Una vida plena
"No hay humanidad sin aprendizaje cultural". (Fernando Savater. Etica para Amador)
Nuestra conducta es la suma de la interacción de los mensajes genéticos adquiridos a través de siglos de evolución humana y de las influencias culturales de nuestro medio ambiente , "Nature and nurture": Lo que heredamos y lo que vamos adquiriendo a lo largo de nuestras vidas.
Las influencias culturales han ido logrando una dinámica de rápidos cambios dictados por el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Es imperativo, entonces, tener el cuidado de mantener una conexión de estos nuevos cambios con las ideas y los principios que fueron modulando nuestra cultura occidental a través de las diversas civilizaciones mediterráneas. Este balance entre las nuevas tendencias y los viejos mensajes definen lo que nos lleva a la integración de la conducta de un hombre moderno. Algunos lo logran...
Yo tuve la fortuna de haber conocido desde hace 54 años a un ser humano que reunía esas cualidades: César Pereira Burgos. Heredero de padres que le transmitieron el amor a la cultura y a la tierra trabajada. El Prof. Bonifacio Pereira, investigador de nuestra Historia y maestro de juventudes en el Instituto Nacional y Doña Clementina Burgos de Pereira de la región de los huertos del río La Villa y también profesora de Español.
Su recorrido cultural lo inicia en su hogar, para luego en las viejas aulas del Instituto Nacional terminar la preparación intelectual, necesaria para seguir sus estudios de Leyes en la Universidad de Roma. En la Italia, que le sirvió como conexión y puente para adentrarse a la Europa mediterránea donde aprendió sobre la composición filosófica y política de las sociedades greco romanas, así como el arte enriquecedor y el estilo de vida del Renacimiento, pudiendo entonces integrar a su propio pensamiento y conducta, los mejores rasgos del humanismo.
"Carpe diem quam minimum crédula postero": Aprovecha el día, no confíes en el mañana. Frase latina de Horacio principal poeta romano. Y Cesar aprovechaba el día con su inagotable apetito de vida.
He allí su incesante curiosidad por conocer las cosas materiales que le rodeaban, su deleite por las manifestaciones estéticas de la pintura y la música, así como aquéllas que, con su riqueza de colores y formas, encontramos en la naturaleza que nos rodea. En el placer que experimentaba al ver en su finca, el crecer de plantas y flores, así como el de sus crías de animales, en todas esas experiencias agropecuarias que tanto gozaba. De su acercarse con amor y respeto a su tierra... a sus añorados huertos.
Y en su diálogo sobre los libros leídos y admirados, en su búsqueda de las buenas viandas y los buenos vinos y su gusto de la conversación con sus amigos, todo esto llevado a cabo con la pasión y dedicación que le imponía a cada una de sus acciones. Sus amigos, que tratamos de acompañarlo, nos enriquecimos en ese constante descubrir de todas estas cosas que nos da la vida. Ese enfrentarse a las ricas complejidades de la vida lo alejó siempre del juicio fácil, maniqueísta, sobre las acciones realizadas por los hombres. De su boca, nunca se le escuchó un juicio radical, negativo y simplista. Siempre una búsqueda de un entender del porqué de las cosas, de la "razón de ser" dentro de las imperfecciones encontradas en el ser humano.
Para César la Libertad y la Cultura fueron las fuentes indispensables para el logro del bienestar y la felicidad. En su vida, fueron prioritarias e indispensables el logro de estas opciones.
La sociedad requiere de estos pensadores, quienes con esas positivas características puedan orientar a que las ejecutorias ciudadanas se mantengan dentro de ese buscado balance. Individuos quienes con sus consejos y con su propia manera de vivir hagan el necesario magisterio que sirva como modelo de admiración e imitación. La sociedad que sabe aprovechar su presencia y sus ideas recibirá los beneficios que, a través de su conocimiento, podremos adquirir. Son seres a quienes con tranquila humildad, podemos llamar superiores. ¡Ese fue mi amigo César!
