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Una opinión sobre la educación en Panamá


En Panamá, el problema educativo se genera en que lo más importante es el dinero, la fama y el poder, para los que no son necesarios la educación ni la cultura, y mucho menos la ciencia.

Desde la escuela primaria hasta la universidad la mediocridad es la soberana, y los pocos talentos que hay tienen que fingir y adaptarse al medio para no ser reprimidos. Un estudio reciente que nunca va a ser publicado, demuestra que el vocabulario de un estudiante promedio universitario es de menos de 100 palabras. Y en este medio, esto basta y hasta sobra para sobrevivir.

La única “Cultura” válida en Panamá, aparte de la Bancaria y Comercial es la del Deporte y la de los artistas de la farándula. La Ciencia y la Tecnología prácticamente son “Bichos Raros” relegados al sótano. La investigación científica que existe cuando no es copia es imitación o es simulación. Y los pocos investigadores reales viven como ermitaños- náufragos en este mar de ignorancia.

En este escenario terrorífico y desolador, este gobierno ha nombrado a la Lic. Molinar, ministra de Educación, cuyo barco amenaza estrellarse contra los arrecifes fósiles de un sistema que ya no tiene remedio o remiendo, y la única solución es destruirlo y construir un nuevo edificio desde sus bases. Le deseamos suerte.

Yo discrepo con la política educativa de gobiernos anteriores y del actual gobierno porque la considero irreal y poco práctica, obsoleta y no al nivel de las circunstancias históricas actuales. Pienso que el Estado a través del sistema educativo, a partir del primer ciclo, debe evaluar científicamente a los estudiantes y determinar su nivel de inteligencia y sus talentos, y basados en esto ubicarlos en Escuelas Técnicas o prepararlos para la Universidad.

La llamada “inclusión” es una desafortunada utopía, ya que las personas con limitaciones físicas o mentales deben ser atendidas en Instituciones Especializadas. Pretender “incluirlas” en un ambiente totalmente desfavorable es una pérdida de tiempo y recursos, como se ha demostrado en la práctica.

Del mismo modo, los niños y niñas con inteligencia o talentos excepcionales, deben estudiar en instituciones especializadas, ya que ubicarlas en escuelas o universidades normales solo anula o retrasa su genialidad.

Esto no es nada nuevo. “Lo que Natura no da, Salamanca no presta”. Y ya en muchos países desarrollados se aplican sistemas educativos de este tipo, porque no solo ahorran tiempo y recursos, sino que el país se beneficia y progresa.

eesquivelrios@gmail.com

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