Urge una política energética
Desde que el gobierno del Estado tomó la decisión de privatizar el servicio público de la electricidad, ninguna administración ha tenido la disposición para adoptar una política energética nacional con miras a lograr una estrategia que nos garantice el suministro de suficiente energía eléctrica a un costo razonable y competitivo.
El común de la gente, con sobradas razones, siente que la privatización del IRHE no surtió los efectos que se esperaban, o que nos prometieron: Mayor eficiencia y bajos costos.
La Comisión Nacional de Política Energética, que en cualquier nación civilizada sería una instancia de suma importancia, en Panamá ha estado relegada a una esquina de un ministerio que tiene asuntos considerados más prioritarios a los que dedica su tiempo. El regulador, antes Ente y ahora Autoridad, en ocasiones confunde sus atribuciones e impide que se pueda diseñar cualquier plan a largo plazo. De allí que urge adoptar una política nacional sobre energía que nos permita planificar y definir una estrategia hacia el futuro, mejorando el presente.
Estamos seguros que los gobernantes están conscientes de la necesidad que planteamos. Panamá viene creciendo a una tasa acelerada, lo que necesariamente se traducirá en una cada vez mayor demanda de energía. En la actualidad sólo hay en construcción un proyecto de generación, que sumaría 150 Megavatios al parque generador de la nación. Tenemos, además, que adentrarnos en la exploración y explotación de fuentes limpias de generación eléctrica (agua, viento) que nos permitan romper la dependencia de los derivados del petróleo, contribuyendo así a evitar la fuga de divisas que se produce con la elevada factura petrolera. Se ayudaría también en la descontaminación de nuestras ciudades y campos.
Al estar dotados de fuentes seguras, limpias y lo más importante, propias, de energía eléctrica, el Estado podría dedicar parte de los importantes recursos que se consumen en subsidios, a las áreas que requieren de la atención solidaria de la sociedad.
En fin, se ha dicho con anterioridad por parte de varios importantes actores sociales y estatales, que se trata de un tema de seguridad nacional y, por lo tanto, cada día que pasa sin definir la solución al problema, estamos acelerando por el camino seguro hacia el abismo.
El común de la gente, con sobradas razones, siente que la privatización del IRHE no surtió los efectos que se esperaban, o que nos prometieron: Mayor eficiencia y bajos costos.
La Comisión Nacional de Política Energética, que en cualquier nación civilizada sería una instancia de suma importancia, en Panamá ha estado relegada a una esquina de un ministerio que tiene asuntos considerados más prioritarios a los que dedica su tiempo. El regulador, antes Ente y ahora Autoridad, en ocasiones confunde sus atribuciones e impide que se pueda diseñar cualquier plan a largo plazo. De allí que urge adoptar una política nacional sobre energía que nos permita planificar y definir una estrategia hacia el futuro, mejorando el presente.
Estamos seguros que los gobernantes están conscientes de la necesidad que planteamos. Panamá viene creciendo a una tasa acelerada, lo que necesariamente se traducirá en una cada vez mayor demanda de energía. En la actualidad sólo hay en construcción un proyecto de generación, que sumaría 150 Megavatios al parque generador de la nación. Tenemos, además, que adentrarnos en la exploración y explotación de fuentes limpias de generación eléctrica (agua, viento) que nos permitan romper la dependencia de los derivados del petróleo, contribuyendo así a evitar la fuga de divisas que se produce con la elevada factura petrolera. Se ayudaría también en la descontaminación de nuestras ciudades y campos.
Al estar dotados de fuentes seguras, limpias y lo más importante, propias, de energía eléctrica, el Estado podría dedicar parte de los importantes recursos que se consumen en subsidios, a las áreas que requieren de la atención solidaria de la sociedad.
En fin, se ha dicho con anterioridad por parte de varios importantes actores sociales y estatales, que se trata de un tema de seguridad nacional y, por lo tanto, cada día que pasa sin definir la solución al problema, estamos acelerando por el camino seguro hacia el abismo.