¡Urge diseñar una política energética!
Es importante que el Gobierno Nacional diseñe una política energética que contemple en forma integral todas las actividades económicas y sociales del país, porque cada día se escucha el malestar de la población por los altos costos de la vida. El dinero no alcanza para cubrir los gastos. Muchos de estos gastos son producto del aumento progresivo del petróleo en el mercado internacional, ya que el barril de crudo ha subido en los dos últimos años en 50% de su valor original.
¿Qué hacer frente al aumento del petróleo, que no producimos, pero que es indispensable para nuestra economía y cuyo costo no controlamos? El costo del petróleo afecta una gama muy amplia de actividades de los panameños y panameñas: el precio de la gasolina y el diesel, que a su vez repercute en el transporte marítimo y terrestre privado, público, de colegiales, de carga, y de productos agropecuarios; en la producción de los alimentos, por el combustible que se usa para la maquinaria agrícola; en el costo de la construcción de viviendas, porque también se usa combustible para la maquinaria que se utiliza en la construcción de urbanizaciones y carreteras; el precio del gas de cocina que se usa en los hogares y en los restaurantes; afecta a la industria turística, porque sube los costos de los hoteles y de los pasajes aéreos nacionales e internacionales; afecta a la industria pesquera, porque se necesita combustible para mover las embarcaciones pesqueras. Además, un 30% de la energía eléctrica que consumimos y que pagamos todos es térmica, y usa derivados del petróleo.
A pesar de que todos los días nos sube el costo de la vida por esta razón, no oímos ningún tipo de orientación al consumidor, ni se toman medidas a corto ni largo plazo para amortiguar sus efectos en las actividades diarias. ¿Por qué? Porque falta una política energética que vea el problema en forma integral. ¿Nos hemos preguntado cuánto combustible quemamos innecesariamente mientras nuestros vehículos están parados en las calles por un semáforo dañado o mal sincronizado, o por los tranques que se producen por falta de horarios escalonados, o por manifestaciones públicas (por reclamos justificados o no), por accidentes no atendidos oportunamente, por falta de educación vial, o por reparaciones de las calles en horas pico? ¿Saben nuestros ciudadanos cuál es el consumo de electricidad de cada aparato doméstico y aires acondicionados que tienen en su residencia? Es necesario que los aparatos tengan una etiqueta que señale la energía que estos consumen, para orientar al consumidor, porque para saber cómo ahorrar electricidad, éste necesita conocer cada aparato eléctrico de que dispone. Por ejemplo, el consumo mensual estimado en kilovatios por hora y en dinero, con base en la tarifa actual residencial de 12 centavos, es de 8.5 KW/H, o sea, $1.02 por mes por una lavadora de capacidad de entre 20 y 24 libras. Una refrigeradora de 12 pies gasta 125 KW/H, o sea, $15 por mes. Un horno microondas gasta 15.8 KW/H, o sea, $1.90. Un aire acondicionado chico, funcionando 8 horas por día, consume 137.5 KW/H, o sea, $16.50 por mes.
Los distribuidores de automóviles deben etiquetar el rendimiento por kilómetro por galón de combustible de cada vehículo que venden. ¿Cuánto dinero perdemos diariamente por falta de previsión? Es importante que no dependamos en un 100% del petróleo, y tratemos de reemplazar poco a poco este petróleo por otro tipo de energía limpia y renovable, como el uso de los vientos en lugares con potencial eólico para generación eléctrica, o incentivar y apoyar la construcción privada de pequeñas plantas hidroeléctricas utilizando los innumerables ríos del país, para aprovechar nuestras aguas. Debemos dar mayor apoyo a los proyectos de paneles solares térmicos en urbanizaciones, edificios, oficinas y centros comerciales.
Se debe apoyar la generación de energía con la combustión de basura que producimos diariamente y que enterramos. Se deben concretar las alternativas de traer gas natural de Colombia o gas licuado de otros países para generación eléctrica. Todas estas medidas en conjunto -orientación al consumidor sobre prácticas y hábitos de consumo, incentivos financieros a los inversionistas en nuevas fuentes de generación energética, revisión de impuestos, y precios topes al combustible mediante ajustes al impuesto, incentivos fiscales, subsidios al consumo, subsidios a nuevas posibilidades energéticas, reformas legales e institucionales, y medidas prácticas para la descongestión del tráfico en las calles y avenidas de nuestras ciudades- sumadas a programas de educación y promoción en la sociedad sobre el uso racional de la energía, conformarían una política energética que contempla de forma integral todas las actividades económicas y sociales del país y sus repercusiones en el bolsillo del panameño. Veamos el aumento internacional del petróleo como un llamado a que todos los panameños tomemos medidas al respecto, para contrarrestar este efecto en la economía nacional y en nuestros presupuestos particulares, dentro de una política energética dinámica, que establezca reglas claras y tome medidas permanentes de ajuste que contrarresten este aumento. Estas medidas deben ser consultadas con todos los sectores de nuestra sociedad, ya que el aumento del petróleo afecta una amplia gama de actividades.
