Una profesión privilegiada
Nunca nos cansaremos en repetir que los periodistas somos gente afortunada. ¡Privilegiada! Con hidalguía y respeto a la opinión pública tratamos de hacer nuestro trabajo, velando porque todos tengan oportunidad para exponer su verdad. Somos privilegiados porque se nos permite estar en todos los escenarios de la vida, junto a sus protagonistas sin importar su status social, político o económico. Sólo importa el trabajo periodístico. Podemos tocar a las puertas del corazón de la humanidad y se nos abre. Y muchas veces acude a nosotros en espera de respuestas o una voz amiga que se una al eco de quienes entablan sus grandes luchas y ganan en silencio sus batallas. Todo esto lo resume la palabra "Periodismo" que, al margen de los sin sabores administrativos (salarios) que afectan nuestra economía y estilo de vida, es una profesión donde se puede y permite desarrollar la sensibilidad social de aquellos que más tienen hacia los más necesitados.
Pero no todo es color de rosa, porque como muchos sabemos y poco se atreven a denunciar que los periodistas pasamos toda clase de malabares para movilizarnos o conseguir una noticia. Sin duda, nuestra vocación nos hace olvidarnos de estas cosas y salir a nuestro objetivo, que es llevar una imagen, relatar o escribir sobre un hecho específico que permita a la opinión pública, mejor dicho al pueblo, poner a razonar y emitir criterios sobre sus gobernantes.
Es un honor ser periodista aunque, para ser franco, al principio no estaba muy seguro, porque al margen de ser irrespetado por personas comunes, profesionales y políticos, es bonito poder ayudar con tus notas a muchas personas, especialmente del interior del país, porque al denunciar los hechos estamos haciendo patria para que humildes panameños sean escuchados.
El que quiera estudiar esta profesión debe aprender a tener sensibilidad, a reconocer que es una carrera donde merecemos respeto, así como a aprovechar la tecnología de hoy y el futuro.