Una propuesta sobre el Seguro Social
El último documento de la Conferencia Episcopal Panameña tiene un párrafo sobre el Seguro Social que me inspira una propuesta bien correcta. Dicen los obispos en el número 4 de su comunicado: “Nos preocupa sobremanera la situación de la Caja de Seguro Social, cuyos programas pueden quedar descapitalizados a la vuelta de pocos años. Mientras tuvo pujanza y lozanía prestó importante servicios a la nación y aún sigue prestándolos hoy. Sin embargo, todos tenemos la sensación de que es un paciente en situación crítica y en peligro de defunción. Varios han diagnosticado sus males, pero no hay consenso ni voluntad política para ejecutar los remedios. Ungimos a todos los afectados, gobierno, empresarios y beneficiarios para que, con responsabilidad y desprendimiento, tomen las medidas necesarias para rescatar nuestra más importante institución de seguridad social”. Hasta aquí los obispos.
Deseo subrayar hoy cuatro necesidades que aparecen en el párrafo transcrito: 1) el consenso, 2) la voluntad política, 3) la responsabilidad; y 4) sobre todo, el desprendimiento. Solamente con los cuatro elementos juntos se podrá buscar y encontrar una solución suficientemente adecuada.
A mi modo de ver debe reanudarse el diálogo sobre el Seguro Social, si no para lograr el completo concenso, sí por lo menos para un mayor acercamiento a él. Propongo que se le ponga a este posible diálogo reanudado una fecha de cumpleaños no muy lejana. En segundo lugar, propongo que los cuatro candidatos presidenciales juntos lleguen a un acuerdo para tomar las medidas necesarias surgidas del diálogo e implementarlas aquel que triunfe en las elecciones de 2004.
¿Por qué hago esta propuesta? Porque ningún partido político ni ningún candidato presidencial se quiere “quemar” al proponer ciertas medidas que de todas maneras, para algunos sectores sociales serán muy importantes. Y obviamente nadie quiere perder posibles votos. Si se hace esto se molestan los empresarios... si se hace esto otro, los obreros... si se toman equis medidas protestarán los asegurados... si es otra cosa, las mujeres... y así todos quieren la solución; pero sin los sacrificios propios y esto no es posible. Por eso los obispos insisten en el desprendimiento como condición clave para encontrar las soluciones.
Si todos los candidatos dicen lo mismo nadie perderá votos o todos perderán por igual, pero la solución se acercará y es muchísimo mejor sufrir operaciones quirúrgicas dolorosas antes que fallecer. Esto pareciera que nadie se atreve a mirarlo de frente y repetimos que los cuatro candidatos en sus planes de gobierno deberían hacerlo con una misma voz.
Si el Seguro Social colapsa vendrá un auténtico caos en el que quienes mayormente pagarán los platos rotos seremos los jubilados y la gente más pobre. A la gente rica siempre le queda el recurso de acudir a la medicina privada. Pero, ¿y los pobres? Urge, pues, lo repetimos, que los líderes políticos dejen de pasar agachados ante el problema y que no repitan las vagas generalidades que a veces escuchamos. Hay que hincarle el diente al problema con el mayor consenso posible, con decisión y con firmeza. Claro que con todos los matices y precisiones que los técnicos conocen.
Estamos convencidos de que por aquí va el camino. Las personas creyentes de una u otra denominación religiosa debemos apoyar los esfuerzos con nuestra oración y tal vez con una pequeña penitencia. En todo el paquete, que es ciertamente complejo, es en lo que hay que insistir. No tanto en mis intereses, sino en el bien común.
También releyendo El Príncipe pude encontrar explicación de las últimas muestras -cada vez más serias- de ese desequilibrio que está afectando a la gobernante de los pobres. Recomendaba Maquiavelo que El Príncipe debe fingir y disimular, porque los hombres son tan sencillos y tan acostumbrados están a obedecer a las circunstancias, que el que quiera engañar siempre hallará a quién hacerlo.
Deduzco que alguien le recitó a Moscoso las sugerencias de Maquiavelo, por ello, empieza a enviarnos señales claras de estar enamorada del poder, del cargo y de su pésima gestión.
