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Una seguridad en entredicho


Todavía no me sobrepongo de la fatal noticia del atentado terrorista que sufrió el gobierno y pueblo estadounidense, cuando varios aviones secuestrados con pasajeros a bordo, explotaron contra puntos clave como los son el Pentágono y las Torres Gemelas.
Eran poco más de las 7:40 a.m., cuando vimos en la televisión local una escueta información. Un avión se había estrellado contra uno de los edificios de Las Torres Gemelas, localizadas en New York City. Pensamos por un momento que era un hecho aislado y no le dimos importancia. Que lejos estábamos de imaginarnos la tragedia en la que se convertiría esa información y los miles de muertos que se iban a registrar, dejando una estela de luto y dolor.
Pocos minutos después al llegar a nuestro trabajo, nos percatamos de la magnitud de los hechos. No fue un suceso aislado, había ocurrido un atentado terrorista, no sólo en las Torres Gemelas, sino también en el Pentágono. Lo que no podemos entender es cómo fue vulnerada la seguridad de esos aviones. Quienes hemos tenido la oportunidad de estar en Estados Unidos, hemos sido testigos de lo riguroso que son los norteamericanos con la seguridad, especialmente en los aeropuertos.
Cómo pudieron los terroristas burlar la seguridad para poder secuestrar los aviones. Los hechos no tienen precedentes y nos dejan un sabor muy amargo, sobre todo por las vidas humanas que se perdieron. El aspecto material es el que menos importa.
Aún, no nos sobreponemos por la gravedad de lo ocurrido, nos parece increíble, es como una pesadilla que ojalá despertáramos de ella. No podemos realizar cómo sucedieron los hechos sin que nadie se percatara de nada absolutamente, hasta que los hechos se hubieran consumado.
Queda demostrado con lo sucedido que hasta la primera potencia mundial es vulnerable en cuanto a seguridad se refiere, pero lo que más nos preocupa es la posibilidad de que lo sucedido derive en un conflicto armado, que traería consigo una secuela de consecuencias imposibles de pronosticar.
La acción llevada a cabo de forma coordinada y preparada, cegó muchas vidas inocentes, que al abordar esos aviones de vuelos locales, nunca pensaron a lo que se iban a enfrentar.
No podemos ni siquiera imaginar los momentos tan terribles que vivieron los pasajeros de los fatídicos vuelos, pero lo grave de los hechos es que los organismos de seguridad estadounidense, que siempre han hecho alarde de sus métodos, no se percataron previamente de que los terroristas preparaban un ataque de tal magnitud.
Suponemos que preparar un ataque terrorista en cadena, conlleva muchos detalles que debieron ser descubiertos por quienes tienen la responsabilidad de velar por la seguridad de la primera superpotencia mundial.
Al observar los videos, pareciera que estuviéramos viendo una película de ficción, pero la realidad es otra, la muerte que sorprendió a muchas personas durante la mañana del 11 de septiembre de 2001 no distinguió entre su credo religioso, su nacionalidad o su raza.
Pienso y vuelvo a pensar ¿cómo pudo suceder algo tan grave?, me resisto a realizarlo en mi mente y me siento afectada emocionalmente, porque a pesar de no conocer a nadie de los afectados, siento en mi corazón una profunda tristeza y una impotencia que no puedo describir con palabras.
Lo sucedido no debe quedar sin castigo y nos parece que el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush está haciendo lo correcto al instruir a sus organismos de seguridad a que investiguen los hechos, para encontrar los responsables y castigarlos. Sí, castigar a los responsables sin que se vean afectados personas inocentes que no tienen que ver con lo sucedido.
Los responsables deben dar la cara para evitar más muertes estériles que en nada ayudarían a la recuperación emocional, psicológica y económica de los afectados, especialmente los residentes en New York y Washington.
Como seguidores de las enseñanzas del Budismo Verdadero de Nichiren Daishonin, que entre sus metas principales persigue el logro de la paz mundial, no podemos estar de acuerdo con la barbarie sucedida y mucho menos compartir con quienes alejados de todo viso de respeto por la dignidad humana cegaron vidas inocentes y celebraron la muerte de cientos de miles de estadounidenses.
Sólo nos queda hacer nuestras oraciones porque algo como lo que sucedió este día no suceda jamás, porque siempre son los inocentes los que pierden sus vidas en una guerra estéril, donde lo único que se persigue es demostrar quien tiene mayor destreza o mayor poderío.

101 años de Panamá América

 
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