El autor también es Magister en Planificación Urbana y Regional.
¿Qué hacer frente al aumento del petróleo, que no producimos, pero que es indispensable para nuestra economía y cuyo costo no controlamos? El costo del petróleo afecta una gama muy amplia de actividades de los panameños y panameñas: el precio de la gasolina y el diesel, que a su vez repercute en el transporte marítimo y terrestre privado, público, de colegiales, de carga, y de productos agropecuarios; en la producción de los alimentos, por el combustible que se usa para la maquinaria agrícola; en el costo de la construcción de viviendas, porque también se usa combustible para la maquinaria que se utiliza en la construcción de urbanizaciones y carreteras; el precio del gas de cocina que se usa en los hogares y en los restaurantes; afecta a la industria turística, porque sube los costos de los hoteles y de los pasajes aéreos nacionales e internacionales; afecta a la industria pesquera, porque se necesita combustible para mover las embarcaciones pesqueras. Además, un 30% de la energía eléctrica que consumimos y que pagamos todos es térmica, y usa derivados del petróleo.
A pesar de que todos los días nos sube el costo de la vida por esta razón, no oímos ningún tipo de orientación al consumidor, ni se toman medidas a corto ni largo plazo para amortiguar sus efectos en las actividades diarias. ¿Por qué? Porque falta una política energética que vea el problema en forma integral. ¿Nos hemos preguntado cuánto combustible quemamos innecesariamente mientras nuestros vehículos están parados en las calles por un semáforo dañado o mal sincronizado, o por los tranques que se producen por falta de horarios escalonados, o por manifestaciones públicas (por reclamos justificados o no), por accidentes no atendidos oportunamente, por falta de educación vial, o por reparaciones de las calles en horas pico? ¿Saben nuestros ciudadanos cuál es el consumo de electricidad de cada aparato doméstico y aires acondicionados que tienen en su residencia? Es necesario que los aparatos tengan una etiqueta que señale la energía que estos consumen, para orientar al consumidor, porque para saber cómo ahorrar electricidad, éste necesita conocer cada aparato eléctrico de que dispone. Por ejemplo, el consumo mensual estimado en kilovatios por hora y en dinero, con base en la tarifa actual residencial de 12 centavos, es de 8.5 KW/H, o sea, $1.02 por mes por una lavadora de capacidad de entre 20 y 24 libras. Una refrigeradora de 12 pies gasta 125 KW/H, o sea, $15 por mes. Un horno microondas gasta 15.8 KW/H, o sea, $1.90. Un aire acondicionado chico, funcionando 8 horas por día, consume 137.5 KW/H, o sea, $16.50 por mes.
Los distribuidores de automóviles deben etiquetar el rendimiento por kilómetro por galón de combustible de cada vehículo que venden. ¿Cuánto dinero perdemos diariamente por falta de previsión? Es importante que no dependamos en un 100% del petróleo, y tratemos de reemplazar poco a poco este petróleo por otro tipo de energía limpia y renovable, como el uso de los vientos en lugares con potencial eólico para generación eléctrica, o incentivar y apoyar la construcción privada de pequeñas plantas hidroeléctricas utilizando los innumerables ríos del país, para aprovechar nuestras aguas. Debemos dar mayor apoyo a los proyectos de paneles solares térmicos en urbanizaciones, edificios, oficinas y centros comerciales.
Se debe apoyar la generación de energía con la combustión de basura que producimos diariamente y que enterramos. Se deben concretar las alternativas de traer gas natural de Colombia o gas licuado de otros países para generación eléctrica. Todas estas medidas en conjunto -orientación al consumidor sobre prácticas y hábitos de consumo, incentivos financieros a los inversionistas en nuevas fuentes de generación energética, revisión de impuestos, y precios topes al combustible mediante ajustes al impuesto, incentivos fiscales, subsidios al consumo, subsidios a nuevas posibilidades energéticas, reformas legales e institucionales, y medidas prácticas para la descongestión del tráfico en las calles y avenidas de nuestras ciudades- sumadas a programas de educación y promoción en la sociedad sobre el uso racional de la energía, conformarían una política energética que contempla de forma integral todas las actividades económicas y sociales del país y sus repercusiones en el bolsillo del panameño. Veamos el aumento internacional del petróleo como un llamado a que todos los panameños tomemos medidas al respecto, para contrarrestar este efecto en la economía nacional y en nuestros presupuestos particulares, dentro de una política energética dinámica, que establezca reglas claras y tome medidas permanentes de ajuste que contrarresten este aumento. Estas medidas deben ser consultadas con todos los sectores de nuestra sociedad, ya que el aumento del petróleo afecta una amplia gama de actividades.
El autor también es Magister en Planificación Urbana y Regional.