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Una verdad que se debe saber


Me refiero al comentario de Alvaro Cabal Miranda con respecto a ADELAG publicado por La Prensa el 28 de julio 2001. No estoy enterada de las razones por las cuales fracasó la empresa mentada, pero sí estoy enterada de algunos estragos económicos que su desplome ha causado.
Mi familia estuvo entre los que, confiados en la honorabilidad y la capacidad de los que estaban al frente de ADELAG, invirtieron en ésta los recursos de nuestra madre, Peggy Janson. De la noche a la mañana, esos fondos desaparecieron. Nuestra madre, conocida por la prolija ayuda que ha dado toda su vida a los pobres, a la Iglesia y a muchas causas cívicas de gran mérito, está ahora con las manos vacías.
Peggy sufre porque, en medio de una grave crisis económica, no puede ayudar a quienes acuden a ella diariamente esperanzados a que, mediante su generosidad recibirán dinero para comprar alimentos a sus hijos, uniformes escolares, medicamentos y subrir tantas otras necesidades que afligen a los pobres.
Siempre supe que mi madre ayudaba a todo el que podía, pero nunca entendí los resultados de esa ayuda hasta que, hace unos años, fuimos con ella en un paseo a Chitré. Entramos en un hotel cerca de la plaza para reservar unas habitaciones. Mi madre estaba junto a la recepción con mi esposo y yo miraba hacia la plaza cuando pasó una señora de aspecto modesto. Nos vio y entró en el hotel. Me preguntó si ésa era doña Peggy. Le dije que sí.
¡Para qué fue aquello! La señora se acercó a mi madre y la abrazó efusivamente. "Doña Peggy, " dijo. "¿No se acuerda de mí? Yo soy Amalia. Gracias a Ud., cuando mi esposo se enfermó, sobrevivieron mis cuatro hijos chiquitos. Ud. nos mantuvo por un año. Nos dio para comprar la comida y para la leche que Ud. decía necesitaban para crecer fuertes. ¡Los viera ahora! Altos y fuertes. Todos son graduados universitarios. Uno es médico y el otro es abogado".
Ahora Peggy está con las manos vacías. A su casa llegan y a nadie puede ayudar. El desplome de ADELAG ha repercutido en todas las clases de Panamá, inclusive la más necesitada, y eso no se debe ocultar con palabras bonitas.

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