Universidad y calidad
Queda claro que Universidad e Investigación son términos casi que consustanciales. Por eso, a la hora de pretender comparar y medir calidad universitaria, hay que partir de un hecho: la verdadera calidad académica no tiene nada que ver con cómo se percibe el "producto" de una "universidad" bien mercadeada, sino que se desprende de cómo cumple con sus funciones básicas de generar y difundir conocimiento útil a la sociedad. Es bastante evidente que la afirmación de que una universidad que no investigue sea mejor que una que sí lo hace es descabellada, patética, ridícula y poco seria. Y para investigar en el contexto universitario hacen falta condiciones: infraestructura, apoyo institucional, financiamiento y, sobre todo, un verdadero claustro universitario, dedicado a pensar, a producir creativamente y a transmitir su conocimiento.
El conocimiento original y valioso, aquello que realmente hace avanzar a nuestras sociedades, no se produce en universidades de garaje ni en escuelones (que se hacen llamar "universidades" pero que, en realidad, son meras fábricas de títulos), sino en auténticas universidades, que dediquen un esfuerzo real a buscar y difundir el saber. Y a la hora de establecer estas comparaciones institucionales, hay que precisar de manera seria a qué nos estamos refiriendo o qué queremos medir, inclusive. Una cosa son los criterios usuales de medición pedagógica; o sea, los criterios de evaluación docente (intenciones educativas, objetivos de cursos, contenidos, estrategias de enseñanza-aprendizaje, evaluación curricular, bibliografías y uso de innovaciones educativas, por ejemplo). Otra cosa, distinta y mucho más compleja, es la evaluación de la calidad académica universitaria. No podemos comparar manzanas con naranjas.
Mientras que la función didáctica tradicional queda restringida a la mera reproducción de los que algunos pedagogos llaman "los saberes expertos", la calidad académica integral de una universidad, tal como se mide en el caso de comparaciones entre universidades internacionalmente reconocidas, se fundamenta en parámetros muy específicos. Por ejemplo, en Estados Unidos, México y España, la calificación comparativa de calidad académica se establece por especialistas que hacen esta labor imparcialmente (sin vínculos a intereses de una universidad u otra), fundamentada en datos estadísticos objetivos y serios (usualmente recopilados por entes oficiales) y bajo el criterio de la medición bajo indicadores cuantitativos muy específicos.
Sobre el tema de la calidad, el experto argentino Daniel C. Levy (Distinguished Proffessor de State University of New York at Albany) dice que la verdadera calidad académica se define hoy día "...en los términos y con los indicadores convencionales internacionalmente más aceptados. Me refiero, por ejemplo, a la cantidad, dedicación, preparación y productividad de los profesores; la cantidad y calidad de las bibliotecas; el equipamiento y la disponibilidad de los laboratorios; la preparación de los jóvenes que llegan de la secundaria; la participación del país en las revistas científicas del mundo, y otros. Estos son los indicadores que permiten establecer el nivel o rango de la calidad académica de las instituciones de un país....". Estos mismos criterios aplican en prácticamente todas las universidades serias, sean del primer o del tercer mundo.
Pero en Panamá, la moda que han impuesto la charlatanería, la mercadotecnia pseudoacadémica y la superficialidad, quiere hacernos creer que la calidad universitaria se establece mediante inversiones en propaganda o en encuestas de imagen, "prepagadas". Según lo que muchas personas entendemos respecto al actual problema de la percepción de la calidad universitaria, muchas de las incongruencias observadas se derivan de actitudes falsas, que en estos días vienen movidas por el ansia rapiñosa de repartirse el "mercado de estudiantes", muchas veces promoviendo un "producto formativo" (la titulación universitaria) rápido y poco riguroso (mediocre), pero bien mercadeado y presentado al público como un producto supuestamente "flexible" e "innovador". Mucha imagen y poca sustancia. Sobre esto, el Dr. Levy dice que "...el mayor problema de la educación superior no reside en que existan grandes fragmentos de ella que no respondan al modelo clásico o, si se prefiere, que no se ajusten a las expectativas académicamente más exigentes, que son las correspondientes a las universidades que hacen investigación y otorgan doctorados serios. Reside, más bien, en haber creado el mito de que toda institución, por el solo hecho de llevar el nombre de universidad, se ajusta a ese modelo (o debería hacerlo). El mito proviene en parte de las mismas universidades, muchas de las cuales se engañan tanto a sí mismas como al público, por diversos motivos...", muchas veces nada altruístas y muy alejados del sentido de la que, en esencia, debe representar un centro generador y difusor del saber.
