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Unilateralismo estadounidense


Boston- Considerando los problemas políticos y económicos que George W. Bush enfrenta con la Unión Europea, éste no es el mejor momento para tensar las relaciones con México, que al inicio de su gobierno alababa como el amigo más íntimo de Estados Unidos. Sin embargo, esto es precisamente lo que ocurrió cuando el presidente Vicente Fox de México canceló su viaje a Texas en protesta por la ejecución de un reo mexicano. Asimismo, la oposición de Bush a firmar la Convención acordada por la ONU, creando la Corte Criminal Internacional a la que había acordado Bill Clinton creó consternación no sólo entre los países aliados de Europa y Latinoamérica sino también entre los expertos en la jurisprudencia internacional por la insistencia de Washington en la inmunidad ante cortes internacionales de sus soldados, idéntica exigencia que en 1999 llevó al colapso las negociaciones con Panamá para el Centro Multinacional Antidrogas (CMA) propuesto por el entonces canciller Gabriel Lewis Galindo.
Para los observadores de política internacional, éstos son sólo dos de los múltiples síntomas que reflejan la tendencia de postular la política exterior de Bush en la premisa de que Estados Unidos como la única superpotencia mundial está obligada a tomar decisiones que antes que nada garantizan su seguridad nacional. Este es un principio aceptado por el derecho internacional y asentado explícitamente en la Carta de la ONU. Sin embargo, mucho depende de cómo se ejerce ese derecho. Desde que llegó al poder, la tendencia del equipo más próximo a Bush ha sido tomar decisiones de manera unilateral, con la aparente excepción del secretario de Estado Colin Powell, quien se esfuerza por mantener una comunicación más abierta y colegial con los países aliados pero quien, según los comentaristas más conservadores, se encuentra cada vez más aislado en la cúpula del Poder Ejecutivo.
La gama de reacciones de las cancillerías y medios informativos de Europa y Latinoamérica ante esta postura oscila desde incertidumbre a duras críticas. Muchos apuntan a aspectos incongruentes con la realidad política nacional e internacional, ya que Washington se proyecta como árbitro de quienes son amigos y "las fuerzas del mal" no sólo países como Corea del Norte, Libia e Irak, sino también Cuba, con quien la mayoría de las otras naciones mantienen relaciones civilizadas. Entre las críticas frecuentes se escucha que Washington, más que nunca, acude a los "amigos" sólo en casos de necesidad, tal como lo hizo en la guerra de Afganistán. Esta actitud unilateralista tiene aspectos incongruentes, ya que choca con la realidad de su propia política nacional, dado la interconexión de la economía estadounidense con la del resto del mundo, así como de sus obligaciones internacionales como cuando el Consejo de Seguridad requiere el apoyo de Washington para el mantenimiento de la paz en lugares desde Bosnia hasta Chipre y Somalia.
A veces el problema del gobierno de Bush parece reflejar más lo que insinúa el dicho francés, "c"est le ton qui fait la musique", o sea que es quizás más el tono que la substancia que crea la reacción a los mensajes de Washington. La verdad es que Estados Unidos ha oscilado mucho desde la autocensura del presidente Jimmy Carter, quien dijo que el país sufría de un "malaise", un malestar psíquico y social al exuberante optimismo de Bush, especialmente desde los atentados terroristas del 11 de septiembre pasado.
Para un corresponsal que acaba de visitar al pastoril y montañoso estado de Wyoming, donde los bisontes aún merodean por las planicies como en tiempos precolombinos, y que ahora disfruta de los excelentes programas culturales que ofrecen en las cercanías de Boston, los festivales del Tanglewood Music Center, sede veraniege de la Orquesta Sinfónica de Boston y el Marlboro Music Festival de Vermont, fundado hace medio siglo por el violinista Adolf Busch y el pianista Rudolf Serkin, es difícil no quedar impresionado por la vitalidad y creatividad de esta sociedad. Sin embargo, lo extraordinario es que aquí prevalece lo que Serkin llamaba "la República de Iguales", donde los más insignes concertistas y profesores de música ofrecen talleres de trabajo y conciertos conjuntos sin los alardes y autocongratulaciones que constantemente emanan de la cultura política de Washington.
