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Una vez más sufrimos de la misma ceguera


HAY UN principio de economía básico, si usted inyecta circulante en la comunidad de inmediato se reactivan los negocios y se crean nuevos empleos; obviamente en el caso contrario sucede siempre al revés. Cuando un gobierno crea nuevos impuestos que afectan la renta y los salarios de las personas le resta liquidez a las empresas y a los obreros poder adquisitivo. El efecto inmediato a menores compras menor actividad comercial, menos inversión privada, menores ganancias y mayor cantidad de empresas en dificultades para cumplir con sus compromisos financieros.
Añádale usted a ese cocido los cien millones adicionales que este año succionará de nuestros bolsillos el aumento de combustible y que va casi todo a parar al exterior. El aumento de la energía eléctrica que comenzará próximamente a llegar puntual en nuestras cuentas de luz. Además, al comienzo del próximo año, producto de la reformas a la ley de la CSS, caerá mensualmente el aumento de las cuotas tanto para los empleados como para las empresas. Y si el gobierno sigue pensando que no habrá efecto cascada y que las empresas y las industrias van a ser solidarias y comenzar a perder dinero en sus operaciones, está muy equivocado; los precios de los productos seguirán subiendo y así igualmente el costo de la canasta básica.
La única tabla de salvación para los asalariados es ahora la posibilidad de un incremento importante al salario mínimo, lo que a su vez sería otro golpe mortal para la pequeña y mediana empresa. Si los asesores financieros del gobierno van a manejar este asunto con los mismos criterios y parámetros que han usado en las dos legislaciones anteriores, que Dios nos agarre confesados.
Esta semana conversé con algunos empresarios y me manifestaron que ya comienzan a sentir una disminución importante en las ventas al detal y leí en el diario La Prensa que un industrial veragüense allegado al actual régimen anunciaba el cierre de dos de sus molinos y panaderías debido al aumento en sus costos de operación. Estos efectos adversos a la economía no los podemos de ninguna manera atribuir a las reformas fiscales, a las de la CSS o al salario mínimo; sencillamente, éstas vendrán dentro de unos meses a agravar todavía más la situación.
Como siempre el corcho que nos ayudará a flotar en medio de esta catarata de aumentos es, sin duda, nuestra economía de servicios tan criticada por los seudos nacionalistas o socialistas como claustros o emporios económicos.
Nuestras actividades portuarias, el centro bancario internacional, el registro de naves, los servicios legales, la Zona Libre de Colon, los tránsitos por el Canal, el turismo y las exportaciones de frutales, como no dependen de la economía interna, mantendrán su crecimiento y apuntalarán como lo han hecho en otras crisis nuestro Producto Interno Bruto (PIB). Pero no nos llevemos a engaños la clase media y baja tendrán que reducir sustancialmente sus actividades y bajará el consumo local, habrá una desaceleración económica, un mayor desempleo y tendremos una inflación nunca vista en este país. La diferencia entre los que más tienen y los que menos tienen se acrecentará aumentando el descontento, el robo y los problemas sociales.
El Ejecutivo ha basado todas sus esperanzas y proyecciones a la llegada de grandes inversiones y a la obra de ampliación del Canal.
Hace varios meses le manifesté al Ing. Alberto Alemán Zubieta que me preocupaba que el gobierno presentara las reformas fiscales y las de la CSS antes de atender el referéndum sobre la ampliación del Canal. Nuestro pueblo, al igual que otros (Francia, Holanda), generalmente siente que su forma de castigar a los gobernantes de turno es con el voto negativo y no toma en cuenta si el atraso que viene después es peor. Un revés en las urnas sería un golpe grande para la patria nueva o vieja, para el futuro del Canal y para nuestro crecimiento económico. Tendríamos que esperar cuatro años más para obtener la autorización ciudadana de proceder con el proyecto. Quién sabe si los usuarios del Canal estén dispuestos a esperar ese tiempo antes de ir a buscar otras alternativas. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

101 años de Panamá América

 
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