Una sabia decisión para el futuro
Bush probablemente no ha tomado en serio a los fundamentalistas. Hasta ahora, ha demostrado que está verdaderamente dispuesto a asumir riesgos por el sector empresarial. Allí están parte de sus promesas electorales. Los fundamentalistas, por otro lado, son simpatizantes a quienes debe servir sólo de palabra, con propuestas ambiguas, como la de subsidiar la fe religiosa. Un vocabulario de rituales, poses fervorosas, señales de sumisión ante la Divina Providencia, todo eso ayuda. Los fundamentalistas se contentan con poco. Pero ciertamente su complacencia con la retórica tiene sus límites.
Por consiguiente, Bush no podía apoyar abiertamente al laboratorio. Pero tampoco podía plegarse a la oscuridad cavernícola. Optó por una ecléctica medialuz, que deja la puerta abierta al avance científico, pero salva la dignidad del fundamentalismo. Y sobre todo, evita una lucha en el seno del partido republicano.
La investigación con embriones humanos es una prometedora senda científica, que puede generar tratamientos para enfermedades hasta ahora incurables.
No hay nada antiético en la búsqueda científica de mejores condiciones de existencia humana. Oponerse a la ciencia a nombre de principios moralistas es puro y simple oscurantismo. No hay razones para dudar que el presidente Bush comprende esto. Es un hombre moderno, dotado de gran sentido práctico, que sabe lo que le conviene. Pero lo que mejor entiende Bush es la política. Y mientras un amplio sector derechista vea en él a su representante, Bush estará a media luz, entre la caverna y el laboratorio.
Por consiguiente, Bush no podía apoyar abiertamente al laboratorio. Pero tampoco podía plegarse a la oscuridad cavernícola. Optó por una ecléctica medialuz, que deja la puerta abierta al avance científico, pero salva la dignidad del fundamentalismo. Y sobre todo, evita una lucha en el seno del partido republicano.
La investigación con embriones humanos es una prometedora senda científica, que puede generar tratamientos para enfermedades hasta ahora incurables.
No hay nada antiético en la búsqueda científica de mejores condiciones de existencia humana. Oponerse a la ciencia a nombre de principios moralistas es puro y simple oscurantismo. No hay razones para dudar que el presidente Bush comprende esto. Es un hombre moderno, dotado de gran sentido práctico, que sabe lo que le conviene. Pero lo que mejor entiende Bush es la política. Y mientras un amplio sector derechista vea en él a su representante, Bush estará a media luz, entre la caverna y el laboratorio.