Universidad Selectiva
Aunque la mayor parte de las universidades tienen como objetivo, lo cual es muy legítimo, contribuir socialmente no sólo con conocimientos, sino también con personas que usen sus conocimientos para servirla bien; y pese a que existe una corriente de pensamiento, cada vez más fuerte, que argumenta y defiende la tesis de que, cualidades como la honestidad, la motivación que se tiene para ayudar a los demás, la confiabilidad, el liderazgo y la capacidad para trabajar en equipo constituyen requisitos de admisión que también deben tomarse en cuenta a los aspirantes a ingresar a la Universidad, aún sigue prevaleciendo el criterio selectivo para seleccionar a los estudiantes que son más capaces desde el punto de vista académico, lo cual se refiere generalmente a seleccionar y admitir a aquellos candidatos que han obtenido las calificaciones más altas -tomando un promedio ponderado- durante el bachillerato y las puntaciones más altas en los exámenes de admisión. Selección: igual a mayor capacidad.
En cuanto a su esencia, bien sabido es que Universidad quiere decir "unidad en la diversidad". Lo diverso dice relación con las múltiples disciplinas científicas, en el más amplio sentido de la expresión, que en ella conviven.
La unidad está representada por su confluencia académica e institucional, que da forma a la Universidad y que se fundamenta en que, si bien cada ciencia estudia la realidad desde un ángulo diverso, ésta sólo logra conocerse en forma más perfecta cuando la inteligencia la enfoca reconociendo su carácter unitario.
La cultura emerge así justamente como una síntesis organizada de los diferentes objetos del saber.
Por otra parte, mucho se ha escrito sobre la misión de la Universidad. No obstante, de tanto sofisticar los análisis, a veces se ha perdido de vista lo más fundamental.
En verdad, la Universidad tiene un papel insustituible dentro de la sociedad: desarrollar y transmitir el saber en un nivel superior, relacionado para ello los diversos campos del conocimiento humano.
Una universidad será verdaderamente tal, y cumplirá con su misión social, si profesores, investigadores y estudiantes son capaces de emprender esta tarea con dedicación y calidad. De lo contrario, podrá proclamarse solemnemente su jerarquía, pero en la práctica, su voz resonará siempre como una mera estridencia, o como el eco de intereses ajenos a ella, que la utilizan para propósitos desviados.
Una nueva realidad que marca la situación de la universidad actual es que, sólo así la Universidad se orienta hacia lo que es su finalidad específica puede ganarse verdaderamente el respeto por su autonomía.
También en esto de la autonomía será un valor que se afianzará en la medida en que las universidades panameñas demuestren un mayor sentido de responsabilidad patriótica. Por ejemplo, la reorientación de las universidades hacia lo que les es fundamental obliga a reafirmar la docencia y la investigación, como los medios esenciales a través de los cuales ellas deben cumplir su finalidad.
En el campo de la docencia, el perfeccionamiento constante del profesorado, tanto en sus conocimientos como en su metodología, deben mirarse como piedra angular de una mayor calidad académica.
Junto a ello, cada vez se hace más urgente una revisión curricular, ya que son muchas las disciplinas que han ido perdiendo el norte de lo que es esencial en ellas y diversificándose en aspectos ajenos a su médula o de secundaria importancia.
Especial énfasis habrá que poner en el reconocimiento y en el estímulo de la investigación. ante todo importa estimular la investigación en ciencias básicas, porque en ellas se fundan las posibilidades de la investigación técnica o aplicada Y dentro de éstas es necesario buscar mecanismos que aseguren su efectiva concordancia con las necesidades reales del país.
Si se toma esto como referencia, el principio de la verdadera misión de la universidad, resulta vital comprender que más que aumentar en sus dimensiones, nuestras unidades requieren de un progreso en su calidad. ello exige definir el marco de lo que es efectivamente universitario y volcar hacia eso los mejores esfuerzos de nuestra Educación Superior.
Alejándonos de toda demagogia y de cualquier interés particular de grupos de presión, deberemos liberar sin vacilaciones a las universidades panameñas de los lastres no universitarios que las arrastran a la mediocridad o que resienten la eficacia de lo que les es particular, conforme a su naturaleza propia.
En cuanto a su esencia, bien sabido es que Universidad quiere decir "unidad en la diversidad". Lo diverso dice relación con las múltiples disciplinas científicas, en el más amplio sentido de la expresión, que en ella conviven.
La unidad está representada por su confluencia académica e institucional, que da forma a la Universidad y que se fundamenta en que, si bien cada ciencia estudia la realidad desde un ángulo diverso, ésta sólo logra conocerse en forma más perfecta cuando la inteligencia la enfoca reconociendo su carácter unitario.
La cultura emerge así justamente como una síntesis organizada de los diferentes objetos del saber.
Por otra parte, mucho se ha escrito sobre la misión de la Universidad. No obstante, de tanto sofisticar los análisis, a veces se ha perdido de vista lo más fundamental.
En verdad, la Universidad tiene un papel insustituible dentro de la sociedad: desarrollar y transmitir el saber en un nivel superior, relacionado para ello los diversos campos del conocimiento humano.
Una universidad será verdaderamente tal, y cumplirá con su misión social, si profesores, investigadores y estudiantes son capaces de emprender esta tarea con dedicación y calidad. De lo contrario, podrá proclamarse solemnemente su jerarquía, pero en la práctica, su voz resonará siempre como una mera estridencia, o como el eco de intereses ajenos a ella, que la utilizan para propósitos desviados.
Una nueva realidad que marca la situación de la universidad actual es que, sólo así la Universidad se orienta hacia lo que es su finalidad específica puede ganarse verdaderamente el respeto por su autonomía.
También en esto de la autonomía será un valor que se afianzará en la medida en que las universidades panameñas demuestren un mayor sentido de responsabilidad patriótica. Por ejemplo, la reorientación de las universidades hacia lo que les es fundamental obliga a reafirmar la docencia y la investigación, como los medios esenciales a través de los cuales ellas deben cumplir su finalidad.
En el campo de la docencia, el perfeccionamiento constante del profesorado, tanto en sus conocimientos como en su metodología, deben mirarse como piedra angular de una mayor calidad académica.
Junto a ello, cada vez se hace más urgente una revisión curricular, ya que son muchas las disciplinas que han ido perdiendo el norte de lo que es esencial en ellas y diversificándose en aspectos ajenos a su médula o de secundaria importancia.
Especial énfasis habrá que poner en el reconocimiento y en el estímulo de la investigación. ante todo importa estimular la investigación en ciencias básicas, porque en ellas se fundan las posibilidades de la investigación técnica o aplicada Y dentro de éstas es necesario buscar mecanismos que aseguren su efectiva concordancia con las necesidades reales del país.
Si se toma esto como referencia, el principio de la verdadera misión de la universidad, resulta vital comprender que más que aumentar en sus dimensiones, nuestras unidades requieren de un progreso en su calidad. ello exige definir el marco de lo que es efectivamente universitario y volcar hacia eso los mejores esfuerzos de nuestra Educación Superior.
Alejándonos de toda demagogia y de cualquier interés particular de grupos de presión, deberemos liberar sin vacilaciones a las universidades panameñas de los lastres no universitarios que las arrastran a la mediocridad o que resienten la eficacia de lo que les es particular, conforme a su naturaleza propia.