Urge unidad entre cotizantes del Seguro Social
En nuestra doble condición de periodista y cotizante de la Caja de Seguro Social, y en vista de la elección de una nueva junta directiva por el quinquenio 2000-2005, de la Asociación Nacional de Asegurados, Pensionados y Jubilados de la institución (A.N.A.), señalamos la necesidad impostergable de aglutinar esfuerzos dirigidos a fortalecer esta organización sin distinciones de ninguna especie, pero con pleno respeto de las individualidades que tienen todos y cada uno de los gremios que representan a quienes contribuyen a formar los recursos de la entidad.
Unicamente la sólida unidad consciente de los cotizantes permitirá conquistar los altos objetivos que orientan las acciones de la A.N.A., sobre todo, en un período crucial para la Caja de Seguro Social. Afortunadamente, y sin restarle méritos a quienes han actuado, en épocas diferentes, como directivos de esta organización, en los próximos cinco años tendrá como presidente a un ciudadano de arraigadas convicciones sociales y gremialistas de reconocida capacidad técnica, honestidad sin tacha e infatigable espíritu de lucha en pro de las mejores causas de la nación. Nos referimos, concretamente, a Felipe Alberto Estribí Alvarez, integrante en distintas épocas de la directiva de la A.N.A., y cuyos esfuerzos e iniciativas han contribuido a su crecimiento y consolidación.
Reiteramos que nos interesa la materia, por la actualidad de sus objetivos y la importancia de una institución que, bajo ningún concepto, debe perder su filosofía solidaria, aunque sí constituye tarea impostergable velar, defender, preservar y sobre todo, darle contenido real a la autonomía de una entidad que pertenece a todos los cotizantes, activos o no; es decir, a los asegurados, pensionados, jubilados de la Caja de Seguro Social, que incluye a los asegurados particulares, independientes, públicos, jubilados, pensionados y patronos.
La ocasión es propicia, además, para despejar cualquier duda que pueda existir, en cuanto a la existencia de la A.N.A., y las diferentes organizaciones creadas por cotizantes de la Caja de Seguro Social, en ejercicio o en retiro merecido, llámense Asociaciones, Federaciones o Confederaciones de Jubilados y Pensionados. No existe discrepancia alguna en la existencia jurídica de ninguna de ellas, sino que todas, en conjunto, se complementan entre sí y su trabajo tiene como norte los mejores intereses institucionales y de su membresía.
Al no existir fracturas ni antagonismos entre la filosofía, principios, tareas y metas de la A.N.A., y los de esas dinámicas organizaciones, se impone, en consecuencia, que hagan causa común la lucha en defensa de la autonomía de la C.S.S., y entre todas fortalezcan a la organización que debe ser el cordón umbilical que unifique a los cotizantes y avance con pie firme hacia la materialización de sus altos objetivos.
Para la gran empresa señalada anteriormente, la A.N.A., cuenta con su personería jurídica, otorgada por el Gobierno Nacional a través del Ministerio de Gobierno y Justicia, mediante Resolución No. 653, del 3 de enero de 1952, gracias a la probada visual de quienes, en 1951, decidieron fundar una organización que agrupara a todos los que pagamos cuotas al Seguro Social, con el propósito que actuara -y actúe- como ente vigilante en todo lo relacionado con esta institución.
Posee, igualmente sus estatutos, los cuales están legal y formalmente estructurados en seis capítulos y 22 artículos, que se refieren a los fines de la asociación, los miembros, relaciones y obligaciones, órganos de gobierno, del patrimonio de la asociación y disposiciones varias.
De igual forma, a través de un Reglamento Interno debidamente aprobado, se establecen las funciones de todos y cada uno de los miembros de la Junta Directiva de la A.N.A., sin posibilidad alguna de actuaciones irregulares o al margen de sus estatutos o de las leyes del país.
Queda claro, por todo lo expuesto, que la A.N.A., cuenta con los instrumentos legales pertinentes para el cumplimiento oportuno de sus objetivos. Posee, además, una extensa acumulación histórica, referida a la calidad, experiencia y capacidad de los dirigentes que la han guiado en diversas épocas hasta llegar al presente, cuando su presidente actual, Felipe Alberto Estribí Alvarez, se apresta a seguir la trocha marcada por sus antecesores e inyectarle su dinamismo, aportar ideas novedosas y conducirla hasta el glorioso destino visualizado por sus ilustres creadores. Su tarea mayor será, esto sí, alcanzar la necesaria unidad entre todos los cotizantes, sin que nadie se sienta suplantado, con total y plena independencia de gremios que celosamente defienden a sus asociados.
