Una relación especial con Estados Unidos
Ahora que se exploran posibilidades de ampliar las áreas de cooperación con Estados Unidos en materia de obras sociales y seguridad, algunas de cuyas manifestaciones son los programas Nuevos Horizontes y modalidades de patrullaje del espacio aéreo y marítimo panameño, nos parece oportuno no limitar la discusión al mero problema coyuntural que atraviesa Darién.
Nos gustaría ir más allá de la posibilidad de desplazar hacia Darién los programas de acción cívica que desarrolla con todo éxito personal armado de Estados Unidos en pauperizadas zonas indígenas de Chiriquí, Veraguas y Bocas del Toro. Queremos una relación especial, cimentada en los viejos lazos históricos que se remontan 150 años atrás, desde la construcción del ferrocarril transístmico.
¿Qué entendemos por relación especial? Podemos ayudarnos con casos concretos, como los de Israel, Taiwán y Canadá, para citar los casos más obvios. En los tres, los beneficios son enormes. Los canadienses, por ejemplo, no necesitan visa. Y los tres tienen tratos muy favorables en materia comercial, cultural, turística y de otra índole, fuera de masiva ayuda material directa e indirecta, en términos de financiamiento e inversiones.
No hemos mencionado el caso de Puerto Rico, que no corresponde al tipo de relación que sugerimos. Pero es indudable que los estrechos vínculos que tiene esa minúscula isla con Estados Unidos, en los rubros que hemos expuesto, la colocan en situación de privilegio y en camino a la prosperidad.
En el aspecto de la seguridad, también nos ayuda. Como dijo hace poco el presidente colombiano, Alvaro Uribe, la lucha contra el narcoterrorismo no es cuestión de soberanía. La única soberanía válida es la cooperación internacional para combatir las fuerzas oscuras que nos invaden y corroen.
Algunos dicen que la presencia de fuerzas norteamericanas en la frontera atraería los irregulares. La verdad es otra. La guerrilla y el paramilitarismo están en Darién desde hace décadas y, en esa fatídica interrelación, nuestro humilde pueblo pone los muertos y ellos las balas, sin que haya un solo soldado extranjero en la frontera. Mucho mejor le va a Ecuador, con su base militar de Manta, que es un escudo y vacuna contra las incursiones armadas de indeseables, a más del flujo económico que genera.
Tenemos mucho que ofrecer: posición geográfica, un Canal, puertos modernos, cercanía a Colombia y Venezuela, una añeja amistad; y mucho que proteger: el centro bancario, la Zona Libre, el centro de servicios navieros, corporativo y financiero; algunos enemigos poderosos que vencer: el narcotráfico, la corrupción, la delincuencia, la OCDE, el GAFI y otros malandros envidiosos de nuestro sistema impositivo. Y frente a semejantes enemigos y peligros, siempre es bueno tener un hermano grande y poderoso para decir "nos vemos a la salida".
Nos gustaría ir más allá de la posibilidad de desplazar hacia Darién los programas de acción cívica que desarrolla con todo éxito personal armado de Estados Unidos en pauperizadas zonas indígenas de Chiriquí, Veraguas y Bocas del Toro. Queremos una relación especial, cimentada en los viejos lazos históricos que se remontan 150 años atrás, desde la construcción del ferrocarril transístmico.
¿Qué entendemos por relación especial? Podemos ayudarnos con casos concretos, como los de Israel, Taiwán y Canadá, para citar los casos más obvios. En los tres, los beneficios son enormes. Los canadienses, por ejemplo, no necesitan visa. Y los tres tienen tratos muy favorables en materia comercial, cultural, turística y de otra índole, fuera de masiva ayuda material directa e indirecta, en términos de financiamiento e inversiones.
No hemos mencionado el caso de Puerto Rico, que no corresponde al tipo de relación que sugerimos. Pero es indudable que los estrechos vínculos que tiene esa minúscula isla con Estados Unidos, en los rubros que hemos expuesto, la colocan en situación de privilegio y en camino a la prosperidad.
En el aspecto de la seguridad, también nos ayuda. Como dijo hace poco el presidente colombiano, Alvaro Uribe, la lucha contra el narcoterrorismo no es cuestión de soberanía. La única soberanía válida es la cooperación internacional para combatir las fuerzas oscuras que nos invaden y corroen.
Algunos dicen que la presencia de fuerzas norteamericanas en la frontera atraería los irregulares. La verdad es otra. La guerrilla y el paramilitarismo están en Darién desde hace décadas y, en esa fatídica interrelación, nuestro humilde pueblo pone los muertos y ellos las balas, sin que haya un solo soldado extranjero en la frontera. Mucho mejor le va a Ecuador, con su base militar de Manta, que es un escudo y vacuna contra las incursiones armadas de indeseables, a más del flujo económico que genera.
Tenemos mucho que ofrecer: posición geográfica, un Canal, puertos modernos, cercanía a Colombia y Venezuela, una añeja amistad; y mucho que proteger: el centro bancario, la Zona Libre, el centro de servicios navieros, corporativo y financiero; algunos enemigos poderosos que vencer: el narcotráfico, la corrupción, la delincuencia, la OCDE, el GAFI y otros malandros envidiosos de nuestro sistema impositivo. Y frente a semejantes enemigos y peligros, siempre es bueno tener un hermano grande y poderoso para decir "nos vemos a la salida".