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Una sociedad enferma


Se hace imperioso revisar todo cuanto concierne a la política criminal del Estado panameño, no solamente en cuanto a sus enfoques, sino también a lo relacionado con sus fines y objetivos; de modo que éstos puedan ser adecuados con los textos constitucionales y, a su vez, cónsonos con la realidad criminal de nuestro país dentro del contexto criminológico regional y latinoamericano sin poder sustraernos, por consiguiente, de eso que ha dado en llamarse "la criminología globalizada".  

El reciente congreso sobre psicopatías y enfermedades mentales organizado por la enjundiosa Unión Nacional de Abogadas, presidido por la Dra. Norma de Torrijos, puso en evidencia que es necesario, impostergable, adecuar el protagonismo del Estado en la realidad que nos brinda la población penitenciaria, y también las víctimas, que padecen o sufren de trastornos mentales entre los cuales sobresalen las psicopatías y las depresiones.

No puede ser cierto que tengamos en las cárceles a un segmento de la población que está sufriendo de esas enfermedades, y las autoridades no hagan nada para encarar este padecimiento. Recientemente, conocemos del caso de un acusado que se suicidó en la cárcel con su propia media.

El ser deprimido, no es un ser débil, es un ser enfermo. Debilitado sí, en sus facetas físicas y espirituales, pero a consecuencia de su propia enfermedad: la depresión. ¿No se pudo diagnosticar esto a tiempo por parte de un profesional de la psiquiatría o de la piscología? Estamos fallando, no hay duda alguna, tanto como sociedad y como sistema. Doña Ana Matilde, procuradora de la Nación, en el discurso de clausura lo supo advertir con profundo sentido de responsabilidad.

Nos hemos convertido, advertía en dicho evento, en una sociedad de autistas. Nos escuchamos, pero tan solo para oírnos, sin lograr conocernos o identificarnos con el mal o el problema, la angustia o la tristeza ajena, la de nuestros propios semejantes. Se trata de sociedades, agregaba, que aunque bulliciosas en sus formas de divertirse o recrearse, son silenciosas para expresar muestras de cariño, amor, solidaridad, amistad y comprensión para con el prójimo.

En consecuencia, demandamos que el Estado y sus autoridades tomen conciencia oportuna del grave mal que nos aqueja. Se ha sostenido, por parte de la Organización Panamericana de la Salud en su informe del año 2000, que para el año 2020 la depresión ocupará el primer lugar en el mundo como enfermedad que atosiga el alma, el cuerpo y el espíritu del hombre y de la mujer, de muchachos y muchachas, también de niños y niñas. Esto es alarmante.

El crimen también merodea en los hogares, muchos de ellos sin saberlo, en donde el síndrome de la depresión y de las psicopatías anidan en una o más de las mentes que integran el núcleo familiar, siendo desastrosos, horripilantes, sus efectos y las consecuencias a corto, mediano y a largo plazo, realmente funestas. Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI, ha sintetizado todo este panorama como "la cultura del vacío".

101 años de Panamá América

 
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