Universidad del pueblo
La Universidad de Panamá se ha constituido en el baluarte de la educación formal y profesional a nivel superior de donde han salido y siguen egresando los mejores y más preparados profesionales en todas las áreas de importancia para el país. A lo largo de estos últimos años hemos escuchado hablar sobre la crisis económica e institucional por la que atraviesa la universidad de todos, lo que ha traído como consecuencia el desplome financiero en el que está sumida.
La falta de presupuestos acordes o una buena utilización del mismo; la carencia de iniciativas de autogestión, ya sea por compromisos políticos con los diferentes sectores de la vida universitaria o simplemente por el desinterés de los gestores de la misma, ha llevado a que ocurran hechos tan nefastos como el corte de luz por parte de la empresa de distribución eléctrica. Aunque se utiliza la excusa de falta de presupuesto para enfrentar el desenvolvimiento de la institución, el aumento indiscriminado de la planilla universitaria y el despilfarro de los fondos en áreas no tan sensitiva y de relevancia para la misma, lo que ha sido la nota característica de las últimas administraciones.
A finales del pasado año, el Dr. Gustavo García de Paredes inició su tercer período en diez años frente a la administración de la Universidad de Panamá, encontrándose con los mismos problemas que dejó en sus dos anteriores gestiones, pero quizás acrecentados por la gravedad de la situación, después de más de dos décadas de abandono y de falta de interés a la que ha estado sometido este centro de enseñanza superior.
Dentro de las propuestas presentadas por la nueva administración para corregir esta crítica situación, se plantea la disminución de la planilla universitaria en función de los puestos de trabajo que realmente son útiles para la institución, (¿incluido profesores?). Adicionalmente, está la propuesta de aumentar el costo de la matrícula para aquellos estudiantes que por una u otra razón demoren más del tiempo establecido para terminar una carrera (¿incluidos dirigentes estudiantiles?) y para aquellos egresados que opten por una segunda carrera, con la excusa de que con estos estudiantes el Estado ya ha cumplido, como si a la inversión en el recurso humano nacional se le pudiera poner un límite o gravamen.
En cuanto a la primera propuesta debemos manifestar nuestra conformidad, toda vez que la carga en materia de personal para la Universidad de Panamá es demasiado costosa y ha sido producto de los arreglos políticos a los que se ve sometida la mayoría de estos nombramientos que se han y se siguen realizando en ésta y las anteriores administraciones universitarias, incluida, por supuesto, los dos períodos anteriores del Rector García de Paredes.
Es importante que esa acción no sea ejecutada con criterios de venganza política y que no sea sólo adoptada con aquellos funcionarios de menor jerarquía, que sumados todos juntos, no hacen ni la mitad de los sueldos que se ganan muchos empleados universitarios que por apoyo político se ven beneficiados con un nombramiento de este tipo. Es necesario que esta medida se extienda a los altos y jugosos sueldos a que son merecedores el sector casi sagrado de la Universidad constituido por los profesores de cátedra ya sea titulares o regulares, los cuales con una pequeña inversión de tiempo, de aproximadamente quince horas semanales, sin registro exacto de asistencia, ni de tiempo de clase efectivamente dictado, ganan jugosos sueldos de hasta tres mil balboas mensuales, sin realmente, en muchos casos, tener una actualización o ejecutoria en las materias que pretenden enseñar.
Es prioritario que temas como éste sean abordados con seriedad por todos los grupos universitarios, toda vez que se debe exigir un mayor compromiso del sector docente de la Universidad de Panamá, tanto en tiempo, como en calidad de enseñanza ya que, como muchos sabemos, existen docentes que dedican toda su experiencia y tiempo, en muchos casos, a la práctica profesional y utilizan la cátedras en la institución como una fuente más de ingresos, sin tener conciencia de tan delicada función que desempeñan al servicio del país.
En cuanto a las otras dos propuestas para nivelar la carga presupuestaria universitaria, consideramos que las mismas desde su concepción mantienen una matiz injusta, ya que se pretende, con el silencio cómplice de algunos grupos estudiantiles, una disimulada alza en los costos de la matrícula estudiantil como principal salida, como si los responsables del deterioro financiero universitario fueran los estudiantes; pues no es ese sector el que hace nombramientos indiscriminadamente, ejecuta inadecuadamente el presupuesto asignado y el que no hace las gestiones necesarias para maximizar los recursos y bienes de la Universidad.
¿Qué pasó con los grandes negocios que existen en la Universidad que no pagan luz, agua, aseo y que en complicidad con algunos grupos estudiantiles y autoridades universitarias, usufructúan de los recursos con los que se cuentan y que en su mayoría, no pagan salario mínimo, seguridad social ni, por supuesto, impuestos nacionales, municipales y universitarios, por la llamada "autonomía universitaria", teniendo que ser la institución las que salde dichas cuentas? (Centros de copiados, de Internet; cafeterías privadas, entre otros). Estos son los verdaderos problemas que han llevado al colapso financiero existente en la Casa de Méndez Pereira que han ocasionado el despilfarro de los pocos ingresos que percibe la institución y que son utilizados en beneficio de pocos y en detrimento de todo el país.
Es necesario que exista una propuesta nacional que parta de los sectores interesados en acrecentar la preparación del recurso humano nacional para resolver los problemas que afectan a esa pequeña nación que es la Universidad de Panamá. Es por esto que el señor rector Gustavo García de Paredes, en esta tercera gestión al frente de la misma, tiene la oportunidad histórica de tomar los correctivos necesarios en los temas abordados y en muchos otros que en la presente oportunidad no podremos tocar, pero que son ampliamente conocidos por la comunidad universitaria y que siguen siendo los que todos conocen, pero nadie quiere enfrentar. ¿Las tomará?
