Una tragedia cultural
Horas después de la tragedia de Las Garzas de Pacora observé a un presentador de noticias manifestar su indignación por lo sucedido, exigiendo al Gobierno hacer algo, pero no especificaba qué se debía hacer. Fue entonces cuando intervino la Ministra de Educación, asociando la tragedia al hecho de que los panameños no hemos reflexionado sobre qué queremos ser.
Me pregunto ¿cuántos habrán asimilado ese mensaje de la Ministra? Estamos inmersos en una carrera, no por lo que queremos ser, sino por lo que queremos tener, donde lo único no material que deseamos es el poder. Esa carrera nos lleva a no importarnos cómo nos conducimos ni a quienes afectamos por nuestra conducta. Queremos ser médicos, abogados o ingenieros, pero lo que en realidad anhelamos es lo que podemos adquirir con esas profesiones. Valoramos más lo que tiene el vecino que aquellas cosas sencillas que tenemos en casa, como esa sonrisa o pregunta inesperada de un niño.
La tragedia de Pacora, la del 23 de octubre, la de la CSS, la de Prado del Este, etc. están relacionadas. Están incluso asociadas a nuestra corrupta vida republicana y la ola de violencia en que vivimos. Se dice que aquel autobús no viajaba a alta velocidad, pero estoy seguro que si ese bus se encontrase debajo del límite de velocidad, los pasajeros gritarían: dale máquina “chof” que son las diez y media de la noche. Sobre conductor designado, ¡ni hablar! Sobre la cultura de mantenimiento, ¡menos!
Incluyo el término “poder” porque la actitud de los conductores de autobuses y camiones es similar a la de aquellos que tienen el poder en sus manos. Recientemente un transportista me informó que las calzas en los muelles de un bus es para darle más “vista” al vehículo, pero cualquier antropólogo podrá corroborar que lo que en realidad quieren es elevarse para sentirse más poderosos y así mejorar su posición en la cadena depredadora de la carretera. Asocio lo ocurrido a la violencia porque conducir temerariamente es una muestra del poco valor que le damos a la vida, actitud que nos hace susceptibles a convertirnos en terroristas.
Si no enfocamos el problema como un problema cultural, las medidas preventivas recién adoptadas se dejarán de aplicar cuando el hecho que nos consterna se olvide. Prueba de ello es aquel accidente, ya olvidado, donde un autobús de la ruta Panamá-Chorrera se precipitó del Puente de las Américas, matando 38 personas.
¿Por dónde comenzar? Bueno… Podríamos no llamar a lo ocurrido “accidente”, término que hemos inventado para justificar nuestro error, incompetencia, descuido, etc. “Accidente lo sufre una persona cuando le cae un rayo al salir de su casa en un día soleado”. En todo lo demás, alguien cometió una estupidez.