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Urbanismo en áreas revertidas


A nadie se le ocurriría, ni se le permitiría construir edificación alguna en el distrito Deco de Miami, si su diseño contrasta o rompe con la armonía arquitectónica del entorno que hace del lugar uno de los principales polos de atracción de esa ciudad. Eso se llama urbanismo. Construir según patrones estéticos y de comodidad humana en armonía con el medioambiente, conforme a recomendaciones del insuperado urbanista Le Corbusier hace más un siglo.

Le Corbusier enseñaba que toda construcción debía respetar el entorno, armonizándolo, sin violentarlo. Debía cuidar la altura de la edificación, respecto a sus vecinas, dejar espacios suficientes de respiro y circulación, contemplar áreas de parque. Hacerla amigable, no desentonar.

En las áreas revertidas de Albrook y Clayton se está haciendo todo lo contrario. Y si alguna atracción turística pueden tener es la de servir de ejemplo sobre lo que no se debe hacer en materia urbanística. De modo que, en futuras giras para visitantes, bien harían las agencias de viajes y promotores de turismo incluir no sólo una visita a la Calzada, al Museo de la Biodiversidad de Ghery y al Casco Viejo, sino también a las citadas áreas, para que vean un ejemplo máximo de atrocidad urbana.

Partamos de la base que en el lugar existía previamente, por más de un siglo, una arquitectura norteamericana, de profundo significado histórico para nuestro país. La misma estaba inspirada en los diseños de los estados sureños de la Unión Americana, prevalecientes en los siglos XVIII y XIX. Nada teníamos que copiar. Heredamos una joya, digna de ser presentada como atracción turística. Pero la estamos destruyendo con rascacielos y construcciones contemporáneas horripilantes, que rompen con la armonía del lugar, previamente existente, afectando la selva tropical húmeda, hábilmente conservada por la ocupación estadounidense.

101 años de Panamá América

 
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