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Unión Patriótica


Asumir la Presidencia de un partido político justo en la etapa electoral es una responsabilidad de gran dimensión. El triunfo o el fracaso de la elección venidera es responsabilidad, por lo menos así lo veo yo, de la dirigencia que conduce al colectivo a esos escenarios. Por ello, la honrosa designación hecha a mi persona como Presidente de Unión Patriótica la comprendo, la acepto y le dedicaré el mejor de mis esfuerzos a que sea exitosa.

Pero, para mí, ¿qué significa ganar las elecciones? En la política tradicional, se puede entender como acomodar al partido para el gane y compartir una cuota de poder, previamente discutida y convenida. No me refiero a esa interpretación. Es conocido que nuestro partido hizo hace meses una alianza con Cambio Democrático para apoyar la candidatura presidencial de Ricardo Martinelli para Presidente de la República. Sin embargo, y he aquí la diferencia, salvo las postulaciones propias en circuitos y en alcaldías, jamás la alianza ha significado repartirse el poder con cuotas partidistas. En otras palabras, hemos hecho una alianza para darle al país una opción que signifique no sólo un cambio real y de fondo, sino un buen gobierno, cónsono con los retos y oportunidades que tiene Panamá. Eso es este compromiso.

Cuando tomamos la decisión, lo hicimos responsablemente y logramos la misma por unanimidad. Se buscaba llevar a la alianza un partido unido, no fragmentos del mismo, ya que el valor agregado hubiera sido casi nulo. Lo sustentamos con hechos, asumimos un riesgo, para muchos adelantado, pero aquí estamos hoy, viendo resultados que comienzan a decirnos que el tiempo y la opinión del electorado nos empiezan a dar la razón.

No obstante lo anterior, el torneo será complejo y duro. La adversaria oficialista será una candidata con recursos, no sólo económicos, sino con el gobierno y altos funcionarios detrás, que ya significa mucho, entre otras consideraciones. El compromiso con el "cambio real" de Martinelli ha calado porque el electorado lo comienza a percibir como factible y nosotros tenemos que honrarlo comprometiéndonos, como lo estamos, a hacer un buen gobierno, dirigido por gente seria, sin pasados turbios, sin oportunismos evidentes, sin sectarismos, buscando gobernar con unidad para afrontar la agenda de país que está allí, pendiente de ser desarrollada con coherencia y honradez.

Es demasiado el reto, pero vale la pena hacer el esfuerzo que sea necesario para devolverle al país la fe perdida en su clase política y afianzar, como corresponde, la democracia de manera institucional. No hay espacio ni paciencia para otro fiasco como fue la "patria nueva".

Mi presidencia no significa otra cosa que continuar el trabajo en equipo. Sin egoísmos de ningún tipo, la conducción con Aníbal Galindo ha sido reconfortante y demuestra que en política aún quedan caballeros y que la fusión fue un éxito comprobado. Al resto de la directiva y a las otras instancias del partido y sus candidatos, con quienes estoy comprometido, simplemente gracias, por distinguirme una vez más con su confianza y estima. Espero no decepcionarlos.

101 años de Panamá América

 
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