos, subsidiándose con los fondos públicos, exonerándose del pago de impuestos y llegando a acuerdos legislativos lesivos a los intereses de la colectividad.
Ninguno de estos políticos ha tocado fondo en su discurso, al contrario, tal como un pandero veraniego, se han elevado sobre las coyunturas nacionales sin aportar y menos comprometerse con proyectos de desarrollo sostenibles alternos al neoliberalismo -bacteria patógena para los países subdesarrollados-, el cual no se debe confundir con la globalización que representa el desarrollo técnico y científico global, sino el descarnado sistema que retoma los virulentos principios liberales y cuya punta de lanza es la privatización -corporatización, concesión, etc.- saboreadas amargamente por los panameños y que no ha resuelto el problema económico-fiscal del Estado.
Nuestros cuatro aspirantes a la Presidencia de la República critican y hacen campaña sobre los estragos causados por el neoliberalismo en los hogares de los panameños, generando además: inseguridad social, desempleo, perjuicios contra la ecología e instituciones pilares de nuestra sociedad. Por lo que me atrevo a afirmar que todos son neoliberales, tanto en la práctica como en la teoría, aunque lo traten de ocultar insertándose esporádicamente en barrios populares y empleando un lenguaje coloquial. Recordemos que sus campañas políticas costarán millones de dólares, costeadas por los bolsillos de todos los ciudadanos pero, principalmente, por donaciones de particulares y consorcios nacionales y extranjeros, que apuestan a ganador, y cuyos intereses deberán ser atendidos por sus receptores, tanto desde el gobierno como desde la oposición, en los espacios de toma de decisiones.
Es hora de que los mejores hijos e hijas de la patria, junto a toda la sociedad civil y política, comprometida con el futuro próspero de la República, erijan una nueva opción electoral para el año 2009 -alejada de los tradicionales esquemas excluyentes y clientelistas de los partidos de hoy- con representación de todos los sectores sociales con miras a construir un Panamá mucho más justo y dar inicio de esta forma, al segundo centenario, con creatividad, unidad y sobre todo, concertación nacional.