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Una verdadera meta


Empezando un nuevo período legislativo, el país se siente cansado de tanto tiempo perdido, de tanto discurso inútil, de tanto esfuerzo estéril. Si esta situación continúa vendrá el desaliento por todas partes y entonces sin duda alguna, toda la buena intención que puede temer le gobierno, todo sano propósito se verá sumergido en medio de la indolencia general.
En esta renovación de sus cuadros, el nuevo presidente de la Asamblea tendrá la oportunidad de servir de equilibrio entre dos grupos de poder. Por otro lado, el pueblo luego de dos años ya ha situado su faro y confía en que las cualidades de este nuevo capitán le impedirán encallar ante los odios del pasado y ante los apetitos del presente.
Recordemos que el pueblo no reflexiona sobre trámites legales, ni sobre los problemas que entrañan una difícil evolución, no sabe sino de sus anhelos e inquietudes y quiere que se efectúen los unos y desaparezcan los otros; y los quiere ya y los pide con urgencia.
Sin embargo, dentro del hemisferio legislativo hay grupos que por sus pasiones y sus intransigencias, y al querer defender ante todo sus particulares intereses no han hecho otra cosa que obstaculizar la marcha del país y mistificar la verdadera democracia, la que nosotros debemos tener y a la que debemos aspirar. No pretendemos que la Asamblea sea como lo fue durante casi toda nuestra historia, un juguete del Ejecutivo, pero consideramos que la Presidenta debe tener en el congreso una fuerza que la apoye en sus proyectos luego de estudiarlos con imparcialidad, enriquecer los mismos cuando se haga necesario y lograr así un efectivo equilibrio dentro del soberano cuerpo que armonice con los otros poderes constituidos.
Es conveniente pues que los señores legisladores mediten en todo esto y que el nuevo presidente y los que presidan las nuevas comisiones, con ánimo reposado piensen en que la estabilidad del país y el progreso de la Nación no nos vendrán sino de la organización de la Asamblea, de forma tal que sus componentes no sean los personeros de las pasiones de grupos ideológicos que han pugnado y pugnan por triunfar a despecho del bienestar de todos los panameños. Política y legislación deben ser fuerzas en actividad, controladas y dirigidas en su eficiencia y mantenidas siempre en sintonía con el soberano, porque esa es la verdadera meta, a la que aspira el pueblo que las genera, el pueblo que las usa y el pueblo que debe aprovecharlas.

101 años de Panamá América

 
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