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Una oposición responsable


El gobierno y su oposición política acaban de dar un estupendo ejemplo de cómo es posible no sacrificar los principios de cada cual y, sin embargo, colaborar con aportes e ideas en la elaboración de soluciones a problemas de interés nacional, al sentarse a consensuar un plan estratégico de seguridad.
Gracias a ello, el país estuvo en condiciones de presentar un borrador y propuesta de discusión a la comisión designada por Estados Unidos, que arribó a nuestras tierras para identificar áreas de colaboración en esta materia. Se ve con buenos ojos que la oposición haya llegado a acuerdos con el sector gubernamental, incluso en áreas sensitivas, otrora objeto de gran politización.
Ese fue el caso, por ejemplo, de la necesidad de requerir de la potencia del norte el apoyo en equipos, entrenamiento y hasta patrullajes conjuntos con su servicio de guardacostas aduanero, que no es militar, considerando que no tenemos esas costosas naves ni contamos con recursos para vigilar adecuadamente el mar territorial nacional.
La especial consideración de la seguridad del Canal y de las fronteras patrias, pesó también en el buen juicio de ambas partes, pues son temas que trascienden a los partidos. Y es importante destacar que el consenso se ha logrado sin menoscabo de la responsabilidad que corresponde al gobierno de turno en la implementación del plan y en la especificación de los detalles.
Cabe también resaltar que, del mismo modo que el tema de la seguridad nacional dio oportunidad a la oposición para proyectar a la faz de la nación la positiva imagen de saber pensar en el país, y soslayar lo sectario y politiquero; igual hizo el gobierno en turno al dignarse a someter a consideración de aquella, un asunto que bien pudo decidir unilateralmente dentro de sus facultades constitucionales de velar por la seguridad y la integridad del país y sus ciudadanos.
Y conste, que no se trata de cogobierno ni mucho menos. Tampoco se trata de olvidar el papel vital que en democracia juega la oposición política, dentro de los delicados mecanismos de pesos y contrapesos. Se trata más bien de una muestra de profunda madurez política, como no la hay en muchas democracias de hoy, incluso maduras; que es el saber distinguir y priorizar entre el interés nacional y el interés meramente político partidista.


101 años de Panamá América

 
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