Unidad nacional
Al cierre de este pésimo año para los panameños debemos todos pensar en que la apertura del 2001 pinta con las peores perspectivas para la salud y el bienestar de los nacionales. La desestabilización causada a todo lo largo y ancho del país, con medidas adoptadas en el gobierno anterior en arreglo con la Organización Mundial del Comercio, la irresponsable actitud de no negociar las mejores extensiones y plazos en los campos de la agroindustria y al aceptar, inclusive, la disminución de aranceles que se necesitaban para a medida de darse la desprotección al producto nacional se pudieran establecer políticas sustitutivas de estos productos, ha sido uno de los factores endógenos causantes de la calamitosa situación que estamos viviendo. No ha habido una definición clara, posteriormente, que ubique con exactitud cuáles son las reglas del juego.
Qué productos pueden producirse con facilidades de competitividad y mercadeo, promover esta actividad y subsidiarla hasta cuando tenga la fuerza suficiente para desarrollarse, este es el dolor de cabeza muy primordial para que se establezcan iguales parámetros para la industria y el comercio.
La emigración de las tropas y civiles norteamericanos de lo que fue la Zona del Canal que se definiera definitivamente en diciembre del año pasado, dejó un vacío de varios cientos de millones de dólares en la economía nacional. Desde la celebración de los Tratados Torrijos-Carter sabíamos que esto iba a ocurrir y no se tomaron las medidas necesarias para tratar de suplir esta grave deficiencia.
Este factor ha sido uno de los más graves, como incidencia en el malestar económico del país. Ni siquiera los ingresos del Canal, que ya comenzamos a percibirlos, muestran el suficiente vigor para copar con este desbalance.
Las políticas socioeconómicas estatales desparramadas en confusas definiciones están muy lejos de presentar un cuadro de consistencia de las necesidades y sus soluciones y promueven una desorientación en los recursos humanos nacionales.
Islas esperanzadoras como la promoción turística se hacen de manera incoherente. No habrá turismo en Panamá si no contamos con la estructura esencial a esta industria sin chimeneas y si, simultáneamente, no se establecen las oficinas planificadoras en Panamá y en el exterior para armar los paquetes turísticos que vengan por distintas razones, ya sea a vacacionar o aprovechar nuestras condiciones de ventas en Zona Libre, etc.
No se trata de alegrarnos con cruceros que pasan aquí una o dos noches y que dejan muy poco. Ese turismo es una pasarela de un día para otro, se trata de traer gentes por quince días o un mes y cuyo movimiento se dé durante todo el año o por los menos en la mayor parte del año, este es un proyecto macro y debe requerir todo el esfuerzo y atención de nuestro presupuesto, porque Panamá allí tiene un venero insustituible de riqueza dada su privilegiada situación geográfica, su canal con sus puertos, el enorme movimiento de carga y de trasbordo que allí se generan y ahora, muy pronto con la reactivación de un moderno ferrocarril transístmico.
En nuestra economía de servicios tenemos ese recipiente de riqueza que debemos administrar con mucho cuidado para el desarrollo de nuestro Centro Bancario y Financiero Internacional que contra viento y marea se mantiene incólume con las mejores perspectivas de progreso.
Hay muchas otras cosas de las que podríamos hablar al cierre de este año, que pueden hacerse con una conducción seria, responsable, incorrupta, capaz y decidida del gobierno de turno. Pero hay que pasar por encima de la politiquería y eso, para nosotros no deja de ser un grave problema. Para todos.
Pero si no actuamos a tiempo frente a la aguda crisis económica y social que vive el país y que tiende a profundizarse a principios del próximo año, problemas muy serios vamos a tener que enfrentar que pueden rozar la incipiente democracia que vivimos. Eso está en manos de todos pero, primordialmente, en la de los gobernantes nacionales. Si se da este paso, indudablemente que habrá una unión nacional sólida e irreductible para sentar las bases de un futuro promisorio para Panamá.
Qué productos pueden producirse con facilidades de competitividad y mercadeo, promover esta actividad y subsidiarla hasta cuando tenga la fuerza suficiente para desarrollarse, este es el dolor de cabeza muy primordial para que se establezcan iguales parámetros para la industria y el comercio.
La emigración de las tropas y civiles norteamericanos de lo que fue la Zona del Canal que se definiera definitivamente en diciembre del año pasado, dejó un vacío de varios cientos de millones de dólares en la economía nacional. Desde la celebración de los Tratados Torrijos-Carter sabíamos que esto iba a ocurrir y no se tomaron las medidas necesarias para tratar de suplir esta grave deficiencia.
Este factor ha sido uno de los más graves, como incidencia en el malestar económico del país. Ni siquiera los ingresos del Canal, que ya comenzamos a percibirlos, muestran el suficiente vigor para copar con este desbalance.
Las políticas socioeconómicas estatales desparramadas en confusas definiciones están muy lejos de presentar un cuadro de consistencia de las necesidades y sus soluciones y promueven una desorientación en los recursos humanos nacionales.
Islas esperanzadoras como la promoción turística se hacen de manera incoherente. No habrá turismo en Panamá si no contamos con la estructura esencial a esta industria sin chimeneas y si, simultáneamente, no se establecen las oficinas planificadoras en Panamá y en el exterior para armar los paquetes turísticos que vengan por distintas razones, ya sea a vacacionar o aprovechar nuestras condiciones de ventas en Zona Libre, etc.
No se trata de alegrarnos con cruceros que pasan aquí una o dos noches y que dejan muy poco. Ese turismo es una pasarela de un día para otro, se trata de traer gentes por quince días o un mes y cuyo movimiento se dé durante todo el año o por los menos en la mayor parte del año, este es un proyecto macro y debe requerir todo el esfuerzo y atención de nuestro presupuesto, porque Panamá allí tiene un venero insustituible de riqueza dada su privilegiada situación geográfica, su canal con sus puertos, el enorme movimiento de carga y de trasbordo que allí se generan y ahora, muy pronto con la reactivación de un moderno ferrocarril transístmico.
En nuestra economía de servicios tenemos ese recipiente de riqueza que debemos administrar con mucho cuidado para el desarrollo de nuestro Centro Bancario y Financiero Internacional que contra viento y marea se mantiene incólume con las mejores perspectivas de progreso.
Hay muchas otras cosas de las que podríamos hablar al cierre de este año, que pueden hacerse con una conducción seria, responsable, incorrupta, capaz y decidida del gobierno de turno. Pero hay que pasar por encima de la politiquería y eso, para nosotros no deja de ser un grave problema. Para todos.
Pero si no actuamos a tiempo frente a la aguda crisis económica y social que vive el país y que tiende a profundizarse a principios del próximo año, problemas muy serios vamos a tener que enfrentar que pueden rozar la incipiente democracia que vivimos. Eso está en manos de todos pero, primordialmente, en la de los gobernantes nacionales. Si se da este paso, indudablemente que habrá una unión nacional sólida e irreductible para sentar las bases de un futuro promisorio para Panamá.