Una visita de Jesús para usted
Cierto día se acercó Jesús a la puerta de una familia. Era joven, alto, fuerte y su rostro brillaba como el sol.
Eran las cinco de la tarde cuando Raquel lo atiende.
- "¿Desea usted algo?"
-"Yo soy Jesús y es bueno que esté hoy en su casa".
-"Entre, por favor, siéntese y espere, voy rápidamente a la cocina a preparar un café y ya vuelvo", dice agitada y alterada por el susto. Jesús se puso a leer un periódico. Levanta una revista de hombres y mujeres pornográfica. Ella le dice que por favor no las vea. "Lo mejor que usted puede hacer es acompañarme a la cocina", le dijo.
- "¿Sus hijos las ven?"
- "No, pero cuando salimos, no sé qué hacen".
El marido de Raquel le había sido infiel, pues llegó con una camisa machada de carmín.
- "Tengo dos hijos: Lía de 18 y Miguel de 16. Lía, es malcriada conmigo y dice que estoy pasada de moda. El muchacho anda con una pandilla de la escuela y según dice, fuman marihuana. Mi vida es muy agitada y en la tarde veo televisión. Todos nos sentamos a ver la telenovela de la siete".
- "¿Y su vida espiritual?"
- "Bueno, rezo antes de dormir. Ya que está aquí, ¿no puede darle un estirón de orejas a mis hijos?"
- "Por supuesto... Yo vine para salvar su matrimonio y a sus hijos. Usted está orando muy poco.
-Sí, tenía un círculo de oración todos los jueves, pero como ya paso de los 40, dejé la oración para hacer ejercicios en una academia de aeróbicos".
- "¿Y su corazón en lo espiritual? Raquel, de la abundancia de corazón hablan los labios. Su corazón no está lleno de la palabra de Dios, con el perdón, con la oración y la comunidad más íntima. Hábaleme un poco más".
- "Como le dije, llega la hora de las telenovelas, y como familia latinoamericana y como todo el mundo, estamos frente al televisor".
- "Veamos lo que está viendo y aprendiendo. La novela de las siete tiene escenas de adulterio, engaño, mentira, fraude, fornicación, robo, terribles para Jesús que murió justamente por eso, para pagar el precio de todos estos pecados que sutilmente se insinúan al corazón del hombre".
Entra Lía, lo saluda y le dice que ya vuelve. Entra Miguel. -"Mamá qué amigo tan apuesto y súper arreglado. Dime ´brother´ ¿te aceleras con la música? ¿Usted no es aquel de la cruz que tenemos en la sala?"
Miguel va a su cuarto y pone un rock a todo volumen. Entra el esposo de Raquel. - "¿Usted es algún vecino nuevo?"
- "No, soy Jesús".
Jesús insiste en que Raquel actúe como un día normal. Pronto encienden el televisor. Y comienza la novela con su desfile de situaciones de pecado, traiciones, pornografía, violencia, mentiras y robos. Estas escenas entran en el hogar, en la mente de Raquel y su familia. Jesús se está poniendo sumamente triste.
- "Con permiso Señor, voy a buscar a mi esposo".
- "¿Para ver novelas?"
- "Sí, ya que no me gusta verlas sola y al menos en la noche no estaré sola".
- "Entonces, ¿usted convida a su marido a mentir y adulterar?"
- "Nunca, Jesús, nunca pensé en eso".
- "¡Oh Raquel! ¿Se da cuenta lo que está provocando en su familia? Usted necesita buscar mi palabra, mi sabiduría, leer más la Biblia. ¿Por qué no se desliga de las novelas, ya pensó en reunir a su familia y dialogar sobre la Palabra de Dios? Si sus hijos continúan así, serán cada día más problemáticos y perderá a su marido".
Mientras Jesús continúa hablando, los hijos están fascinados con todas las situaciones de maldad y pecado sugeridas por la novela, las cuales se van introduciendo en su mente y corazón.
Jesús se despidió.
Una semana después, Raquel oye una voz: "Raquel...Raquel...".
- "José, corramos a esconder las revistas, cambiemos el canal o lo apagamos. Vamos a rezar el Rosario. Jesús nos da una oportunidad para que cambiemos de vida. Leamos la Biblia y meditemos. El quiere salvar nuestro matrimonio y nuestros hijos".
Raquel, María, Marta, Rosa, Miryam, Tania, Valdivia, Héctor... Sin Jesús, usted siente depresión violenta, apegada a las cosas sin sabiduría y sin amor.
Sin Jesús, usted se siente y se sentirá siempre vacía o infeliz y sin sentido para su vida.
