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Una sociedad participativa


La democracia, en la antigüedad, era la representatividad en los poderes, ya fuera por el voto popular o por escogimiento. Entonces, la sociedad se hacía representar por los elegidos en puestos conseguidos para ello. La modernización de la democracia ha cambiado el concepto de la misma para hacerla participativa, pues se consideró que no era suficiente que una persona hablara, opinara y votara en representación de miles de ciudadanos indiferentes porque se creían bien representados. Al evolucionar el tiempo, se contempló la necesidad de que más personas dieran su opinión y que fueran escuchadas por los estamentos correspondientes.
Se solicita, entonces, la participación de esa sociedad civil para que el gobierno escuche sus opiniones y se conozcan los pros y los contras de los movimientos gubernamentales. Ha finalizado el tiempo en que los gobernantes ejercían su poder arbitrariamente o asesorados por un minúsculo grupo que llevaba la voz cantante y decidía el futuro de todo un pueblo. Ahora deben escuchar la "vox populis" para que sea en conjunto quienes gobiernen con el beneplácito de una mayoría. No debe imponerse mi criterio, si no se ha tomado en cuenta la opinión de las entidades conocedoras de cada problema.
Sin embargo, en Panamá se nos presenta una situación sui generis que permite que despreciemos las oportunidades de participar y otorguemos a los gobernantes la ocasión de imponer por falsa voluntad o por la fuerza, las determinaciones que hayan tomado en momentos inapropiados.
Analicemos un poco lo que es la sociedad en nuestro país. El modernismo se ha hecho tan materialista que lleva a las personas a pensar sólo en ellos, en lo conveniente de ganar dinero y tener más bienes materiales, olvidando que el bienestar del país se basa en pensamientos y opiniones de la gente pensante. Mientras los gobernantes y los tres poderes del país juegan un papel de incongruencia, peligrosa para nuestro futuro, se va camino a la anarquía y la falta de una cabeza que guíe las riendas de un gobierno que necesita el pueblo. Pero, ante las irregularidades de ese gobierno, la sociedad no se organiza, no participa, no opina y muestra una indiferencia que raya en la apatía. Los medios de comunicación se desgañitan hablando sobre una irregularidad. Salvo un pequeño grupo que opinamos, sin que ejerzamos influencia preponderante sobre el resto de la sociedad, ella misma se abstiene de participar y dejamos a los políticos que opinen para luego criticarlos en el campo de una autodefensa por no haber participado en nada. Aquellos seres elegidos por nosotros para ocupar curules en la Asamblea, actúan contra la voluntad popular y nosotros nos contentamos con comentarlo en pequeños grupos sin que lleguemos a presionar lo suficiente como para cambiar su opinión o su forma de actuar. Ellos nos representan y fracasan ante nuestros ojos, pero volvemos a elegirlos porque nos compran con una bolsa de comida que nos permite comer un día. Vendemos conciencias por una migaja de pan; vendemos nuestra dignidad por un sueter o una gorra, que vergüenza debiera darnos. Vendemos nuestro voto, nuestras opiniones, nuestra manera de caminar sin tener en cuenta los ideales que debieran movernos para lograr el adelanto del país. Cambiamos de partido porque el nuevo nos financia una posible campaña, aunque no vaya de acuerdo con nuestra dignidad y nuestra honestidad. Así vivimos atados a quienes nos dan una migaja, pero nos controlan la existencia con el criterio del dominio del poder, sobre todo económico. Nuestra sociedad debe soltarse, desligarse de compromisos irrisorios y participar en los problemas nacionales para que se cumpla lo de la democracia participativa. Evitar que lo que nos toca, no nos incumba y que los demás se arreglen. Si continuamos así, tendremos una democracia endeble, fundada sobre la base de una equivocación que nos costará caro si no modernizamos nuestro criterio y nuestra actuación para obligar al gobierno a gobernar para todos y no para un grupo de allegados.
marisin@movistar.com.pa
De acuerdo con el doctor Alex Díaz, jefe de la sección de Protección de Alimentos del Departamento de Salud Pública de la Región Metropolitana de Salud del MINSA, ellos se encargan de realizar constantes operativos para determinar el estado de los productos, en este caso de los pescados.
Desde el viernes 2 de marzo iniciaron el operativo en el Mercado de Mariscos, donde descubrieron un total de 40 libras de pescado en estado de descomposición; mientras que en el operativo realizado el 9 de marzo se impusieron sanciones por la falta de hielo en algunas neveras.
Los operativos se realizan desde las 4: 00 a.m. hasta las 7: 00 a.m.; y de 7: 00 a.m. hasta las 12: 00 p.m.
Las sanciones van desde B/.25 hasta B/.50; y si los multados son reicidentes se les dobla la sanción.
Diaz agregó que los que se dediquen a vender pescados en autos deben cumplir con las condiciones sanitarias como son que tanto el conductor como el ayudante tengan los dos carnet de salud.
También deben usar la vestimenta adecuada como gorras, camisa blanca; y las neveras donde transportan los productos deben llevar suficiente cantidad de hielo para evitar la descomposición de los pescados que pueden afectar a quienes los consumen.
El pescado es uno de los alimentos más completos y sanos. Son muy altos en proteínas y minerales y bajos en calorías.
El pescado contiene grandes cantidades de vitamina A y D. También posee vitamina E, que ejerce un efecto protector antioxidante; y constituye una buena fuente nutritiva de vitaminas del grupo B, y es muy rico en sodio y potasio.
Es aconsejable comerlo dos veces a la semana.

101 años de Panamá América

 
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