Deseo reivindicar la enorme valía de la gestión de nuestra principal Universidad Pública: la Universidad de Panamá (UP), injustamente tratada en un incipiente y controvertido "estudio" comparativo, publicado hace poco tiempo atrás. He trabajado en esa institución estatal, que vive plagada de innumerables problemas y males atávicos (desdén oficial, falta de financiamiento para investigaciones, excesivo burocratismo, una asfixiante politiquería interna, etc.) y puedo decir que conozco el problema de primera mano, por haberlo vivido en carne propia. Por lo mismo, puedo aseverar que en la UP se reúne la mayor parte de lo poco que hacemos como nación, en cuanto a verdadera investigación y creatividad. La UP es una institución fundamental para toda la Nación y acoge mucho del pensamiento crítico e innovador y de la inteligencia productiva de este país.
Las buenas universidades panameñas (las verdaderas universidades, en todo el sentido de la palabra) tienen un papel fundamental que jugar, como reducto de la inteligencia nacional, como espacios para el desarrollo del pensamiento creador e inquisitivo. Esa es su función primigenia y eso es lo más valioso que pueden aportar a la superación nacional. Y, como en cualquier otra cosa, sólo el tiempo (a través de la pervivencia institucional y de la productividad demostrada de sus claustros y de sus egresados) separará el trigo de la mala hierba y del rastrojo.
2001
2/1. Toma de posesión de la gobernadora de Puerto Rico, Sila Calderón.
7 /1. Viaja a Miami para ser intervenida en su rodilla izquierda.
12/2. Miami. Asiste a boda de una sobrina del desaparecido líder Arnulfo Arias, en compañía de Winston Spadafora, ministro de Gobierno y Justicia.
Marzo. Viaja a Miami para evaluar estado de su rodilla izquierda.
Quebec, Canadá. Cumbre de las Américas.
Septiembre. Miami. Sometida a intervención quirúrgica, por el nervio facial.
2002
10 /1. Asiste a los actos investidura en enero del presidente de Nicaragua, Enrique Bolaños.
Junio. Sale hacia Nueva York para posteriormente ir a Madrid a la Cumbre de Jefes de Estados y de Gobierno de la Unión Europea.
Julio. Misión privada. Viaja en avión privado en compañía de su hijo.
Septiembre. Nueva York, para conmemorar un año de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y también asiste a Cumbre de la ONU.
Septiembre. Nueva York. Participa en 57 Asamblea General de Naciones Unidas.
Octubre. Fue operada en Estados Unidos para extraerle quistes ováricos de naturaleza benigna.
6 /12. Estados Unidos, para hacerse una revisión post operación.
Diciembre. Viaja dos veces a Colombia y se reúne con el presidente Alvaro Uribe, para hablar de seguridad fronteriza.
2003
Febrero. Estados Unidos, en compañía de su hijo Ricardo, para atender asuntos familiares y personales.
4 /4. Costa Rica. Visita privada, acudió a la boda de Gloria Calderón Bejarano, hija del ex presidente Rafael Angel Calderón.
Junio. Washington para reunirse en la Casa Blanca con George Bush.
Julio. Realiza controversial viaje a Mónaco, acompañada de una extensa comitiva
Agosto. Taiwan. Firma de TLC entre Panamá y la República de China.