Una voz sin sonido
Hace 14 años venía al mundo en perfectas condiciones, un primogénito que llenó de alegría la vida de muchas personas, ajenas a la tan pesada cruz que sus tiernos hombros habrían de cargar por una larga senda. En los vaivenes accidentales de la vida, este hermoso ser humano pierde el sentido de la audición, quedando sumido en un total silencio que permitió que la Gracia de Dios se derramara sobre una familia, y así hoy, dando todo honor, gloria y gracias al Todopoderoso, este hijo de Dios se convierte por primera vez en la Historia Republicana de nuestra querida Panamá, en el primer estudiante discapacitado auditivo profundo, alumno en escuela regular, quien obtuvo el primer puesto de honor, y el orgullo de pasear la tricolor insignia panameña por la ruta del desfile en nuestras efemérides patrias.
Diego Enrique Lombana Franceschi, es descendiente de los no menos ilustres personajes. Su tatarabuelo, el General Don Ramón Santo Domingo Vila, asume funciones como el último Gobernador de la Gran Colombia en Panamá el 7 de Enero de 1885, y cuyo medallón engalana la Galería de ex-Presidentes en el Salón Amarillo del Palacio de las Garzas; sus bisabuelos, Licdo. Harmodio Miranda G., el famoso "Fiscal de Hierro" y ex-Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, y Doña María Santo Domingo de Miranda, insigne dirigente política y primera mujer en América Latina en ocupar el cargo de Ministro de Estado (1950), legisladora (1964-1968), entre otros; sus abuelos, Don Rafael (Fito) Franceschi, legislador por la heroica provincia de Chiriquí (1968) y exilado por 15 años, y Doña Julieta Avid de Franceschi, perseguida y encarcelada por aquellos mismos años; sus padres Dr. Bey Mario Lombana y Maria Rosalba Franceschi de Lombana. Su padre, primer cardiólogo panameño, escogido Presidente de la Sociedad Interamericana de Crdiología, y su madre, la singular Doña Pituca, mujer de gran fe y perseverancia, quien olvidándose de sí misma y pese al dolor que destrozó su joven corazón, decidió emprender la gran batalla para sacar a su primogénito adelante y hacer de él un hombre de bien, luchando contra toda adversidad.
Este joven adolescente, que ha superado todas las barreras que ha encontrado desde temprana edad en su camino escolar, se ha destacado como estudiante miembro del Cuadro de Honor, rebasando su puntaje este año, de forma tal que, en la Escuela Franco Panameña Louis Pasteur se ha ganado, con dedicación y esfuerzo, la distinción de ser reconocido como el alumno con el índice académico más alto en toda la escuela, razón por la cual sobre su persona recae tan distinguido honor. Monaguillo en la Parroquia de Santa Marta, bajo la Dirección del Reverendo Padre Rómulo Aguilar y gran admirador de nuestro Sumo Pontífice, Juan Pablo II y del Arzobispo de Panamá, Monseñor José Dimas Cedeño Delgado, a quien considera "su amigo", es un gran deportista, jugador de ajedrez, es chef y practica la magia en sus ratos de ocio, que son muy pocos, ya que es un adolescente que tiene que dedicarle mucho tiempo al estudio.
Hoy, que nos encontramos ante un mundo que amenazante, asoma al horizonte de nuestra juventud, destacándose como bastión de tenacidad, lucha y perseverancia, la sencilla imagen de este adolescente que, tempranamente supo aceptar y vencer noblemente el gran reto de su discapacidad, para entonces atesorar el valor del triunfo que tan sólo ha logrado con grandes sacrificios, y que con su ejemplo en el silencio de su voz, darnos un mensaje de amor sobre el cual todos deberíamos reflexionar para contrarrestar aquello que podría desviar el buen norte de la familia panameña.
Agradeciendo al Todopoderoso por la misericordia derramada sobre este singular adolescente, he querido compartir con ustedes, distinguidos lectores y lectoras, este artículo que pretende honrar a quien merece todo el respeto y admiración como ciudadano de este gran país, nuestro Panamá. Felicidades Dieguito, y continúa cosechando frutos.
Diego Enrique Lombana Franceschi, es descendiente de los no menos ilustres personajes. Su tatarabuelo, el General Don Ramón Santo Domingo Vila, asume funciones como el último Gobernador de la Gran Colombia en Panamá el 7 de Enero de 1885, y cuyo medallón engalana la Galería de ex-Presidentes en el Salón Amarillo del Palacio de las Garzas; sus bisabuelos, Licdo. Harmodio Miranda G., el famoso "Fiscal de Hierro" y ex-Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, y Doña María Santo Domingo de Miranda, insigne dirigente política y primera mujer en América Latina en ocupar el cargo de Ministro de Estado (1950), legisladora (1964-1968), entre otros; sus abuelos, Don Rafael (Fito) Franceschi, legislador por la heroica provincia de Chiriquí (1968) y exilado por 15 años, y Doña Julieta Avid de Franceschi, perseguida y encarcelada por aquellos mismos años; sus padres Dr. Bey Mario Lombana y Maria Rosalba Franceschi de Lombana. Su padre, primer cardiólogo panameño, escogido Presidente de la Sociedad Interamericana de Crdiología, y su madre, la singular Doña Pituca, mujer de gran fe y perseverancia, quien olvidándose de sí misma y pese al dolor que destrozó su joven corazón, decidió emprender la gran batalla para sacar a su primogénito adelante y hacer de él un hombre de bien, luchando contra toda adversidad.
Este joven adolescente, que ha superado todas las barreras que ha encontrado desde temprana edad en su camino escolar, se ha destacado como estudiante miembro del Cuadro de Honor, rebasando su puntaje este año, de forma tal que, en la Escuela Franco Panameña Louis Pasteur se ha ganado, con dedicación y esfuerzo, la distinción de ser reconocido como el alumno con el índice académico más alto en toda la escuela, razón por la cual sobre su persona recae tan distinguido honor. Monaguillo en la Parroquia de Santa Marta, bajo la Dirección del Reverendo Padre Rómulo Aguilar y gran admirador de nuestro Sumo Pontífice, Juan Pablo II y del Arzobispo de Panamá, Monseñor José Dimas Cedeño Delgado, a quien considera "su amigo", es un gran deportista, jugador de ajedrez, es chef y practica la magia en sus ratos de ocio, que son muy pocos, ya que es un adolescente que tiene que dedicarle mucho tiempo al estudio.
Hoy, que nos encontramos ante un mundo que amenazante, asoma al horizonte de nuestra juventud, destacándose como bastión de tenacidad, lucha y perseverancia, la sencilla imagen de este adolescente que, tempranamente supo aceptar y vencer noblemente el gran reto de su discapacidad, para entonces atesorar el valor del triunfo que tan sólo ha logrado con grandes sacrificios, y que con su ejemplo en el silencio de su voz, darnos un mensaje de amor sobre el cual todos deberíamos reflexionar para contrarrestar aquello que podría desviar el buen norte de la familia panameña.
Agradeciendo al Todopoderoso por la misericordia derramada sobre este singular adolescente, he querido compartir con ustedes, distinguidos lectores y lectoras, este artículo que pretende honrar a quien merece todo el respeto y admiración como ciudadano de este gran país, nuestro Panamá. Felicidades Dieguito, y continúa cosechando frutos.