Una verde Navidad
Llega diciembre y todo cambia. Entre el tráfico interminable, las fiestas, los preparativos de la cena navideña; casi ni se puede pensar en el significado real de la Navidad. Años anteriores, lo último que tuve presente es cómo reducir mi huella ambiental para estas fechas. Soy novata en esto, pero aprendo de quienes llevan años en este estilo de vida. Lo primero que haré con mis regalos y los desechos que hagan es emplear las tres R: Reduce, Reutiliza y Recicla. Añado una cuarta R: Repensar qué hacer para ocasionarle el menor daño posible al ambiente.
Organicé mi agenda y he programado reducir las salidas para las compras; trataré de destinar un solo día y un solo centro comercial y tendré lista en mano para evitar los productos superfluos e innecesarios y, con ello, también evitar dañar el medio ambiente con el CO2 de mi auto; de ser posible que me den la menor cantidad de bolsas posibles en los almacenes, preferiblemente de papel, no de plástico. Para disminuir el gasto energético y como apoyo ambiental, decidimos en mi hogar no tener árbol de navidad, colocar bombillas de bajo consumo y reciclar los adornos de años anteriores. Sí pondremos la colección de nacimientos, esencia de la Navidad.
De los regalos que reciba reciclaré cajas, lazos y papel. Trataré que las tarjetas sean vía electrónica y las que deba dar personalmente, las haré con papel reciclado hecho por mí. Recomiendo no comprar productos envasados en bandejas blancas, fabricadas en poliestireno; y que revisemos los juguetes y ropa para regalar que puedan utilizar otras personas más necesitadas.
Este año mis regalos son participar en un proyecto de reciclaje en el Parque Omar, que recomiendo, y llevar abono a 68 árboles plantados en la USMA.