Unidad Nacional
La democracia de que hoy goza Panamá costó muchos sacrificios, toda suerte de luchas contra muertes, violaciones a los derechos humanos, a la libertad de expresión, abusos y autoritarismos. En los últimos 20 años esa democracia se fundamentó en una especie de poder prorrateado, donde casi todos los sectores de la sociedad tenían a mano su cuota. Puede decirse que allí radicó el secreto del equilibrio exhibido hasta ahora, y que de una manera u otra, tuvo su base en esa palabra que hoy parece proscrita: consenso. Sin consenso hubiera sido imposible el título que creó la Autoridad del Canal de Panamá y que dejó a ese organismo fuera de los vaivenes políticos criollos. Expresión de ese consenso fueron las reuniones de Bambito y Coronado, la propuesta 2020 y más recientemente el organismo de concertación nacional. En los últimos ocho meses, sin embargo, la consulta y el consenso han sido reemplazados por una forma administrativa directa, que no reconoce antecedentes ni méritos, y que actúa como si en el país todo el mundo estuviera bajo sospecha. Y es ese escenario el que hace pensar que la convocatoria gubernamental de unidad nacional sólo refleja la soledad en que se ha quedado el gobierno. Gobernar un país no es lo mismo que mandar en una empresa. En la empresa se puede hacer, como dueño, lo que se tenga a bien, pero en el país hay que tomar en cuenta el conjunto de fuerzas y sectores que lo componen.