Una realidad inmoral
Los tiempos que decurren parecen hacer olvidar a algunos actores del escenario de nuestra realidad política que esta no es una entrevista ni mucho menos una declaración brillante. La política es tomar decisiones para el pueblo. La política es un proyecto. Y el mejor proyecto es, siempre, la esperanza en un futuro mejor. Sin embargo, los hacedores de nuestra realidad gubernamental insisten en llevarnos al terreno de su irracionalidad, la cual consiste en querer sacar solo ventajas personales de su cargo y actuar de espaldas a una serie de valores que hacen posible la convivencia en una sociedad moderna.
Las más recientes actuaciones de los rectores de los tres órganos del Estado, vuelve a poner en evidencia ante los ciudadanos la ausencia de las convicciones, de la conciencia y del compromiso social que les corresponde tener en su carácter de gobernantes. Resulta forzoso constatar que han dejado de lado las condiciones que les deberían ser propias como funcionarios públicos que son y que han optado por cerrarle las puertas a cualquier proyecto ciudadano, a cualquier esperanza de un futuro mejor.
Los problemas estructurales propios del ciclo político y del dualismo económico se ven -cada día más- agravados en nuestro medio, no sólo por el funcionamiento del aparato estatal, sino también por la conducta de sus principales agentes públicos. En la medida en que quienes deciden responden cada vez menos por sus actos y reproducen el doble discurso que ajusta las explicaciones y las necesidades, la sociedad panameña se desintegra más y más hacia el terreno del "hacer lo que se puede". Este vicioso proceder nos distancia enormemente del objetivo de poder alcanzar una democracia estable y nos coloca en medio de una marea de quiebres institucionales altamente perjudiciales.
La pobreza existente es un ejemplo concreto de una realidad inmoral. Ello es así porque -como bien enseña Etkin- es el resultado de una gestión inmoral, de un vacío ético que también significa injusticia, menos alimentación, salud, educación o vivienda o vivienda para quienes la necesitan. El vacío ético en los gobiernos o en sus funcionarios, se refleja en sus decisiones, en las políticas públicas. Y lo anterior ocurre cuando ellos eligen pensando en los beneficios de los grupos de interés, no en la población, (v.gr.elección de magistrados a la Corte y elección de directiva en la Asamblea). En esa falta de ética que vemos que se manifiesta por una desviación de recursos públicos que es injusta y aumenta la desigualdad en la sociedad civil.
La creciente inclinación de los rectores de los órganos del Estado de utilizar su autoridad y sus atribuciones en beneficio propio, ignorando olímpicamente los valores sociales de equidad, igualdad, libertad. Solidaridad, está resultando cada vez más peligroso para la población panameña por la desnaturalización de la función pública que ella conlleva y por la realidad inmoral que así promueve.
Cabe recordar -una vez más-una verdad que parece ser olvidada por los más: "El gran deterioro del basamento ético de las instituciones del Estado, al poner sus atribuciones a disposición del corsario de turno, el caldo de cultivo que permite al Poder medrar, desarrollarse y actuar a su aire, un poder etéreo que succiona parasitariamente la savia del sistema democrático, cada vez más debilitado, hasta la anemia social".
Esperemos que la realidad inmoral a la que nos viene empujando la ruindad moral de los factores reales de poder no le impida al pueblo panameño arruinar la fiesta de los privilegiados.
(mabernal@sinfo.net)
Las más recientes actuaciones de los rectores de los tres órganos del Estado, vuelve a poner en evidencia ante los ciudadanos la ausencia de las convicciones, de la conciencia y del compromiso social que les corresponde tener en su carácter de gobernantes. Resulta forzoso constatar que han dejado de lado las condiciones que les deberían ser propias como funcionarios públicos que son y que han optado por cerrarle las puertas a cualquier proyecto ciudadano, a cualquier esperanza de un futuro mejor.
Los problemas estructurales propios del ciclo político y del dualismo económico se ven -cada día más- agravados en nuestro medio, no sólo por el funcionamiento del aparato estatal, sino también por la conducta de sus principales agentes públicos. En la medida en que quienes deciden responden cada vez menos por sus actos y reproducen el doble discurso que ajusta las explicaciones y las necesidades, la sociedad panameña se desintegra más y más hacia el terreno del "hacer lo que se puede". Este vicioso proceder nos distancia enormemente del objetivo de poder alcanzar una democracia estable y nos coloca en medio de una marea de quiebres institucionales altamente perjudiciales.
La pobreza existente es un ejemplo concreto de una realidad inmoral. Ello es así porque -como bien enseña Etkin- es el resultado de una gestión inmoral, de un vacío ético que también significa injusticia, menos alimentación, salud, educación o vivienda o vivienda para quienes la necesitan. El vacío ético en los gobiernos o en sus funcionarios, se refleja en sus decisiones, en las políticas públicas. Y lo anterior ocurre cuando ellos eligen pensando en los beneficios de los grupos de interés, no en la población, (v.gr.elección de magistrados a la Corte y elección de directiva en la Asamblea). En esa falta de ética que vemos que se manifiesta por una desviación de recursos públicos que es injusta y aumenta la desigualdad en la sociedad civil.
La creciente inclinación de los rectores de los órganos del Estado de utilizar su autoridad y sus atribuciones en beneficio propio, ignorando olímpicamente los valores sociales de equidad, igualdad, libertad. Solidaridad, está resultando cada vez más peligroso para la población panameña por la desnaturalización de la función pública que ella conlleva y por la realidad inmoral que así promueve.
Cabe recordar -una vez más-una verdad que parece ser olvidada por los más: "El gran deterioro del basamento ético de las instituciones del Estado, al poner sus atribuciones a disposición del corsario de turno, el caldo de cultivo que permite al Poder medrar, desarrollarse y actuar a su aire, un poder etéreo que succiona parasitariamente la savia del sistema democrático, cada vez más debilitado, hasta la anemia social".
Esperemos que la realidad inmoral a la que nos viene empujando la ruindad moral de los factores reales de poder no le impida al pueblo panameño arruinar la fiesta de los privilegiados.
(mabernal@sinfo.net)