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Una sentencia de vergüenza


Interrogado ante el juez, el director de este medio, sobre si en su doble calidad de abogado y periodista con treinta y diez años de experiencia, y conociendo el rol de la separación de los poderes como base de la institucionalidad democrática, si la administración de justicia le merecía algún tipo de confianza, el director respondió: "No, en lo absoluto, no tengo la más mínima confianza ni en éste (mirando al juez) ni en ningún otro tribunal del país, ni en ésta ni en ninguna otra causa".
Con anterioridad, el mismo declarante había explicado cómo en marzo del 2001 dispuso el envío de un equipo de periodistas y fotógrafos a verificar la información recibida de una fuente - que voluntariamente declaró en el juicio - según la cual, el Fondo de Inversión Social (FIS), una entidad gubernamental, estaría construyendo una carretera para servir casi exclusivamente a dos fincas cercanas pertenecientes al ministro de Gobierno, Winston Spadafora, y al Contralor General, Alvin Weeden.
La información fue confirmada y publicada por El Panamá América, acompañada por fotografías en las que mostraba ambos inmuebles, incluyendo una casa de Spadafora y abundante equipo del FIS parte trabajando en la vía y parte reposando en los predios del inmueble de Weeden. El entorno lucía deshabitado, salvo por las propiedades de ambos funcionarios. El texto fue firmado por los periodistas Jean Marcel Chéry y Gustavo Aparicio, y el título: "El FIS trabaja en fincas de Weeden y Spadafora", estuvo a cargo del jefe de información, Arnulfo Barroso, quien así lo declaró.
La nota periodística, pretendía retratar objetivamente un hecho, la construcción de una carretera de 4.6 kilómetros por el FIS que conducía y servía, en apariencia, casi exclusivamente a las fincas de dos altos funcionarios. La noticia - señaló el director declarante - no imputó la comisión de delito a nadie. Correspondía, dijo, a los involucrados explicar el hecho y rendir cuentas. Y de ambos, sólo uno lo hizo, el contralor Weeden, quien explicó que él había pagado con su propio pecunio los trabajos de la maquinaria en su finca. El otro, Spadafora, optó por querellarse contra nosotros.
El juez Décimo Tercero de Circuito Penal, Secundino Mendieta, subalterno jerárquico del querellante Spadafora (por haber sido nombrado un año después como magistrado de la Corte Suprema de Justicia), dictó el fallo que se esperaba: la condena a 12 meses de cárcel de los periodistas Chéry y Aparicio por el solo hecho de ejercer su profesión. La sentencia ha sido apelada pero, como dijo el director, los fallos del Organo Judicial panameño no nos merecen ninguna confianza.
Y por ello, luego de este primer año de colaboraciones, me pregunto: ¿Qué nos depara el futuro a los panameños? Por lo pronto sé que la respuesta es unos cuántos meses más de lo mismo: nepotismo, corrupción y marcada miseria. Sé que el cambio vendrá. Será posible con aquello que labremos con nuestras propias manos, con nuestras decisiones, con nuestro voto; poniendo por delante los valores, la moral y la dignidad. Quizás el centenario será sombrío. Quizás al final del año no haya muchas cosas por qué celebrar, pero siempre habrá una luz al final del túnel; porque el gobierno arnulfista no es eterno y Mireya Moscoso tampoco.
(jayamal@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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