La falta de presupuestos acordes o una buena utilización del mismo; la carencia de iniciativas de autogestión, ya sea por compromisos políticos con los diferentes sectores de la vida universitaria o simplemente por el desinterés de los gestores de la misma, ha llevado a que ocurran hechos tan nefastos como el corte de luz por parte de la empresa de distribución eléctrica. Aunque se utiliza la excusa de falta de presupuesto para enfrentar el desenvolvimiento de la institución, el aumento indiscriminado de la planilla universitaria y el despilfarro de los fondos en áreas no tan sensitiva y de relevancia para la misma, lo que ha sido la nota característica de las últimas administraciones.
A finales del pasado año, el Dr. Gustavo García de Paredes inició su tercer período en diez años frente a la administración de la Universidad de Panamá, encontrándose con los mismos problemas que dejó en sus dos anteriores gestiones, pero quizás acrecentados por la gravedad de la situación, después de más de dos décadas de abandono y de falta de interés a la que ha estado sometido este centro de enseñanza superior.
Dentro de las propuestas presentadas por la nueva administración para corregir esta crítica situación, se plantea la disminución de la planilla universitaria en función de los puestos de trabajo que realmente son útiles para la institución, (¿incluido profesores?). Adicionalmente, está la propuesta de aumentar el costo de la matrícula para aquellos estudiantes que por una u otra razón demoren más del tiempo establecido para terminar una carrera (¿incluidos dirigentes estudiantiles?) y para aquellos egresados que opten por una segunda carrera, con la excusa de que con estos estudiantes el Estado ya ha cumplido, como si a la inversión en el recurso humano nacional se le pudiera poner un límite o gravamen.
En cuanto a la primera propuesta debemos manifestar nuestra conformidad, toda vez que la carga en materia de personal para la Universidad de Panamá es demasiado costosa y ha sido producto de los arreglos políticos a los que se ve sometida la mayoría de estos nombramientos que se han y se siguen realizando en ésta y las anteriores administraciones universitarias, incluida, por supuesto, los dos períodos anteriores del Rector García de Paredes.
Es importante que esa acción no sea ejecutada con criterios de venganza política y que no sea sólo adoptada con aquellos funcionarios de menor jerarquía, que sumados todos juntos, no hacen ni la mitad de los sueldos que se ganan muchos empleados universitarios que por apoyo político se ven beneficiados con un nombramiento de este tipo. Es necesario que esta medida se extienda a los altos y jugosos sueldos a que son merecedores el sector casi sagrado de la Universidad constituido por los profesores de cátedra ya sea titulares o regulares, los cuales con una pequeña inversión de tiempo, de aproximadamente quince horas semanales, sin registro exacto de asistencia, ni de tiempo de clase efectivamente dictado, ganan jugosos sueldos de hasta tres mil balboas mensuales, sin realmente, en muchos casos, tener una actualización o ejecutoria en las materias que pretenden enseñar.
Es prioritario que temas como éste sean abordados con seriedad por todos los grupos universitarios, toda vez que se debe exigir un mayor compromiso del sector docente de la Universidad de Panamá, tanto en tiempo, como en calidad de enseñanza ya que, como muchos sabemos, existen docentes que dedican toda su experiencia y tiempo, en muchos casos, a la práctica profesional y utilizan la cátedras en la institución como una fuente más de ingresos, sin tener conciencia de tan delicada función que desempeñan al servicio del país.
En cuanto a las otras dos propuestas para nivelar la carga presupuestaria universitaria, consideramos que las mismas desde su concepción mantienen una matiz injusta, ya que se pretende, con el silencio cómplice de algunos grupos estudiantiles, una disimulada alza en los costos de la matrícula estudiantil como principal salida, como si los responsables del deterioro financiero universitario fueran los estudiantes; pues no es ese sector el que hace nombramientos indiscriminadamente, ejecuta inadecuadamente el presupuesto asignado y el que no hace las gestiones necesarias para maximizar los recursos y bienes de la Universidad.
¿Qué pasó con los grandes negocios que existen en la Universidad que no pagan luz, agua, aseo y que en complicidad con algunos grupos estudiantiles y autoridades universitarias, usufructúan de los recursos con los que se cuentan y que en su mayoría, no pagan salario mínimo, seguridad social ni, por supuesto, impuestos nacionales, municipales y universitarios, por la llamada "autonomía universitaria", teniendo que ser la institución las que salde dichas cuentas? (Centros de copiados, de Internet; cafeterías privadas, entre otros). Estos son los verdaderos problemas que han llevado al colapso financiero existente en la Casa de Méndez Pereira que han ocasionado el despilfarro de los pocos ingresos que percibe la institución y que son utilizados en beneficio de pocos y en detrimento de todo el país.
Es necesario que exista una propuesta nacional que parta de los sectores interesados en acrecentar la preparación del recurso humano nacional para resolver los problemas que afectan a esa pequeña nación que es la Universidad de Panamá. Es por esto que el señor rector Gustavo García de Paredes, en esta tercera gestión al frente de la misma, tiene la oportunidad histórica de tomar los correctivos necesarios en los temas abordados y en muchos otros que en la presente oportunidad no podremos tocar, pero que son ampliamente conocidos por la comunidad universitaria y que siguen siendo los que todos conocen, pero nadie quiere enfrentar. ¿Las tomará?