El contraste con las actitudes que caracterizan a la política exterior de Estados Unidos no puede ser más dramático: tanto de la Casa Blanca como del Pentágono salen acciones y declaraciones que muchas veces hieren las sensibilidades tanto de aliados como de países que tratan de mejorar sus relaciones con el gobierno de Bush. Y, sin embargo, no escapa que los frecuentes deslices a la soberbia de Washington quedan inmediatamente cuestionados por lo incongruentes que son cuando se les compara con los espectaculares escándalos financieros que sacuden a la sociedad estadounidense en estos momentos o algunas de las grandes gaffes en el campo internacional como Bahía de Cochinos, las inciertas tentativas de fortalecer la democracia en Haití y los vaivenes de la política hacia el hemisferio en general.
Cierto que los atentados del 11 de septiembre por un tiempo parecían haber creado un improcedente sentido de vulnerabilidad en la sociedad y el gobierno de Estados Unidos. Algunos pensaron que dada la experiencia de Bush como gobernador de Texas y la amistad que ésta había creado con Fox se produciría una mayor apertura hacia el resto del hemisferio, pero ese optimismo duró poco. La impresión generalizada ahora es que el gobierno de Bush, con su guerra contra el terrorismo y la creación de nuevos organismos de seguridad interna, terminará por aislarse a la vez que desea proyectarse como la democracia por excelencia que, en las mejores circunstancias, no necesita nada de nadie.
La ACP ha pasado el examen con los usuarios del Canal, con las empresas que transportan materiales radiactivos, con las agencias federales norteamericanas, con el Comando Sur y con otros entes foráneos, pero es evidente que no ha pasado el examen con amplios sectores de la opinión pública panameña. Mucho bien le haría a la imagen del país y de la ACP que ésta favorezca y no se oponga a que se realicen los foros sobre la viabilidad del tercer juego de esclusas y la cuenca occidental que pensaron llevar a cabo el PNUD, El Panamá América, La Prensa y la Fundación Omar Torrijos.
Creo sinceramente que la Administración del Canal debe percatarse de que nuestra gente observa, discute, critica, produce la opinión pública. Esa opinión pública tiene un poder que tiende, no sólo en Panamá sino en el mundo entero, a identificarse con la esencia misma de una cultura democrática que no es la que visualiza la Administración del Canal.
Félix Luciani aceptó que el laboratorio de ADN no tenía como objeto central la ejecución de pruebas de ADN mitocondriales para la identificación de osamentas, debido a que básicamente lo requerido era la ejecución de pruebas de paternidad y ubicación de homicidas en las escenas del crimen.
Luciani dijo que Fair Fax aceptó colaborar con los miembros de la Comisión de la Verdad para dar una solución a la identificación de los restos encontrados en diversos puntos del territorio nacional y que en ese momento no había medios para identificar.
Sin embargo, indicó que este ofrecimiento fue mal entendido por parte de los miembros del Comité de Familiares de Desaparecidos (COFADEPA-HG), que criticaron esta actuación, sin conocer que esa no es la especialidad de Fair Fax.
Explicó que esta situación puede ser subsanada en el futuro con entrenamiento de personal en esta técnica de análisis que requiere de un sistema de aislamiento especializado para evitar la contaminación de las pruebas.
También tiene proyectado el entrenamiento de funcionarios de la PTJ en la recolección de muestras biológicas y que los propios miembros del laboratorio puedan acudir a la escena del crimen para realizar análisis forenses en casos de crímenes violentos.
Por su parte, el secretario general del Ministerio Público, José María Castillo, sostuvo que el laboratorio tiene un carácter de urgencia, debido al incremento de los delitos violentos y a la sofisticación de los criminales.
A juicio de Castillo, mantener este proyecto paralizado le resta velocidad a la justicia, ya que la prueba de ADN tiene un 99.9% de efectividad. Esto da un alto grado de confiabilidad a la justicia y a quienes se encuentran encargados de realizar las investigaciones en estos casos.

101 años de Panamá América

 
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