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Una propuesta peligrosa


El Administrador del Canal de Panamá anunció en marzo de este año, que las obras para hacer un tercer juego de esclusas y los correspondientes embalses para movilizar los barcos a través de las mismas (52 millones de galones por barco), potabilizar agua y generar electricidad para vender, se puede realizar con el aval de las ganancias de la vía canalera.
La Constitución Nacional establece en su Art. 309, que "el Canal es patrimonio inalienable de la nación" y por tanto, no se puede hipotecar.
Cifras extraoficiales han señalado que el monto en efectivo podría sumar de $6,000 a $9,000 millones. El costo humano y social de los embalses requeridos, una suma no cuantificable, sería ciertamente mayor que la señalada.
Los dineros para efectuar esta cuantiosa inversión, se adquirirían a través de un préstamo a la República de Panamá. La deuda actual del Estado panameño, compromete el Presupuesto de la Nación en un 23% anual. Duplicar el monto de la deuda de la Nación sería muy peligroso tanto para Panamá como para la entidad financiera.
El incremento de las ganancias del Canal actual, no estará en relación al tamaño de los barcos.
El Canal de Panamá es un atajo entre los océanos Atlántico y Pacífico, y fue diseñado para poder pasar 48 barcos diarios. Hasta el día de hoy transitan 33 barcos, por lo que lejos estamos de estar saturados y ser obsoletos.
La cantidad de mercancía establecida entre un productor y un comprador que utiliza este atajo, es del 4% de la mercancía mundial que se transporta por vía acuática. En 1970 el porcentaje de mercancía (carga) era 5.6%. Al desarrollarse en Estados Unidos un sistema multimodal de transporte terrestre, el requerimiento del uso del Canal bajó al 4% actual.
Al decidir los panameños adquirir semejante deuda, a razón de pagar de 300 a 400 millones de dólares anuales del Canal, significaría que por lo menos durante 30 años nos privaríamos de lo que con ese monto podríamos ir supliendo nuestra carencia en materia de sanar, educar, crear caminos y carreteras, entre otras necesidades básicas, además del tremendo daño ecológico y social (humano).
Con las múltiples variables del mercado y cambios climatológicos (fenómeno de El Niño), que disminuyan los recursos hídricos, no serían necesariamente seguros los correspondientes ingresos para satisfacer la deuda de esta inversión.
Los únicos que tendrían garantías de ganar serían las compañías constructoras de este megaproyecto, las navieras dueñas de los gigantes marítimos, las cuales aumentarían sus ganancias sin riesgos. Los obreros especializados que se requerirían para los trabajos del megaproyecto, quedarían cesantes una vez termine la obra. Serían pocos los empleados permanentes que generaría esta inversión. "Pro mundi beneficio", ¿hasta cuándo?
La propuesta en ciernes me parece similar a la de financiar una expedición costosa y de larga duración en busca del tesoro en el extremo del "Arco Iris".
Difiero del concepto de que el Canal de Panamá es el activo más valioso de los panameños. El crisol de razas de nuestro pueblo, con varios aspectos físicos y tonalidades de pigmento de piel, dos costas cercanas, tres puntos de altura en donde se pueden divisar al mismo tiempo el Atlántico y el Pacífico, flora y fauna únicas en el mundo por ser el Istmo la más reciente adquisición de la Geografía mundial, es para mí el activo más valioso de los panameños.
Bien valdría invertir en la explotación de algo más rentable y de empleo permanente.

101 años de Panamá América

 
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