¿Cómo ha llegado Moscoso a este nivel de degeneración? Obviamente, cada día hay mayores evidencias de que está tan obnubilada y flota dentro de una burbuja construida falsamente por ella y por quienes padecen del mismo mal. ¿Extrañarla a ella, a su gobierno corrupto, a los mediocres integrantes de su Gabinete, a sus descarados legisladores, al ungido de su dedo que vicio el proceso de su convención y pisoteó a sus copartidarios? ¿Extrañar su falta de transparencia, sus mentiras, su demagogia? ¡Esperanza inútil la de Moscoso! ¡Por favor, que no se engañe! ¡Pobre! Su engreimiento es tal que se le olvida que uno extraña sólo lo bueno.
Deseo subrayar hoy cuatro necesidades que aparecen en el párrafo transcrito: 1) el consenso, 2) la voluntad política, 3) la responsabilidad; y 4) sobre todo, el desprendimiento. Solamente con los cuatro elementos juntos se podrá buscar y encontrar una solución suficientemente adecuada.
A mi modo de ver debe reanudarse el diálogo sobre el Seguro Social, si no para lograr el completo concenso, sí por lo menos para un mayor acercamiento a él. Propongo que se le ponga a este posible diálogo reanudado una fecha de cumpleaños no muy lejana. En segundo lugar, propongo que los cuatro candidatos presidenciales juntos lleguen a un acuerdo para tomar las medidas necesarias surgidas del diálogo e implementarlas aquel que triunfe en las elecciones de 2004.
¿Por qué hago esta propuesta? Porque ningún partido político ni ningún candidato presidencial se quiere “quemar” al proponer ciertas medidas que de todas maneras, para algunos sectores sociales serán muy importantes. Y obviamente nadie quiere perder posibles votos. Si se hace esto se molestan los empresarios... si se hace esto otro, los obreros... si se toman equis medidas protestarán los asegurados... si es otra cosa, las mujeres... y así todos quieren la solución; pero sin los sacrificios propios y esto no es posible. Por eso los obispos insisten en el desprendimiento como condición clave para encontrar las soluciones.
Si todos los candidatos dicen lo mismo nadie perderá votos o todos perderán por igual, pero la solución se acercará y es muchísimo mejor sufrir operaciones quirúrgicas dolorosas antes que fallecer. Esto pareciera que nadie se atreve a mirarlo de frente y repetimos que los cuatro candidatos en sus planes de gobierno deberían hacerlo con una misma voz.
Si el Seguro Social colapsa vendrá un auténtico caos en el que quienes mayormente pagarán los platos rotos seremos los jubilados y la gente más pobre. A la gente rica siempre le queda el recurso de acudir a la medicina privada. Pero, ¿y los pobres? Urge, pues, lo repetimos, que los líderes políticos dejen de pasar agachados ante el problema y que no repitan las vagas generalidades que a veces escuchamos. Hay que hincarle el diente al problema con el mayor consenso posible, con decisión y con firmeza. Claro que con todos los matices y precisiones que los técnicos conocen.
Estamos convencidos de que por aquí va el camino. Las personas creyentes de una u otra denominación religiosa debemos apoyar los esfuerzos con nuestra oración y tal vez con una pequeña penitencia. En todo el paquete, que es ciertamente complejo, es en lo que hay que insistir. No tanto en mis intereses, sino en el bien común.
También releyendo El Príncipe pude encontrar explicación de las últimas muestras -cada vez más serias- de ese desequilibrio que está afectando a la gobernante de los pobres. Recomendaba Maquiavelo que El Príncipe debe fingir y disimular, porque los hombres son tan sencillos y tan acostumbrados están a obedecer a las circunstancias, que el que quiera engañar siempre hallará a quién hacerlo.
Deduzco que alguien le recitó a Moscoso las sugerencias de Maquiavelo, por ello, empieza a enviarnos señales claras de estar enamorada del poder, del cargo y de su pésima gestión.
¿Cómo ha llegado Moscoso a este nivel de degeneración? Obviamente, cada día hay mayores evidencias de que está tan obnubilada y flota dentro de una burbuja construida falsamente por ella y por quienes padecen del mismo mal. ¿Extrañarla a ella, a su gobierno corrupto, a los mediocres integrantes de su Gabinete, a sus descarados legisladores, al ungido de su dedo que vicio el proceso de su convención y pisoteó a sus copartidarios? ¿Extrañar su falta de transparencia, sus mentiras, su demagogia? ¡Esperanza inútil la de Moscoso! ¡Por favor, que no se engañe! ¡Pobre! Su engreimiento es tal que se le olvida que uno extraña sólo lo bueno.