Una reflexión por la patria
Hay en el ambiente un sabor a patria libre, miles de banderas panameñas ondean al soplo de la brisa novembrina; los caminos y calles de todo el territorio nacional se visten de marchas, música y colores para anunciar que somos soberanos; estamos celebrando dos luchas separatistas y exaltando los méritos y glorias de aquellos panameños que nos legaron la libertad y que ofrendaron todo por alcanzar una nación próspera y dueña de su destino.
En el alma nacional se conjugan el amor por este suelo que nos vio nacer y la reflexión para ser mejores, para olvidarnos de los intereses personales y dedicar nuestro esfuerzos y capacidades al progreso y engrandecimiento de la nación. Y es que, en verdad, hay heridas profundas causadas por malos panameños que hicieron de la patria pedestal para beneficio personal; compatriotas que han sido obstáculo para que una verdadera democracia funcione en el país; para que la justicia resplandezca ante el clamor de un pueblo que reclama, con justa razón, el respeto a sus derechos ciudadanos; para que aquellos que tienen la responsabilidad de legislar en favor de las grandes mayorías, comprendan mejor que a la patria se le sirve y no se sirve de ella.
Sobre esta realidad tan triste, tenemos que reflexionar a fin de cumplir a cabalidad, como ciudadanos honestos, responsables y dignos de llevar el nombre que llevamos y poder rendir homenaje a una nación que está mal herida y necesita, con urgencia, la acción solidaria de sus hijos y liberarse de tantos males que la agobian. Es un tiempo de reflexión para todos los que vivimos en este istmo; reflexión que nos lleve a ser conscientes de cómo estamos cumpliendo nuestros deberes con Panamá; reflexión para ahondar en los compromisos que impone el "Ser panameño", porque es la única manera de mejorar nuestras actuaciones y dedicarnos a construir una república próspera y grande. Solamente en esta forma, lograremos rendir testimonio de amor y respeto a un país lacerado por males sociales que debemos combatir y erradicar a toda costa; por egoísmos, odios, rencores y ambiciones políticas que amenazan con derrumbar los cimientos de nuestra sociedad por la falta de una unidad de lucha para el fortalecimiento de la democracia, la libertad y la justicia social.
Nuestro país ha sufrido intensamente en estos últimos años, porque la dictadura fue cruel e implacable, luego la invasión devastadora que traumatizó todos los confines de la nación. Ha sido una experiencia muy amarga la vivida por nosotros, pero de esa experiencia han surgido sabias lecciones que nos señalan el camino cierto por el cual debemos transitar en el futuro.
La gestión gubernamental que aspira el logro de una patria nueva debe proyectarse, con efectividad, hacia los sectores más necesitados del país a través de programas de trabajo que mejoren los aspectos salud, educación, caminos, empleo, costo de la vida, vivienda y sobre todo, la extrema pobreza que sufre un alto porcentaje de la población a lo largo y a lo ancho de la república; la justicia debe agilizarse de tal manera que alcancemos la tramitación de tantos expedientes de panameños que aguardan en las cárceles; para exterminar la corrupción, el crimen, la droga y la violencia que están causando desasosiego en la vida de los panameños.
El poder civil debe continuar la marcha hacia su fortalecimiento con prácticas que contribuyan a hacer de la Policía Nacional.
En el alma nacional se conjugan el amor por este suelo que nos vio nacer y la reflexión para ser mejores, para olvidarnos de los intereses personales y dedicar nuestro esfuerzos y capacidades al progreso y engrandecimiento de la nación. Y es que, en verdad, hay heridas profundas causadas por malos panameños que hicieron de la patria pedestal para beneficio personal; compatriotas que han sido obstáculo para que una verdadera democracia funcione en el país; para que la justicia resplandezca ante el clamor de un pueblo que reclama, con justa razón, el respeto a sus derechos ciudadanos; para que aquellos que tienen la responsabilidad de legislar en favor de las grandes mayorías, comprendan mejor que a la patria se le sirve y no se sirve de ella.
Sobre esta realidad tan triste, tenemos que reflexionar a fin de cumplir a cabalidad, como ciudadanos honestos, responsables y dignos de llevar el nombre que llevamos y poder rendir homenaje a una nación que está mal herida y necesita, con urgencia, la acción solidaria de sus hijos y liberarse de tantos males que la agobian. Es un tiempo de reflexión para todos los que vivimos en este istmo; reflexión que nos lleve a ser conscientes de cómo estamos cumpliendo nuestros deberes con Panamá; reflexión para ahondar en los compromisos que impone el "Ser panameño", porque es la única manera de mejorar nuestras actuaciones y dedicarnos a construir una república próspera y grande. Solamente en esta forma, lograremos rendir testimonio de amor y respeto a un país lacerado por males sociales que debemos combatir y erradicar a toda costa; por egoísmos, odios, rencores y ambiciones políticas que amenazan con derrumbar los cimientos de nuestra sociedad por la falta de una unidad de lucha para el fortalecimiento de la democracia, la libertad y la justicia social.
Nuestro país ha sufrido intensamente en estos últimos años, porque la dictadura fue cruel e implacable, luego la invasión devastadora que traumatizó todos los confines de la nación. Ha sido una experiencia muy amarga la vivida por nosotros, pero de esa experiencia han surgido sabias lecciones que nos señalan el camino cierto por el cual debemos transitar en el futuro.
La gestión gubernamental que aspira el logro de una patria nueva debe proyectarse, con efectividad, hacia los sectores más necesitados del país a través de programas de trabajo que mejoren los aspectos salud, educación, caminos, empleo, costo de la vida, vivienda y sobre todo, la extrema pobreza que sufre un alto porcentaje de la población a lo largo y a lo ancho de la república; la justicia debe agilizarse de tal manera que alcancemos la tramitación de tantos expedientes de panameños que aguardan en las cárceles; para exterminar la corrupción, el crimen, la droga y la violencia que están causando desasosiego en la vida de los panameños.
El poder civil debe continuar la marcha hacia su fortalecimiento con prácticas que contribuyan a hacer de la Policía Nacional.