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Urbanismo y áreas revertidas


Tras la retirada norteamericana de la antigua Zona del Canal, Panamá recibió una rica herencia arquitectónica, única en el continente americano y acaso en el mundo. Ni siquiera Puerto Rico, con su especial asociación con Estados Unidos, cuenta con una joya semejante. Cierto que por habernos acostumbrado a verla durante un siglo, nos parece natural y no llama nuestra atención. Pero ello no debiera privarnos de ser conscientes del privilegio de tenerla y apreciarla como parte del patrimonio histórico y arquitectónico nacional.
El corregimiento de Balboa guarda gran parte de esos tesoros, con sus regias y señoriales casas y edificaciones, iglesias y sitios de recreo. Afortunadamente el modelo se reproduce cuidadosamente, obedeciendo a un riguroso patrón urbanístico, a lo largo y ancho de toda el área revertida. Prevalece el estilo sureño de mediados del siglo pasado, pero enriquecido por la imperiosidad del trópico, las palmeras y la densa vegetación selvática, propia de nuestro trópico. En semejante ambiente, las tejas son de uso obligado bajo el sol inclemente, los ventanales amplios y generosos igual; también los portales inmensos, los techos elevados sobre el maderamen de machimbre y las vastas extensiones de grama salpicada de árboles.
Hay que añadir los aleros extensos, en un clima con nueve meses de lluvia copiosa, y la armonía con la naturaleza. A lo anterior se suman las vías anchas, las aceras engramadas, flanqueadas de árboles inmensos, y la gran separación entre una casa y otra, que facilita la ventilación, la interacción con aves y fauna, y eleva la calidad de vida.
¿Cómo hicieron para que, a inicios del siglo XX, lograran un diseño tan eficiente de edificaciones y viviendas, y para armonizar todo aquel complejo civil, industrial y militar con la naturaleza tan agreste? ¿Qué genio visionario concibió todo aquello, donde no había más que manglares, ciénagas, selva y mosquitos? No lo sabemos, pero fuera del respeto que nos merece, el mejor homenaje y reconocimiento que podemos dispensarle es preservar su creación y procurar que el progreso y crecimientos inevitables en ese territorio, vengan como un todo armónico.
Por eso nos atrevemos a recomendar que nuestras autoridades de Ingeniería Municipal, Desarrollo Urbano y demás, sean más estrictas con los planos y ejecuciones de obras en el área, de modo que se logre que las nuevas edificaciones, aceras, calles y avenidas, armonicen con lo previamente existente, lo cual debe hacerse extensivo a las remodelaciones. Da grima ver lo que algunos nuevos propietarios están haciendo con los antiguos y hermosos caserones. Hay que armonizar con el concepto urbanístico preexistente, hay que procurar que las nuevas vías no alteren ni dañen la tranquilidad ni el entorno imperante. No nos llevemos allá nuestro caos urbano.
Sigamos el ejemplo de Santa Fe, en Nuevo México, cuya alcaldía, quien quiera la presida, impone el cumplimiento de estrictas normas urbanísticas, que exigen el adobe, travesaños expuestos, techos planos, y paredes color tierra o arena en varios tonos, que hacen de la ciudad un emporio arquitectónico y un estilo que lleva orgulloso su nombre. La retribución en turismo, será inmensa; y todo aquí, a la vuelta de la esquina.


101 años de Panamá América

 
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