Unicamente la sólida unidad consciente de los cotizantes permitirá conquistar los altos objetivos que orientan las acciones de la A.N.A., sobre todo, en un período crucial para la Caja de Seguro Social. Afortunadamente, y sin restarle méritos a quienes han actuado, en épocas diferentes, como directivos de esta organización, en los próximos cinco años tendrá como presidente a un ciudadano de arraigadas convicciones sociales y gremialistas de reconocida capacidad técnica, honestidad sin tacha e infatigable espíritu de lucha en pro de las mejores causas de la nación. Nos referimos, concretamente, a Felipe Alberto Estribí Alvarez, integrante en distintas épocas de la directiva de la A.N.A., y cuyos esfuerzos e iniciativas han contribuido a su crecimiento y consolidación.
Reiteramos que nos interesa la materia, por la actualidad de sus objetivos y la importancia de una institución que, bajo ningún concepto, debe perder su filosofía solidaria, aunque sí constituye tarea impostergable velar, defender, preservar y sobre todo, darle contenido real a la autonomía de una entidad que pertenece a todos los cotizantes, activos o no; es decir, a los asegurados, pensionados, jubilados de la Caja de Seguro Social, que incluye a los asegurados particulares, independientes, públicos, jubilados, pensionados y patronos.
La ocasión es propicia, además, para despejar cualquier duda que pueda existir, en cuanto a la existencia de la A.N.A., y las diferentes organizaciones creadas por cotizantes de la Caja de Seguro Social, en ejercicio o en retiro merecido, llámense Asociaciones, Federaciones o Confederaciones de Jubilados y Pensionados. No existe discrepancia alguna en la existencia jurídica de ninguna de ellas, sino que todas, en conjunto, se complementan entre sí y su trabajo tiene como norte los mejores intereses institucionales y de su membresía.
Al no existir fracturas ni antagonismos entre la filosofía, principios, tareas y metas de la A.N.A., y los de esas dinámicas organizaciones, se impone, en consecuencia, que hagan causa común la lucha en defensa de la autonomía de la C.S.S., y entre todas fortalezcan a la organización que debe ser el cordón umbilical que unifique a los cotizantes y avance con pie firme hacia la materialización de sus altos objetivos.
Para la gran empresa señalada anteriormente, la A.N.A., cuenta con su personería jurídica, otorgada por el Gobierno Nacional a través del Ministerio de Gobierno y Justicia, mediante Resolución No. 653, del 3 de enero de 1952, gracias a la probada visual de quienes, en 1951, decidieron fundar una organización que agrupara a todos los que pagamos cuotas al Seguro Social, con el propósito que actuara -y actúe- como ente vigilante en todo lo relacionado con esta institución.
Posee, igualmente sus estatutos, los cuales están legal y formalmente estructurados en seis capítulos y 22 artículos, que se refieren a los fines de la asociación, los miembros, relaciones y obligaciones, órganos de gobierno, del patrimonio de la asociación y disposiciones varias.
De igual forma, a través de un Reglamento Interno debidamente aprobado, se establecen las funciones de todos y cada uno de los miembros de la Junta Directiva de la A.N.A., sin posibilidad alguna de actuaciones irregulares o al margen de sus estatutos o de las leyes del país.
Queda claro, por todo lo expuesto, que la A.N.A., cuenta con los instrumentos legales pertinentes para el cumplimiento oportuno de sus objetivos. Posee, además, una extensa acumulación histórica, referida a la calidad, experiencia y capacidad de los dirigentes que la han guiado en diversas épocas hasta llegar al presente, cuando su presidente actual, Felipe Alberto Estribí Alvarez, se apresta a seguir la trocha marcada por sus antecesores e inyectarle su dinamismo, aportar ideas novedosas y conducirla hasta el glorioso destino visualizado por sus ilustres creadores. Su tarea mayor será, esto sí, alcanzar la necesaria unidad entre todos los cotizantes, sin que nadie se sienta suplantado, con total y plena independencia de gremios que celosamente defienden a sus asociados.