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Una visita a La Habana


La semana pasada, atendiendo una reiterada invitación de las autoridades de la Isla, que por diversas razones tuve que posponer varias veces, estuve tres días en La Habana en compañía del Ing. Alberto Vallarino C.
Nadie pone en duda ni aquí, ni allá, nuestra posición ideológica contraria a la de ellos. Me he preguntado con frecuencia el porqué de la invitación, dadas nuestras diferencias. La respuesta me la dio uno de mis anfitriones: "Sentimos mucho respeto por ustedes. Ustedes son hombres públicos que hacen lo que dicen y tienen una flexibilidad y tolerancia muy arraigada que les permite dialogar con amplitud de criterio, aún con aquéllos que disienten de ustedes".
Al llegar al aeropuerto José Martí, que tiene sólo cuatro años de haber sido inaugurado, encontramos un terminal modernísimo, limpio hasta la pulcritud, con todas las facilidades y conveniencias para el viajero, quien se lleva, por supuesto, una primera impresión muy favorable y aprecia de inmediato la afabilidad muy tradicional del cubano.
A pesar de la crisis económica que afecta al pueblo, causada principalmente por el largo e inefectivo bloqueo norteamericano, la situación de guerra en el Medio Oriente y las debilidades del propio sistema, se notan muchos cambios positivos en la ciudad y en la vida de sus habitantes, si la comparamos con la de hace cuatro años, cuando fue mi última visita a Cuba. La limpieza de la ciudad, no sólo del Casco Viejo, ha mejorado notablemente. El tráfico vehicular y el transporte público han mostrado un avance no sólo en la calidad sino en la cantidad de los vehículos.
Pudimos en nuestra visita estudiar a profundidad el sistema educativo, los avances dados en la ingeniería genética y biotecnología y los logros de carácter social o humanista.
Creo sin temor a equivocarme que Cuba tendrá una nueva generación con una cultura superior a la de la inmensa mayoría de nuestras naciones. La educación que es gratuita a todos sus niveles, está promoviendo una nueva clase que, por supuesto, con marcada formación ideológica, tendrá una cultura amplísima. Por ejemplo, el inglés antes rechazado es hoy día materia obligatoria de estudio. A los niños desde los cinco años se les enseña en las escuelas el uso de las computadoras y con una modernización integral del sistema educativo se viene utilizando con mucha regularidad una red de televisión que se comunica, en una gran cadena, con toda la comunidad estudiantil de la isla. Esto es algo muy novedoso que permite dictar charlas y conferencias de interés didáctico en forma muy práctica y a bajo costo.
En biotecnología, se destaca prontamente el trabajo de un hombre dedicado a la Ciencia que goza de gran respeto: el Dr. José Miyar. Este ha logrado con sus descubrimientos erradicar muchas enfermedades y plagas que aún afectan a las poblaciones de varios de nuestros países. También están avanzando mucho en la investigación de vacunas que sean efectivas sobre ciertos tipos de cáncer y el SIDA, así como de otras diversas enfermedades.
Llama la atención que en Cuba, a pesar de que las distintas actividades se rigen por un sistema político piramidal, las dependencias gubernamentales tanto comerciales como industriales, culturales, etc., son manejadas con un concepto administrativo bastante independiente y descentralizado que sigue patrones similares a los de la empresa privada en el mundo capitalista. Estas "corporaciones" están integradas por personas casi todas muy jóvenes, comunistas muy convencidos de su ideología y del papel que juegan en el desarrollo presente de la sociedad cubana; constituyen una burocracia eficiente y productiva. Hoy día la población cubana, de 12 millones de habitantes, está constituida en un 60% por personas nacidas después de la revolución castrista. Cuba se vanagloria mucho de que el desempleo y los niveles de pobreza y la criminalidad dejaron de ser índices porcentuales y hoy día tienen nombre y rostro que facilitan la labor de las trabajadoras sociales.
Durante el viaje me preguntaba, con criterio analista: ¿de dónde saca dinero el régimen para sobreponerse a la crisis? La respuesta la encontré con facilidad muy prontamente: el turismo. Esta "industria sin chimenea" es tan importante como la producción de azúcar. Más de 2 millones de turistas visitaron la Isla el año pasado y las proyecciones que tienen para el año 2005 son de 3.5 millones y para el 2010 de siete millones, lo que constituye una fuerte inyección para la economía de la república cubana. Para lograr esta afluencia turística han venido desarrollando, en los últimos años, un ambicioso programa de infraestructura hotelera de cuatro y cinco estrellas. Han restaurado gran parte de la Antigua Ciudad y siguen trabajando a ritmo acelerado en la reconstrucción del "Casco Viejo".
El Dr. Eusebio Leal es un hombre dedicado por completo a su labor de hacer del Casco Viejo lo que es hoy día: un gran atractivo turístico y deleite de los que tienen la oportunidad de ver ese gran "patrimonio de la humanidad", declarado así desde 1982 por la UNESCO. Leal cuenta con gran respaldo comunitario y de régimen y ha sido objeto de reconocimiento continental por su excelente trabajo de investigación histórica, que ha logrado transformaciones dignas de los más cálidos elogios.
Otros sitios muy conocidos de antaño: El Floridita, La Bodeguita del Medio, El Tropicana y La Marina Hemingway siguen constituyendo también lugares de gran atracción para los visitantes. Es curioso ver la cantidad de norteamericanos que recorren las calles de La Habana a pesar de las limitaciones que le imponen las leyes estadounidenses. Ahora las autoridades cubanas se están preparando para recibir a mediados del próximo mes al expresidente de Estados Unidos Jimmy Carter quien visitará la Isla acompañado de numerosa comitiva.
No voy a ser un panegírico de los logros del sistema actual de Cuba, ni un crítico de sus muchas fallas porque a eso no obedecía mi visita a la Isla; fui a ella en viaje de investigación, intercambio de opiniones y de estudio de los efectos de un sistema. Los comunistas isleños por su parte son muy hábiles propagandistas y "venden" siempre que pueden las "bondades de su sistema político", en el cual creen con sincera convicción. Yo sigo fiel, como siempre a mis principios y creencias y soy muy respetuoso de pensar y de actuar de los demás.

101 años de Panamá América

 
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