¡No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu Santo de Dios habita en vosotros? (I Co 3,16)
Eran las cinco de la tarde cuando Raquel lo atiende.
- "¿Desea usted algo?"
-"Yo soy Jesús y es bueno que esté hoy en su casa".
-"Entre, por favor, siéntese y espere, voy rápidamente a la cocina a preparar un café y ya vuelvo", dice agitada y alterada por el susto. Jesús se puso a leer un periódico. Levanta una revista de hombres y mujeres pornográfica. Ella le dice que por favor no las vea. "Lo mejor que usted puede hacer es acompañarme a la cocina", le dijo.
- "¿Sus hijos las ven?"
- "No, pero cuando salimos, no sé qué hacen".
El marido de Raquel le había sido infiel, pues llegó con una camisa machada de carmín.
- "Tengo dos hijos: Lía de 18 y Miguel de 16. Lía, es malcriada conmigo y dice que estoy pasada de moda. El muchacho anda con una pandilla de la escuela y según dice, fuman marihuana. Mi vida es muy agitada y en la tarde veo televisión. Todos nos sentamos a ver la telenovela de la siete".
- "¿Y su vida espiritual?"
- "Bueno, rezo antes de dormir. Ya que está aquí, ¿no puede darle un estirón de orejas a mis hijos?"
- "Por supuesto... Yo vine para salvar su matrimonio y a sus hijos. Usted está orando muy poco.
-Sí, tenía un círculo de oración todos los jueves, pero como ya paso de los 40, dejé la oración para hacer ejercicios en una academia de aeróbicos".
- "¿Y su corazón en lo espiritual? Raquel, de la abundancia de corazón hablan los labios. Su corazón no está lleno de la palabra de Dios, con el perdón, con la oración y la comunidad más íntima. Hábaleme un poco más".
- "Como le dije, llega la hora de las telenovelas, y como familia latinoamericana y como todo el mundo, estamos frente al televisor".
- "Veamos lo que está viendo y aprendiendo. La novela de las siete tiene escenas de adulterio, engaño, mentira, fraude, fornicación, robo, terribles para Jesús que murió justamente por eso, para pagar el precio de todos estos pecados que sutilmente se insinúan al corazón del hombre".
Entra Lía, lo saluda y le dice que ya vuelve. Entra Miguel. -"Mamá qué amigo tan apuesto y súper arreglado. Dime ´brother´ ¿te aceleras con la música? ¿Usted no es aquel de la cruz que tenemos en la sala?"
Miguel va a su cuarto y pone un rock a todo volumen. Entra el esposo de Raquel. - "¿Usted es algún vecino nuevo?"
- "No, soy Jesús".
Jesús insiste en que Raquel actúe como un día normal. Pronto encienden el televisor. Y comienza la novela con su desfile de situaciones de pecado, traiciones, pornografía, violencia, mentiras y robos. Estas escenas entran en el hogar, en la mente de Raquel y su familia. Jesús se está poniendo sumamente triste.
- "Con permiso Señor, voy a buscar a mi esposo".
- "¿Para ver novelas?"
- "Sí, ya que no me gusta verlas sola y al menos en la noche no estaré sola".
- "Entonces, ¿usted convida a su marido a mentir y adulterar?"
- "Nunca, Jesús, nunca pensé en eso".
- "¡Oh Raquel! ¿Se da cuenta lo que está provocando en su familia? Usted necesita buscar mi palabra, mi sabiduría, leer más la Biblia. ¿Por qué no se desliga de las novelas, ya pensó en reunir a su familia y dialogar sobre la Palabra de Dios? Si sus hijos continúan así, serán cada día más problemáticos y perderá a su marido".
Mientras Jesús continúa hablando, los hijos están fascinados con todas las situaciones de maldad y pecado sugeridas por la novela, las cuales se van introduciendo en su mente y corazón.
Jesús se despidió.
Una semana después, Raquel oye una voz: "Raquel...Raquel...".
- "José, corramos a esconder las revistas, cambiemos el canal o lo apagamos. Vamos a rezar el Rosario. Jesús nos da una oportunidad para que cambiemos de vida. Leamos la Biblia y meditemos. El quiere salvar nuestro matrimonio y nuestros hijos".
Raquel, María, Marta, Rosa, Miryam, Tania, Valdivia, Héctor... Sin Jesús, usted siente depresión violenta, apegada a las cosas sin sabiduría y sin amor.
Sin Jesús, usted se siente y se sentirá siempre vacía o infeliz y sin sentido para su vida.
¡No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu Santo de Dios habita en vosotros? (I Co 3,16)