Una solución al transporte público en la capital
Desde hace años vengo escuchando las discusiones y "soluciones" al problema del transporte público en la ciudad de Panamá. Al parecer, se han formado dos "bloques" de intereses: uno a favor del llamado "monorriel" y otro a favor de los "buses articulados". Me parece que cada uno expone lo que considera las "partes buenas" de cada proyecto, pero esconden mañosamente las malas, que en muchos casos son mayoría y peores.
Todo este asunto es tratado de una manera anómala y extraña. A propósito, recuerdo el dicho: "Para qué tantos brincos y saltos si el camino está parejo". Porque si analizamos el problema desde un punto de vista honesto y desinteresado, su solución es sencilla y necesaria.
Sobre el "autobús articulado" podría decir que cuando viví en México, D.F., por un tiempo, hace casi 25 años, a la flota de transporte público aún le quedaban ciertos ejemplares de estos artefactos, que fueron rápidamente desechados como chatarra, pues resultaron imprácticos y deficientes técnicamente. Tenían la tendencia a partirse por el "acordeón" del medio, y las personas evitaban subirse a ellos. Es, sin duda, una tecnología obsoleta del siglo pasado. Pero aún hay empresas deshonestas que buscan a ingenuos tercermundistas para venderles este Ford Edsel de los autobuses. Este sistema no duraría en Panamá ni dos años antes de colapsar totalmente.
Sobre el famoso "monorriel", me parece que hay una manipulación tendenciosa de la información, ya que se presenta esta alternativa como la única de este tipo. Y es verdad que el monorriel es excesivamente costoso, de capacidad y alcance limitado. No me extrañaría que también propusieran un sistema MagLev para Panamá. Pero es un ejemplo muy malo de transporte público por lo costoso y por estar casi a un nivel experimental.
No me explico porqué no se considera lo que realmente es la solución al problema: El "metro", que no es un monorriel; es un tren eléctrico de gran capacidad y alcance. En todas las ciudades importantes del mundo es el principal medio de transporte popular. Sus vías se adaptan a las condiciones urbanas, ya que pueden ser subterráneas, de superficie o aéreas, dependiendo de las facilidades de su construcción. Un metro de Santa Ana a Tocumen, sin intereses ni comisiones, costaría la décima parte que el monorriel en la misma ruta, y llevaría diez veces más personas a mayor velocidad. Además, tiene la ventaja de ser eléctrico, por lo que su mantenimiento y combustible es mucho más barato y no contaminante.
El Sistema de Transporte Metropolitano o "Metro" es una tecnología probada y perfeccionada en los principales países del mundo. Es inexplicable que a estas alturas, en Panamá sean consideradas tecnologías obsoletas o imprácticas, basados en consideraciones que nada tienen que ver con la eficiencia del sistema o el beneficio del pueblo o de la nación.
(eesquivelrios@gmail.com)
En la calle principal de Don Bosco hay más de 3 bares y en esa misma calle hay escuelas y una capilla.
La empresaria Nivia Rossana Castrellón, presidenta de la Unión Nacional de Centros Educativos Particulares, indica que se presentan situaciones en donde las escuelas están muy cerca de las cantinas y el ejemplo que reciben los jóvenes panameños no es bueno.
"Se da la situación donde los muchachos tienen que atravesar áreas para llegar a sus centros educativos, donde hay cantinas o billares", lamenta.
Considera que "son iniciativas perversas".
La Ley No. 55 de 10 de julio de 1973 regula la administración, fiscalización y cobro de varios tributos municipales.
En el artículo 12 habla de que estos negocios deben estar ubicados a una distancia de 500 metros de iglesias y 300 de escuelas.
Los lugareños señalan que eso es "letra muerta".
El acuerdo No. 65 del 28 de septiembre de 2004, emitido por el alcalde de San Miguelito, Héctor Valdés Carrasquilla, suspende por un año los permisos de expendio de bebidas alcohólicas. La norma se prorrogó y sigue vigente.
Es decir, no se ha abierto un negocio más. En ese año superaban la cantidad de escuelas, pues sumaban 100.
Aunque se reservó el nombre, el alcalde dice que investigan algunas denuncias de negocios que "los propietarios se consideran unos genios y fabulosos en la viveza".
Ocurre que investigan negocios que se presume realizan otras actividades.
El hecho no es aislado. El clausurado Bar El Cantante, en San Isidro, en el 2004 cumplía las normativas y no alteraba la paz. Sin embargo, al pasar los días se convirtió en centro de prostitución clandestina.
Y por atentar contra la paz se cerró el bar y discoteca Susana, en Santa Librada; el bar La Caponera, en el Valle de Urracá y la discoteca El Regocijo, frente a Los Andes No. 2.
Allí salieron a relucir armas blancas y de fuego, problemas y escándalos.
El alcalde Carrasquilla señala que "como los negocios están en medio de comunidades, todos se conocen y nadie quiere denunciar, ni buscarse conflictos con el dueño".
Dice que para efectos de la investigación, información y para fortalecer el expediente que se levanta se necesita la colaboración de la sociedad.
Manifiesta que la comunidad debe informar, ya que hay un problema estructural del recurso humano, no hay suficiente personal para inspeccionar todos los negocios.
"Yo no hago alianza con ningún empresario de apoyarlo en cosas indebidas y que alteren la paz y la tranquilidad del distrito", alega.
Mientras que el sociólogo Marcos Gandásegui asegura que las cantinas, bodegas y clubes nocturnos contribuyen a la corrupción.
"Mañana podrían cerrarse y el país mejoraría mucho", considera.
A su juicio, el distrito de San Miguelito está abandonado.
