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Una respuesta al neoliberalismo


Si en algo estamos de acuerdo la mayoría de los ciudadanos de los países del Tercer Mundo es que la actual situación, creada por el neoliberalismo, no puede continuar tal como está. Se requiere de un cambio que permita estrechar la brecha existente entre los países ricos y los pobres, y una propuesta para que ello ocurra lo constituye la conocida Tasa Tobin. En 1971, el economista norteamericano James Tobin, premio Nobel de economía, propuso introducir una tasa sobre los flujos de capital especulativos, los cientos de miles de millones que cruzan el mundo en un día, debido a la necesidad de capital, o que son utilizados para el comercio de valores en la bolsa. Este movimiento, que se originó en Francia, lleva el nombre de ATTAC, Asociación por una Tasa a las Transacciones Cambiarías para Apoyar a los Ciudadanos.
ATTAC ya tiene filiales en casi todos los países de Europa Occidental y ha obtenido logros con la promoción de la política de gravamen de Tobin.
La introducción de un impuesto de esta índole, claro está que sólo es posible con la aceptación por parte de la totalidad de los países, aquellos desde donde sale el capital y también los receptores. Además exige la cooperación de bancos, fondos y otras instituciones privadas, que envían diariamente esos cientos de millones de dólares hacia todo el mundo.
Es usual que las propuestas que se salen del guión de la globalización neoliberal son tachadas inmediatamente de "utópicas" y de disparates, por los representantes de los poderes económicos. Pero, de igual forma, como a los ciudadanos les descuentan una parte del sueldo y no se quejan puesto a que entienden que los impuestos tienen como finalidad sufragar los gastos públicos necesarios para elevar la calidad de vida de los ciudadanos, lo mismo procede hacer con aquellos que especulan con el cambio de monedas e inversiones en los mercados bursátiles internacionales y que amasa de esta manera una fortuna considerable.
La mayor parte de ese flujo no corresponde a ningún intercambio real de mercancías, sino a la búsqueda de beneficios financieros inmediatos, a menudo considerables.
Esta evolución es particularmente nefasta para la humanidad entera, ya que conlleva una gran inestabilidad del sistema monetario y conduce a una sucesión de graves y contagiosas crisis económicas. Dichas crisis, como las que afectaron a México en 1994, a Asia del sureste en 1997, a Rusia en 1998, a Brasil en 1999 y más recientemente a Argentina, arruinan, en pocos días, varios años de trabajo productivo.
Hoy por hoy no existe ningún impuesto que obligue a dichas transacciones contribuir mínimamente al mantenimiento de los gastos públicos necesarios para asegurar servicios como la salud, la educación, las prestaciones sociales por enfermedad o desempleo, etc. ¿Es acaso justo esto? Pues bien, la tasa Tobin propone gravar con un 0,1% las transacciones de divisas. O sea, un dólar por cada mil ¿Ridículo, no les parece? La propuesta no es de ningún loco, sino de un economista premio Nobel. Así que se espera de él que haya tenido en cuenta su viabilidad.
Se calcula que el impuesto supondría una recaudación de más de 200,000 millones de dólares anuales en el mundo (un día laborable circulan libremente más de dos billones de dólares).
La cantidad recaudada podría muy bien destinarse para ayuda al desarrollo de los países necesitados. Menos de la mitad bastaría, según cálculos de la ONU, para satisfacer necesidades tan básicas como el acceso universal al agua potable, la sanidad, la educación y el cuidado del medio ambiente.
Numerosas organizaciones no gubernamentales a través del mundo, en relación con los sindicatos y las asociaciones de finalidad social o relativas al medio ambiente, actúan juntas con sus gobiernos y participan a la puesta en marcha de tasas del tipo Tobin.
La Tasa Tobin no es impulsada solamente por los "tirapiedras", sino también por organizaciones serias como la francesa ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras para Ayudar a los Ciudadanos) que, según Le Monde, tiene alrededor de 30 mil miembros, y la británica War on Want (Guerra a la Necesidad). La Tasa Tobin, además, ha sido planteada en el Congreso de Estados Unidos, en el Parlamento Europeo y en los parlamentos de Canadá, Gran Bretaña e Italia, entre otras naciones.
Los opositores a la Tasa Tobin suelen argumentar que ella frenaría el desarrollo. ¡No! Los impuestos destinados a infraestructuras, servicios, redistribución no frenan el desarrollo de un país. ¡Al contrario! Otros ponen la carreta por delante de los bueyes y argumentan que los especuladores se lo saltarían encontrando alguna artimaña. ¡Seguro que sí!, pero también mucha gente, por desgracia, se salta los impuestos sobre la renta, pero ése no es argumento para abolir ese impuesto.
Otros suelen argumentar que controlar la especulación de esta forma es querer curar los síntomas sin ocuparse de las causas de la enfermedad, que tiene su origen en los desequilibrios sociales y políticos en favor del capital dominante.
222Menos de la mitad bastaría, según la ONU, para satisfacer necesidades tan básicas como el acceso universal al agua potable, la sanidad, la educación y el cuidado del medio ambiente.
Sabemos que se dice que esto es utópico, erróneo, inaplicable... Sin embargo es un legítimo y modesto sueño de los que no nos resignamos a la pesadilla neoliberal, y es que la alternativa tampoco es seguir como hasta ahora.
Según cálculos de las Naciones Unidas, las sumas recaudadas de la aplicación de una tasa del 0.1% a las transacciones financieras antes referidas alcanzarían un volumen de recursos superior al necesario para desarrollar un programa planetario de erradicación de la pobreza. Con el 10% de la suma recaudada sería posible proporcionar atención sanitaria a todos los habitantes del planeta, suprimir las formas graves de mal nutrición y proporcionar agua potable a todo el mundo.
Con un 5% se podría establecer una red de planificación familiar a escala planetaria, de tal suerte que la población del mundo quedase estabilizada en el 2015. Con un 3% se conseguiría reducir a la mitad la tasa de analfabetismo presente en la población adulta.
(egrimal@cableonda.net)

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