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Unidad "sin pie ni cabeza"


El estado panameño ha padecido visiblemente de esta disminución esencial. Todo el mundo se ha dado cuenta, pero muy pocos han clamado contra el inexplicable vacío. Entre nosotros, la "Unidad Nacional" se nos aparece como un soplo sagrado que sale esporádicamente de boca de un jefe de Estado, de políticos o de algunos ciudadanos en momentos circunstanciales. Empero, no nos engañemos con las palabras; y cuando hayamos comprendido el verdadero significado de ellas, no tratemos de engañar a los demás. En política, como en todos los órdenes del pensamiento humano, todo dogmatismo es repugnante.
Ultimamente, se viene hablando de "unidad" con el supuesto propósito de enfrentar juntos el agudo problema económico que padecemos. Sin embargo, nuestro país, es un país de profundos contrastes. Se habla, por ejemplo, de las posibilidades de riqueza y desarrollo derivados de las actividades del Canal, y tenemos conciencia de que una gran pobreza presenta todavía dificultad para resolver problemas que son fundamentales. El contraste se extiende a la acción política y de gobierno. La Presidenta habla de la necesidad de entendimiento, basado en la "Unidad Nacional", pero no ofrece ninguna demostración para impulsar la iniciativa. Mantiene el mismo equipo de gobierno, a pesar de que en repetidas encuestas de opinión pública, el pueblo le ha dicho que cambie el Gabinete; que ponga un alto al nepotismo en el gobierno, a la corrupción, a la seguridad pública, etc. y nada, la Presidenta continúa con su gobierno de opereta, que quería presentarse ante el pueblo como el "Gobierno de los pobres".
Debemos expresar a la lealtad democrática que el sistema de esconder las angustias y necesidades del pueblo panameño, tan a gusto de este gobierno de "clanes familiares", es el sistema más funesto, y que nuestro deber es presentar los problemas con toda crudeza para que les podamos encontrar soluciones. Ya lo hemos dicho en otras ocasiones: en la vida democrática, el gobernar es una forma de educar, es una forma de vida ejemplar. Porque nuestros pueblos viven pendientes de lo que se hace allá, en los niveles superiores de la vida pública. Y los gobernantes tienen que presentarse lo más limpios posible ante la vista de las multitudes.
La primera preocupación que nos salta al meditar sobre las causas y los alcances de lo que significa una verdadera "Unidad Nacional", es la de considerar en sus bases el problema central del bien común, no de "clanes" ni de partido político alguno.
Desgraciadamente, hemos de reconocer que el sentido de "unidad" de los panameños lo hemos olvidado nosotros mismos cuando no hemos sentido la inminencia de una responsabilidad mayor o de un peligro. Sin embargo, somos un pueblo que vive y que sufre, que tiene hondas necesidades, pero que, lamentablemente, por efecto de la politiquería mezquina, el servilismo y fanatismo, se mantiene dividido, y por esa misma situación, deriva terribles contradicciones económicas, desengaños y frustraciones que hacen más difícil su desarrollo y recuperación.
Panamá es un pueblo que ha sufrido mucho, que ha vivido intensamente estos 98 años de vida republicana, que ha tenido experiencias muy duras y que ha conservado, sin embargo, intacto el tesoro de su esperanza y de su optimismo. En este lapso, hemos presentado un esbozo de Panamá, de nuestro pasado, lejano y reciente, de nuestra geografía, de nuestra historia y de nuestra cultura, para explicar cuáles son los grandes desafíos que enfrentamos en este nuevo siglo. Ellos son, entre otros, el perfeccionamiento de la democracia como sistema político y de vida y como cultura de conveniencia, la educación y el crecimiento económico orientado hacia la incorporación a la economía nacional e internacional; y la justicia social como requisito para la verdadera integración nacional.
El Gobierno de "Unión por Panamá" adquirió un compromiso con el pueblo panameño en el sentido de producir un "cambio integral" en la vida nacional. Se comprometió con el respeto a los derechos humanos, con la democracia, con el crecimiento económico y con la equidad social. No obstante, con pesar podemos afirmar que estos compromisos no han sido cumplidos, y que este gobierno no está trabajando por Panamá, sino en beneficio exclusivo de unas pocas familias constituidas en "clanes", que pesan como una plancha de plomo sobre todo un pueblo con más de dos millones y medio de habitantes.
Los llamados de unidad de este gobierno, sin pie ni cabeza, son más que un llamado, una ofensa, un desprecio, un irrespeto y una bofetada a la esperanza de un pueblo joven y en cierta medida, educado. Al cabo de más de dos años de este desgobierno, la estabilidad política y económica descansa hoy sobre bases muy frágiles, lo que permite al país enfrentar con intranquilidad e inseguridad los desafíos del perfeccionamiento de la democracia, del crecimiento económico y de la equidad social.

101 años de Panamá América

 
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