Nuestra conducta es la suma de la interacción de los mensajes genéticos adquiridos a través de siglos de evolución humana y de las influencias culturales de nuestro medio ambiente , "Nature and nurture": Lo que heredamos y lo que vamos adquiriendo a lo largo de nuestras vidas.
Las influencias culturales han ido logrando una dinámica de rápidos cambios dictados por el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Es imperativo, entonces, tener el cuidado de mantener una conexión de estos nuevos cambios con las ideas y los principios que fueron modulando nuestra cultura occidental a través de las diversas civilizaciones mediterráneas. Este balance entre las nuevas tendencias y los viejos mensajes definen lo que nos lleva a la integración de la conducta de un hombre moderno. Algunos lo logran...
Yo tuve la fortuna de haber conocido desde hace 54 años a un ser humano que reunía esas cualidades: César Pereira Burgos. Heredero de padres que le transmitieron el amor a la cultura y a la tierra trabajada. El Prof. Bonifacio Pereira, investigador de nuestra Historia y maestro de juventudes en el Instituto Nacional y Doña Clementina Burgos de Pereira de la región de los huertos del río La Villa y también profesora de Español.
Su recorrido cultural lo inicia en su hogar, para luego en las viejas aulas del Instituto Nacional terminar la preparación intelectual, necesaria para seguir sus estudios de Leyes en la Universidad de Roma. En la Italia, que le sirvió como conexión y puente para adentrarse a la Europa mediterránea donde aprendió sobre la composición filosófica y política de las sociedades greco romanas, así como el arte enriquecedor y el estilo de vida del Renacimiento, pudiendo entonces integrar a su propio pensamiento y conducta, los mejores rasgos del humanismo.
"Carpe diem quam minimum crédula postero": Aprovecha el día, no confíes en el mañana. Frase latina de Horacio principal poeta romano. Y Cesar aprovechaba el día con su inagotable apetito de vida.
He allí su incesante curiosidad por conocer las cosas materiales que le rodeaban, su deleite por las manifestaciones estéticas de la pintura y la música, así como aquéllas que, con su riqueza de colores y formas, encontramos en la naturaleza que nos rodea. En el placer que experimentaba al ver en su finca, el crecer de plantas y flores, así como el de sus crías de animales, en todas esas experiencias agropecuarias que tanto gozaba. De su acercarse con amor y respeto a su tierra... a sus añorados huertos.
Y en su diálogo sobre los libros leídos y admirados, en su búsqueda de las buenas viandas y los buenos vinos y su gusto de la conversación con sus amigos, todo esto llevado a cabo con la pasión y dedicación que le imponía a cada una de sus acciones. Sus amigos, que tratamos de acompañarlo, nos enriquecimos en ese constante descubrir de todas estas cosas que nos da la vida. Ese enfrentarse a las ricas complejidades de la vida lo alejó siempre del juicio fácil, maniqueísta, sobre las acciones realizadas por los hombres. De su boca, nunca se le escuchó un juicio radical, negativo y simplista. Siempre una búsqueda de un entender del porqué de las cosas, de la "razón de ser" dentro de las imperfecciones encontradas en el ser humano.
Para César la Libertad y la Cultura fueron las fuentes indispensables para el logro del bienestar y la felicidad. En su vida, fueron prioritarias e indispensables el logro de estas opciones.
La sociedad requiere de estos pensadores, quienes con esas positivas características puedan orientar a que las ejecutorias ciudadanas se mantengan dentro de ese buscado balance. Individuos quienes con sus consejos y con su propia manera de vivir hagan el necesario magisterio que sirva como modelo de admiración e imitación. La sociedad que sabe aprovechar su presencia y sus ideas recibirá los beneficios que, a través de su conocimiento, podremos adquirir. Son seres a quienes con tranquila humildad, podemos llamar superiores. ¡Ese fue mi amigo César!