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Una superpotencia exhausta



El giro que ha tenido la Política Exterior norteamericana después de sus últimas elecciones legislativas, es como si hubiese un cambio de gobierno al pasar el control del Congreso de los Republicanos a los Demócratas, sólo que los funcionarios del Ejecutivo siguen siendo Republicanos. Los embajadores más duros, como Bolton, han sido reemplazados por representantes más conciliadores; la "Dama de Hierro" de las Seguridad Nacional es toda sonrisas en su papel frente al Departamento de Estado y, por lo menos en los casos de Corea del Norte y de Irán -amenazas nucleares mucho más concretas que el Irak de Saddam Hussein- parece que el multilateralismo se impone sobre el unilateralismo.
La Doctrina de Guerra de Estados Unidos ha mantenido desde la II Guerra Mundial que esa nación debe tener la capacidad de confrontar dos guerras totales simultáneamente. Con conflictos activos en Irak y en Afganistán más la guerra global contra el terrorismo, pareciera que la superpotencia está exhausta; no sólo financieramente -el costo de la guerra de Irak está desangrando las finanzas públicas estadounidenses- sino anímicamente -los pueblos "liberados" no parecen sentirse a gusto con la liberación y las demás naciones no creen en las buenas intenciones de dichas campañas-, que un sentimiento aislacionista puede estar apoderándose del electorado norteamericano. Por más nobles que se sientan el presidente Bush y sus colaboradores, el mundo no agradece sino que resiente sus acciones.
Es innegable que el mundo de hoy es muy diferente al del año 2000 y que ciertos cambios requieren tiempo y perseverancia para rendir resultados; pero así como la intervención puede producir cambios para mejorar, hay otras que producen involuciones. Uno a uno han ido cayendo los artífices de la política Neo Conservadora y los ciudadanos del planeta debemos preguntarnos si su implementación nos presenta un mundo mejor. Los electores norteamericanos también deben preguntarse si viven en un país más seguro y próspero. El mundo sigue confrontando peligros y aun para aquellos que piensan que estas aventuras servirán como lección de humildad, que la superpotencia democrática esté exhausta debe ser motivo de preocupación.

101 años de Panamá América

 
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