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Una renuncia digna


Poco o ningún impacto ha tenido la renuncia de Mary Ann Wright, alta funcionaria del Departamento de Estado norteamericano, quien prestó servicios en la embajada de su país en Panamá durante la invasión de diciembre de 1989. Pero el tenor de su dimisión, reportado por nuestro corresponsal en Berlín, Henry Raymont, nos hace meditar sobre los valores de la dignidad y las reservas laborales de conciencia.
Mary Ann renunció a su alto puesto, a sus elevados emolumentos y a su antigüedad impoluta de 26 años de servicios a su país, por no estar de acuerdo con la política seguida por su gobierno, presidido por el presidente George Bush hijo, con respecto a la crisis de Irak, el problema israeli-palestino, Corea del Norte y la situación de los derechos civiles en su nación.
"Esta es la única vez en mis muchos años de servir a mi gobierno que siento que no puedo representar la política de los Estados Unidos. Me temo que la política del gobierno está convirtiendo al mundo en un lugar más peligroso. Estoy convencida que la probable respuesta de muchos árabes de la región, así como de los musulmanes del mundo resultará en acciones extraordinariamente peligrosas", reza en parte la carta.
Se trata de una diplomática de primer orden y vasta experiencia. Sirvió como reserva al ejército de Estados Unidos, participó en proyectos de reconstrucción civil luego de las invasiones a Grenada, Panamá y Somalia, y trabajó desde enero en Kabul, Afganistán. Nadie puede echarle cuentos tras una larga carrera de más de un cuarto de siglo, en la que lo ha visto todo durante no menos de cinco distintas presidencias de su país. Ese solo hecho debiera ser tomado en cuenta para no considerar a la ligera sus advertencias.
Mary Ann expresa también, que la guerra unilateral emprendida por su país contra Irak, debilita la autoridad de la ONU y "socava el sistema de derecho internacional, además de abrir serias brechas con el mundo islámico". En el campo de los derechos civiles, deplora que la libertad individual y personal, y las garantías del debido proceso y presunción de inocencia, hayan sido erosionadas en nombre de la seguridad nacional.
En mucho sentido, sus graves apuntamientos coinciden y se complementan con los manifestados por los senadores Robert Byrd y George McGovern, quienes subrayan el daño que se ha hecho a las relaciones de su país con tradicionales y probados aliados en Europa, la inestabilidad internacional que provoca la doctrina de la "guerra preventiva" y el abismo insalvable abierto con el mundo árabe, basado todo en una "sinfonía de mentiras".

101 años de Panamá América

 
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