Unión de rivales
El PRD dijo: "Herrera y Navarro" porque las esperanzas de sus bases coinciden con las esperanzas del Panamá pobre y excluido, que es el país profundo y dañado por los efectos colaterales del progreso y por la estupidez y la corrupción administrativa y privada. El PRD, al decir Herrera y Navarro, quizá expresa su añoranza por un nuevo tipo de gobierno, sea o no sea PRD, capaz de reparar esos daños.
Herrera y Navarro competirán contra adversarios políticos poderosos y populares que expresan las pasiones negativas de un pueblo agobiado por los fracasos y las culpas de todos los gobiernos y los políticos desde los tiempos de Torrijos padre. Podría parecer entonces que Herrera y Navarro tendrían que correr una campaña electoral en tres frentes distintos: contra ellos mismos, contra el Presidente Torrijos y contra sus adversarios. Efectivamente, los clamorosos logros de Panamá durante los últimos cuarenta años, en todos los sentidos políticos, institucionales, económicos, infraestructurales y sociales, son mérito de todos los políticos y de todas las administraciones desde los tiempos de Omar Torrijos. Una campaña negativa no podría ignorar esto. Además, las autocríticas auto-flagelantes de corte electoral, aunque fuesen efectivas y sinceras, no serían necesarias a estas alturas, porque las culpas de todos los gobiernos y políticos del pasado y del presente las cargan por igual todos los candidatos.
Por otra parte, si calificamos los fracasos de todos los políticos y todos los gobiernos como marcadores de éxitos, entonces sería más convincente para Herrera y Navarro, y para cualquier otro candidato, preparar una oferta de gobierno reparadora y agresiva. Por ejemplo, Herrera y Navarro fueron los contrafuertes del progreso inmobiliario que generó importantes deformaciones en la calidad de la vida urbana. Me encantaría que ellos dos tuviesen la oportunidad de enmendar los daños colaterales que sus exitosas gestiones administrativas ocasionaron. Lamentablemente los fracasos y las culpas mencionadas han dependido, en gran media más que del éxito, de la estupidez y de la corrupción.
Enmendar esto requiere de una fuerte voluntad política y unidad nacional, porque hay que añadir a esa oferta la magnitud impresionante de la crisis internacional y de una terrible crisis nacional de pobreza, de seguridad y de esperanza. La unidad Herrera y Navarro, aunque no ganen, sería entonces hoy un símbolo anticipatorio de una futura unidad nacional de vastas proporciones, independientemente de las rivalidades entre copartidarios y entre partidos. Todos los candidatos tienen la opción y la capacidad para hacer esto. Y opino que si así lo decidieran tendrían también una fuerte voluntad política.
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