Opina que no hay presencia de una mano orientadora para que los niños y jóvenes tengan oportunidades de superación.
Gandásegui expresa que el Ministerio de Educación tiene un presupuesto de B/.600 millones y habría que ver qué hacen con los recursos.
Todo este asunto es tratado de una manera anómala y extraña. A propósito, recuerdo el dicho: "Para qué tantos brincos y saltos si el camino está parejo". Porque si analizamos el problema desde un punto de vista honesto y desinteresado, su solución es sencilla y necesaria.
Sobre el "autobús articulado" podría decir que cuando viví en México, D.F., por un tiempo, hace casi 25 años, a la flota de transporte público aún le quedaban ciertos ejemplares de estos artefactos, que fueron rápidamente desechados como chatarra, pues resultaron imprácticos y deficientes técnicamente. Tenían la tendencia a partirse por el "acordeón" del medio, y las personas evitaban subirse a ellos. Es, sin duda, una tecnología obsoleta del siglo pasado. Pero aún hay empresas deshonestas que buscan a ingenuos tercermundistas para venderles este Ford Edsel de los autobuses. Este sistema no duraría en Panamá ni dos años antes de colapsar totalmente.
Sobre el famoso "monorriel", me parece que hay una manipulación tendenciosa de la información, ya que se presenta esta alternativa como la única de este tipo. Y es verdad que el monorriel es excesivamente costoso, de capacidad y alcance limitado. No me extrañaría que también propusieran un sistema MagLev para Panamá. Pero es un ejemplo muy malo de transporte público por lo costoso y por estar casi a un nivel experimental.
No me explico porqué no se considera lo que realmente es la solución al problema: El "metro", que no es un monorriel; es un tren eléctrico de gran capacidad y alcance. En todas las ciudades importantes del mundo es el principal medio de transporte popular. Sus vías se adaptan a las condiciones urbanas, ya que pueden ser subterráneas, de superficie o aéreas, dependiendo de las facilidades de su construcción. Un metro de Santa Ana a Tocumen, sin intereses ni comisiones, costaría la décima parte que el monorriel en la misma ruta, y llevaría diez veces más personas a mayor velocidad. Además, tiene la ventaja de ser eléctrico, por lo que su mantenimiento y combustible es mucho más barato y no contaminante.
El Sistema de Transporte Metropolitano o "Metro" es una tecnología probada y perfeccionada en los principales países del mundo. Es inexplicable que a estas alturas, en Panamá sean consideradas tecnologías obsoletas o imprácticas, basados en consideraciones que nada tienen que ver con la eficiencia del sistema o el beneficio del pueblo o de la nación.
(eesquivelrios@gmail.com)
En la calle principal de Don Bosco hay más de 3 bares y en esa misma calle hay escuelas y una capilla.
La empresaria Nivia Rossana Castrellón, presidenta de la Unión Nacional de Centros Educativos Particulares, indica que se presentan situaciones en donde las escuelas están muy cerca de las cantinas y el ejemplo que reciben los jóvenes panameños no es bueno.
"Se da la situación donde los muchachos tienen que atravesar áreas para llegar a sus centros educativos, donde hay cantinas o billares", lamenta.
Considera que "son iniciativas perversas".
La Ley No. 55 de 10 de julio de 1973 regula la administración, fiscalización y cobro de varios tributos municipales.
En el artículo 12 habla de que estos negocios deben estar ubicados a una distancia de 500 metros de iglesias y 300 de escuelas.
Los lugareños señalan que eso es "letra muerta".
El acuerdo No. 65 del 28 de septiembre de 2004, emitido por el alcalde de San Miguelito, Héctor Valdés Carrasquilla, suspende por un año los permisos de expendio de bebidas alcohólicas. La norma se prorrogó y sigue vigente.
Es decir, no se ha abierto un negocio más. En ese año superaban la cantidad de escuelas, pues sumaban 100.
Aunque se reservó el nombre, el alcalde dice que investigan algunas denuncias de negocios que "los propietarios se consideran unos genios y fabulosos en la viveza".
Ocurre que investigan negocios que se presume realizan otras actividades.
El hecho no es aislado. El clausurado Bar El Cantante, en San Isidro, en el 2004 cumplía las normativas y no alteraba la paz. Sin embargo, al pasar los días se convirtió en centro de prostitución clandestina.
Y por atentar contra la paz se cerró el bar y discoteca Susana, en Santa Librada; el bar La Caponera, en el Valle de Urracá y la discoteca El Regocijo, frente a Los Andes No. 2.
Allí salieron a relucir armas blancas y de fuego, problemas y escándalos.
El alcalde Carrasquilla señala que "como los negocios están en medio de comunidades, todos se conocen y nadie quiere denunciar, ni buscarse conflictos con el dueño".
Dice que para efectos de la investigación, información y para fortalecer el expediente que se levanta se necesita la colaboración de la sociedad.
Manifiesta que la comunidad debe informar, ya que hay un problema estructural del recurso humano, no hay suficiente personal para inspeccionar todos los negocios.
"Yo no hago alianza con ningún empresario de apoyarlo en cosas indebidas y que alteren la paz y la tranquilidad del distrito", alega.
Mientras que el sociólogo Marcos Gandásegui asegura que las cantinas, bodegas y clubes nocturnos contribuyen a la corrupción.
"Mañana podrían cerrarse y el país mejoraría mucho", considera.
A su juicio, el distrito de San Miguelito está abandonado.
Opina que no hay presencia de una mano orientadora para que los niños y jóvenes tengan oportunidades de superación.
Gandásegui expresa que el Ministerio de Educación tiene un presupuesto de B/.600 millones y habría que ver qué hacen con los recursos.