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Una visión oscura del poder


En la película Los secretos del poder, un periodista ( Russell Crowe) trata de ayudar a un perseguido congresista amigo suyo (Ben Affleck); y a medida que el periodista va metiéndose en las aguas tenebrosas de la política, encuentra que su amigo es un rufián, lo mismo que todos los que lo rodean. El congresista está involucrado en el asesinato de una amante suya; y la corrupción los envuelve a todos; hasta el mismo periodista queda salpicado de fango.

Se piensa, cuando se habla de corrupción, que ésta pertenece sólo a nuestro tiempo; pero puede afirmarse que vino con la humanidad desde el principio. Cuenta el escritor español Antonio Gala en la novela El pedestal de las estatuas, cómo era la corte del rey español Felipe ll. Su personaje central, Antonio Pérez (l540-l6ll) es el secretario de ese monarca. El Rey le ordenaba los crímenes y las bajezas más abominables a Antonio Pérez, pero cuando éstos se descubrían, era el secretario el que cargaba con las consecuencias. Y de ese modo, un día huye llevándose los secretos más oscuros del monarca español; y los escribe para evitar caer en manos de su perseguidor. Antonio Pérez dice: “En estos papeles tengo que ser sincero: sólo para eso los escribo o los dicto. He estado demasiado cerca del poder, de cualquiera, como para creer en él. Lo he tenido, me he manchado las manos; he hurgado en sus entrañas; me salpicó los vestidos más caros, que son los que debe uno ponerse cuando se va a hacer el daño verdadero… No creo en la generosidad del poderoso; sin embargo, no he deseado en mi vida otra cosa que serlo”.

El novelista explica: “El descubrimiento de unos cuadernos desconocidos de Antonio Pérez, el secretario de Felipe ll, permite desvelar la Historia oculta de aquellos años en España. El propio secretario reconoce, en sus últimos días, que continúa con vida gracias al arcón donde guarda copia de documentos, legajos, cartas y toda clase de pruebas que implican en asesinatos y siniestras estrategias a la monarquía, a la Iglesia y a casi toda la nobleza, desde los Reyes Católicos hasta Carlos V y su enigmático heredero (Felipe ll). Es la confesión total de Antonio Pérez, el más temido verdugo del poder, que terminó siendo víctima de sí mismo”.

La periodista Betty Brannan Jaén, dice en su crónica del domingo 2 de agosto último, que Robert Mc Namara, confesó 20 años después de haber dejado el poder, que él supo desde muy temprano que Estados Unidos no podría ganar la guerra en Vietnam, “lo cual necesariamente implica que él despiadadamente envió a miles de “ nuestros muchachos a morir inútilmente en la jungla”, como editorializó el New York Times”.

El poder, en el fondo, es una ilusión, un sueño dorado que tienen los políticos, pero muy pocos, cuando lo alcanzan, sienten que encontraron lo que buscaban. Es la gran desilusión. El poder que yo conozco (de lejos), ha significado tragedia, agitación, frustración, amargura y desengaño. La historia está llena de ejemplos, en los que el poder se convirtió en vía crucis, en espanto, zozobra y cobardía. Léase las biografías de Julio César, Napoleón, Bolívar, Lincoln, Kennedy… Vea a Woodrow Wilson, el gran demócrata, entrando en la Casa Blanca entero, sonreído; y saliendo, idiotizado, en silla de ruedas. Vea a Carlos V, huyendo hacia un lugar tranquilo donde morir. Vea a Perón, en Madrid, resistiendo la invitación para volver; y volviendo para morir en medio de la vorágine del poder…

Recuerdo lo que me dijo el amigo de un gran presidente panameño, en su último día de gobierno. Al darle un abrazo, le dijo al oído: “ ¡ Al fin terminó esto! “

Y lean lo que le escribió Bolívar a su prima Fanny De Villars, en sus últimos momentos: “Muero miserable, proscrito, detestado por los mismos que gozaron de mis favores; víctima de inmenso dolor, preso de infinitas amarguras…”

Durante la última campaña electoral, una sola vez hablé con el ingeniero Ricardo Martinelli; fue en la emisora donde trabajo. Le dije en cuatro frases entrecortadas, que no esperara que el poder sería un paraíso, un lecho de rosas…

Ojalá que, ahora que es Presidente, logre realizar sus más caros propósitos; y que la vorágine del poder no lo obligue a lamentarse de haberlo alcanzado como muchos otros….

101 años de Panamá América

 
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