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¡Urge la armonía democrática!


La primera obligación que nos incumbe a los panameños y panameñas es la de hacer estable el régimen democrático emanado de la voluntad popular. Si no cumpliéramos ese deber ciudadano y patriótico, las generaciones que nos sucedan tendrían derecho a maldecir de nosotros. Llegamos de nuevo a la experiencia democrática, con la convicción de que no hay otro sistema que nos permita conquistar la paz, la paz fecunda y sólida sobre la cual podemos trabajar por el bienestar de nuestro pueblo; no es un mero ideal, no es una utopía visionaria, no son frases huecas las que nos han traído de nuevo al camino de la democracia, sino la experiencia sufrida en carne propia.

La democracia en Panamá, ya no es palabra vana. Es imperfecta todavía, y hay grandes posibilidades de mejorarla para que ella sea más operante en el terreno económico y en el social. Pero la democracia es para Panamá algo vívido como expresión de su sufrimiento, de su lucha, de su constancia. Los panameños y panameñas hemos pasado por muchas experiencias y de ellas hemos sacado la conclusión de que el sistema democrático es el que nos permite aspirar a que las conquistas que logremos para nuestro pueblo, sean conquistas definitivas y compatibles con nuestra dignidad humana y con los atributos de una ciudadanía responsable.

Conviene recordar, sin embargo, que en una democracia hay muchas opciones de intereses, fenómeno que a veces se convierte en conflicto de intereses, en el cual cada una de las partes quisiera que el poder público se pusiera de su lado frente a la otra. Al poder público, en la generalidad de los casos, en representación del interés supremo de la comunidad, le toca ponerse por encima, buscar armonía, reconocer derechos, para poder encontrar soluciones que sean realmente soluciones armónicas y positivas. En torno a ello, la función del Ejecutivo debe estar sujeta a una serie de normas y controlada por una serie de instituciones para que dicha función se encuentre a cubierto de cualquier tentativa de abuso.

Necesitamos que las instituciones democráticas representativas sean instrumentos de superación, de participación cada vez más eficaz del pueblo en la resolución de sus destinos, de transformación de las estructuras sociales y económicas para que sirvan mejor al hombre, porque en definitiva, él tiene que ser el sujeto y el término esencial del desarrollo. Creemos en el Estado de Derecho, y tenemos la pretensión de considerar que nuestro país está convencido de que esa es la norma clara y firme que deben observar y practicar nuestros gobernantes.

El reclamo general de que haya menos política y más administración sustenta un reclamo justo. ¡La política debe consistir cada vez más en la ciencia del Estado, en la organización de las instituciones!

101 años de Panamá América

 
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